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REVOCACIÓN DE MANDATO. DULCE ENVENENADO

La revocación de mandato es un derecho de los ciudadanos cuando están inconformes con un Presidente. Ahora resulta que es el propio Presidente, sus aliados y compañeros de partido quienes promueven la revocación. Es dulce envenenado; los patos disparando contra las escopetas. Esta sola aberración al espíritu de la ley; esta violación a la lógica, integralmente loca y absurda nos hunde en la sospecha. ¡Ay Nanita! Un derecho ciudadano expropiado por quien ahora manda. ¿Pues para qué quieren mi voto?

Si le rascamos un poco a la Revocación observamos que es una extorsión velada. Se aprovecha la consulta popular y se impulsa la participación ciudadana, algo aparentemente muy democrático, pero para refrescar lealtades del voto clientelar y movilizar sus huestes para las próximas elecciones. A los que reciben apoyos económicos ahora se les pide  que voten por la ratificación, con la burda advertencia de que si no se ratifica al Presidente vendrá la oposición y les quitarán los programas sociales. Son ellos los únicos que están al final del arco iris del presupuesto.

Todo lo de la Revocación ha sido un bracear en estiércol. Desde la recopilación de firmas que fue un auténtico derroche de recursos, no solamente materiales sino institucionales, más de una decena representantes populares del Congreso y la Asamblea han dejado sus responsabilidades legislativas para salir a pedir el apoyo al Presidente. Participar en el acarreo se ha convertido en un examen de su capacidad de movilización, un medio para ganar indulgencias y en el futuro impulsar sus candidaturas personales.

López Obrador y sus huestes ya vislumbran el rechazo a su dispendiosa ocurrencia de cinco mil millones de pesos, por eso han violado todas las reglas de propaganda que antes sus legisladores habían  aprobado y ahora, mediante un decretazo, alcanzarán la impunidad. Pero ya desde antes del decretazo con la mayor desvergüenza los gobernadores, los funcionarios y el propio Presidente, promovían sus obras. Aparecían desplegados de los que nadie se hacía responsable y se pagaban con esplendidez. Lo que pasa es que los seguidores del Presidente son muy tímidos y prefieren el anonimato.

Algunas personas que no simpatizan con el Presidente consideran que mostrarán su rechazo asistiendo y votando por la Revocación. Personalmente me parece que asistir a las urnas es engrandecer la credibilidad  del referéndum y el respeto de los resultados. Obviamente ni soñando van a ganar los que quieren que se vaya, hasta el momento no sé de una votación que haya perdido López Obrador y que haya respetado el resultado. Sin embargo, si se vota, aunque sea en contra, se dará legitimidad al referéndum.

Con sus estrategias el Presidente es ya muy previsible, francamente aburre. No se necesita ser Nostradamus ni tener una bola de cristal, para pronosticar que cualesquiera que sea el resultado el Presidente va a declarar que fue un éxito personal y de la Cuarta Transformación,  un fracaso para los conservadores y del INE que no pusieron las suficientes casillas.

Por supuesto que me abstendré, las casillas vacías es el mejor mensaje de que no se está dispuesto a hacerle el caldo gordo a un acto de grilla política y de quema de incienso. No validaré, no seré cómplice para que un derecho ciudadano se asesine y se convierta en un instrumento de propaganda del poder público. Y no me salgan con el lugar común de que si le va bien al Presidente le va bien al país.  En este caso votar para obedecer al capricho presidencial es votar para que le vaya de la patada al INE; es alimentar el huevo de la serpiente, en otras palabras, es votar por la promoción de una posible reelección. En esta artimaña ramplona ¡Qué horror estar con López Obrador!

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