Opinión

Respuesta de Luis Alberto Fernández a José Luis Álvarez Hidalgo

Por Luis Alberto Fernández

José Luis Álvarez Hidalgo me honra con su amistad desde hace ya muchos años. En razón de ella hago los siguientes comentarios a sus airadas líneas sobre la entrevista que me hicieron los reporteros del querido Tribuna y que convertimos en artículo de opinión. E insisto: lo que me mueve a contestar es la amistad, puesto que, antes de leer su carta, sabedor de que la había enviado, me comentó que parecía que yo descalificaba las protestas y las acciones de impugnación de la elección. Nada más lejos de mi pensamiento. La impugnación judicial me parece no sólo válida, sino totalmente necesaria. También la protesta en las calles y en las plazas; tomar la calle es parte de la democracia, sin duda. No me parece aceptable cualquier forma de protesta, como no dejar entrar ni salir a empleados y clientes de una tienda comercial; aunque ésta sea Soriana. Pero, en general, la manifestación masiva es indispensable.

Mi concepto de amistad no incluye que mis amigos piensen como yo quiera; ni tampoco tengo que pensar igual que mis amigos. He releído lo que publiqué en Tribuna y claramente dice que el próximo Presidente será el que declare el tribunal correspondiente. Pero me sigue pareciendo normal que cualquiera, incluido el Presidente actual, felicite al candidato ganador, de la misma manera en que felicita a un paisano que gana un campeonato olímpico. Si después las pruebas anti dopaje muestran que el supuesto ganador hizo trampa y le despojan de su medalla, la vergüenza será para él. Supongo que algo así piensan algunos personajes que, imagino, gozan del respeto o de la admiración de Hidalgo, como Hugo Chávez o los hermanos Raúl y Fidel Castro, por citar sólo algunos “felicitadores”. Repito: el conteo rápido es una vía sólida para determinar quién tuvo más votos.

Dice José Luis que me “desboco” al calificarnos como una de las democracias más importantes del mundo. Antes di la razón (ésa sí no la leyó mi interlocutor): el padrón más voluminoso de países de lengua española y uno de los más grandes del mundo. No me refiero a la calidad. Yo, como aconsejaba Ibargüengoitia, trato de no confundir lo grandote con lo grandioso. La democracia mexicana es de muy baja calidad en diversos aspectos. Pero técnicamente, es una democracia. Y aquí le digo a Tocho sus propias palabras, pues parece que le gustan sólo cuando le acomodan los hechos. Dice: “… que en una verdadera democracia la pluralidad de las ideas, la confrontación de opiniones, la convivencia de los contrarios y el respeto a la diversidad, tienen un espacio natural de germinación”. Suscribo sus palabras, sílaba por sílaba. Lo que me llama la atención es que líneas antes dice “no puedo concebir que un catedrático universitario pueda pensar ni siquiera de pasadita (sic) lo anterior (lo que sea, diría yo) y mucho menos publicarlo en un medio de comunicación (…) como lo es Tribuna”. Curiosa forma de entender la pluralidad. Quiere decir que, si él fuera el editor del medio, no hubiera publicado “lo anterior”, es decir, hubiera censurado. ¡Todo por no pensar como ellos! A mi juicio, aquí yace la misma postura elitista que cree que el que no votó como yo, es de menor calidad que yo. ¿Eso es ser demócrata?

¡Cómo echo de menos en el discurso de los que ostentan el monopolio de la izquierda (ellos, tan enemigos de los monopolios) una mínima línea autocrítica acerca de lo que –me parece, no lo deseo– será su derrota electoral; que explique por qué voto por voto, casilla por casilla, millones de electores, en la soledad de la mampara y sea cual sea su motivación, prefirieron votar por Peña Nieto o por Vázquez Mota! ¡Cómo nos haría falta una agenda para que, utilizando la fuerza institucional que les dieron los votos de millones de mexicanos, nos anunciaran cómo van a luchar para que el intercambio de recursos, muchos de ellos de procedencia ilícita, no jugara un papel tan importante en la campaña de ningún partido! Que nos dijeran cómo van a luchar para impedir la corrupta relación gobierno-medios o cómo se puede establecer un seguro universal que cubra el desempleo. Eso, creo, no lo veremos, pues los partidarios de López Obrador están ocupados culpando a otros de sus errores. ¡Lástima!

Y sí, reitero: eso me parece más importante –a mí– que saber quién ganó. La sociedad es mayor que los gobernantes y por eso, gane quien gane, no se acaba el mundo.

N.B. De la carta de Benjamín Ortega Guerra, quien reconoce haber recibido instrucciones de José Luis Álvarez, no me ocupo mayormente. No guardo amistad con él. Como ex alumno que es, me encantaría que recordara que los argumentos de autoridad no tienen legitimidad en el pensamiento científico. Su afán de apoyar su diatriba en un rosario de nombres, sin siquiera compartir el meollo del razonamiento invocado, demuestra su vacuidad y su espíritu autoritario. Además, tengo para mí que la calidad de un razonamiento es inversamente proporcional a la cantidad de adjetivos calificativos que contiene.

 

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