Opinión

Repensar el fraude de 2006 en 2012

Por Ángel Balderas Puga

¡Oh, pobres doctores de ciencias políticas, tan cerca de la política y tan lejos de la ciencia!

Doctor Jorge Alberto López Gallardo


El pasado miércoles, 23 de mayo, estuvo en nuestra Universidad, en la Facultad de Filosofía, el doctor Héctor Díaz-Polanco, profesor investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III, para presentar su más reciente libro La cocina del diablo, el fraude de 2006 y los intelectuales.



El libro de Díaz-Polanco (Editorial Planeta, 2012), se suma así a los libros del maestro en Ingeniería y ex trabajador del IFE, Pedro Antonio Martínez, Las huellas del fraude (Edición Ciudadana, 2007) y a 2006 ¿Fraude electoral?, estudio de las anomalías de la elección presidencial (Editorial Doble Hélice, 2009) del doctor en física Jorge Alberto López Gallardo, ex director de la Facultad de Física de la Universidad de El Paso, Texas.

De los tres libros, el que requiere un mayor conocimiento matemático es el de López Gallardo pues compila parte de los análisis de los datos de la elección de 2006, realizados, principalmente, por físicos, usando algunas técnicas matemáticas sofisticadas, por ejemplo, los trabajos de los doctores en física Luis Mochán, Víctor Romero o Miguel de Icaza.

A diferencia de los libros de Martínez y López Gallardo, el libro de Díaz-Polanco es mucho más digerible, desde el punto de vista matemático. Por lo tanto, su lectura es más recomendable para académicos de ciencias sociales o para estudiantes de nivel medio superior (hice una prueba de lectura con el libro de López Gallardo, mis estudiantes de Ingeniería lo pudieron comprender en su mayoría mientras que ninguno de bachillerato pudo hacerlo).

El libro de Díaz-Polanco está escrito en tres partes, con varios capítulos. En la primera parte se describe algunos sucesos importantes previos a la elección, por ejemplo, el intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador, promovido, de manera obscena, por Vicente Fox, uno de los principales instigadores y operadores del fraude electoral, hoy abierto “fan” del priista Enrique Peña Nieto. Por cierto, Fox que ahora aboga por el retorno del PRI a Los Pinos, había prometido, en referencia a los priistas, que sacarían del poder a las “tepocatas, alimañas, víboras prietas y sanguijuelas” aunque nunca nos aclaró que tan sólo seis años después de dejar la Presidencia, intentaría ayudar a que dichas alimañas regresaran a Los Pinos.

En la segunda parte presenta una sección divulgativa que explica algunos elementos de cómo se dio el fraude. Para quien ha leído los libros de Martínez y de López Gallardo, esta parte puede obviarse. Ésta es importante sobre todo para el actual proceso electoral pues comprender cómo se dio el fraude permite instrumentar medidas preventivas.

El síndrome del avestruz

La tercera parte es la que se me hace más interesante (conociendo los trabajos matemáticos de varios autores) pues es de lo que menos se ha escrito con respecto al fraude de 2006: la relación de los “intelectuales” con la política y su prostitución para sobrevivir ligados al poder.

Yo soy de los que se niegan rotundamente a llamar “científicos” sociales a “intelectuales” como Enrique Krauze, Soledad Loaeza, Denise Dresser o Jorge Volpi, que negaron el fraude de 2006 como dogma, como creencia sin sustento. Esta reflexión desde “adentro” es lo que más me gusta del libro de Díaz-Polanco porque exhibe la honestidad que debe tener todo aquel que quiera que lo reconozcan por ser un intelectual.

Muchos “científicos” sociales, incluidos pseudo “expertos” en cuestiones electorales fueron incapaces de refutar argumentos y datos que fueron presentados por físicos, matemáticos e ingenieros, entre otros. En vez de ser honestos y aceptar que no saben matemáticas ni informática, se dedicaron a repetir como un mantra que no había habido fraude, a pesar de los múltiples trabajos que iban apareciendo en Internet. Esta actitud no puede ser considerada como científica pues se trata de negar la realidad. Estos “intelectuales” ante la evidencia del fraude prefirieron voltear para otro lado.

Como la esposa que le pregunta al marido “¿qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?” y el marido le responde “no lo sé, ni me importa”. Así, la ignorancia en matemáticas llevó a muchos académicos de ciencias sociales a negar el fraude simplemente porque no entendieron, ni siguen entendiendo, los análisis cuantitativos de, por ejemplo, Miguel de Icaza o de Gerardo Horvilleur.

Pero hay una situación aún peor, la de aquéllos que si saben matemáticas pero por indiferencia, desidia o indolencia tampoco estudiaron los análisis que mostraban las diferentes anomalías en el comportamiento de los datos.

Es de agradecer que Díaz-Polanco se sume a académicos honestos de ciencias sociales, como Julio Boltvinik, de El Colegio de México, para hacer un esfuerzo intelectual de qué fue lo que sucedió en las elecciones de 2006. Está en los mexicanos el no permitir que esta situación se vuelva a repetir. Es cierto que las elecciones las hacemos todos, pero el fraude lo hacen sólo unos cuantos.

anbapu05@yahoo.com.mx

 

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