Opinión

Revueltas por la democratización del país

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

Mientras gran parte de la población tiene los ojos puestos en las contiendas electorales, se van perpetrando en México diversas acciones “irreversibles”, dirigidas a desmantelar a las instituciones públicas de todo tipo, a las organizaciones populares y laborales, así como a diversas leyes que otrora protegían derechos fundamentales de la población.

El último debate entre los presidenciables tuvo lugar precisamente el 10 de junio, aniversario de la rebelión estudiantil de 1971 y consiguiente Matanza del Jueves de Corpus (con Luis Echeverría) que, como la masacre del 2 de octubre de 1968, no se olvida.

 

Hoy vivimos nuevas revueltas, exigiendo lo mismo que aquellos estudiantes: mayor democracia, libertad de pensamiento, de expresión, de participación social, así como de reconocimiento de las enormes desigualdades sociales y de la gran diversidad sociocultural mexicana. Una de ellas, la del #YoSoy132 se ha vuelto tan popular, que todos los candidatos a la Presidencia de la República Mexicana, (incluso el principal repudiado por ella), le dieron la bienvenida. ¡Qué bueno que los jóvenes despierten y exijan un mejor país!

En cambio, otras revueltas, las de los estudiantes de las normales rurales (en contra de los recortes presupuestales) y las de los maestros de educación básica (en contra de la mal llamada “evaluación universal”, que hace unos días se impuso como obligatoria), reciben el repudio social. Los medios masivos lograron muy bien desprestigiarlas. Es muy difícil que la ciudadanía comprenda esas luchas porque no sólo observa, sino sufre de cerca el desastre educativo y los primeros que aparecen en escena, como responsables, son los profesores. En efecto, resulta desesperante y lamentable vivir todas las suspensiones de clases y el desquiciamiento de las calles por esas manifestaciones, especialmente en Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas, los estados más pobres de México.

No es mi intención aquí justificar comportamientos inaceptables de quienes aprovechan la gravedad de la situación actual para enmascarar, con banderas libertarias, sus deficiencias, mediocridades, flojeras, corrupciones o irresponsabilidades (que, como en cualquier gremio, también en el docente las hay). Solamente busco promover la reflexión a partir de cosas que la mayoría de la población desconoce.

¿Por qué nuestro sistema escolar está tan mal?

El filme Un poquito de tanta verdad, de Jill Irene Freiberg, producido por Corrugated Films y Mal de Ojo-TV (Ver en YouTube), representa una parte fundamental de la respuesta a esa pregunta. Consiste en un documental con varios premios internacionales, que evidencia la cruda realidad social y educativa de Oaxaca, causa del levantamiento popular de 2006 contra el gobernador Ulises Ruiz. En aquella ocasión, decenas de miles de maestros, amas de casa, campesinos, estudiantes y académicos (indígenas y mestizos), jóvenes, adultos y ancianos tomaron 14 estaciones de radio y un canal de televisión para organizarse y difundir la verdad, primero sobre la miseria en que vive la población y luego sobre la cruel represión que sufrió por protestar. El documental es tan convincente que uno no puede más que dar la razón a los manifestantes, en especial a los maestros. Hoy, los profesores organizados de Oaxaca y Michoacán lograron suspender en sus estados la prueba Enlace y están negociando con los gobiernos un proyecto de educación alternativa.

Otras respuestas a la pregunta, las da el libro, que ya he mencionado: El secuestro de la educación…, en el que varios prestigiados investigadores, coordinados por el doctor César Navarro, dejan muy claro todo lo que está detrás de esa evaluación universal, que rechazan los profesores y a la que el propio Instituto Nacional de Evaluación reconoció como problemática, ya que la heterogeneidad de las condiciones del país “dificulta la tarea de evaluar la calidad de la educación” a través de instrumentos estandarizados.

Uno de los capítulos de dicho libro, “Certificación, estandarización y norma: el trinomio del fraude en el país de la educación subrogada”, escrito por la doctora Tatiana Coll Lebedef, devela, por un lado todos los miles de millones de pesos que se están llevando las fraudulentas evaluadoras y certificadoras “patito” (del tipo de las que avalaron “la calidad y eficiencia” de las trágicamente famosas Guardería ABC de Hermosillo y compañía de aviación, en la que murió el secretario J.C. Mouriño). Evidencia también los miles de millones de dólares que entrega el gobierno mexicano, por “pago de membresías”, a diversos organismos internacionales, como la OCDE. Recordemos que el Senado de la República aprobó recientemente el aumento de cuota al FMI, (uno sólo de dichos organismos), de cinco mil 710 a 14 mil 37.7 millones de dólares (http://www.elfinanciero.com.mx, 13 de junio de 2012). Otro rubro por el que se esfuma el dinero público lo constituyen los desconcertantes gastos de diversos funcionarios de alto nivel, por constantes y lujosos viajes a diferentes partes del mundo, so pretexto de participar en las reuniones de dichos organismos.

Para colmo, todos esos gastos no han servido para elevar ni un ápice las estadísticas de logro académico (menos las relaciones educativas), según lo reconoce la propia SEP.

Algo interesante de las revueltas mencionadas es que se están uniendo. #YoSoy132 ha hecho suyo el repudio a la evaluación universal porque contribuye al agravamiento de las desigualdades y al desmantelamiento de la escuela publica. Por su parte, diversos maestros de educación básica, media y superior ya manifestaron su apoyo al movimiento juvenil.

¿Podrá esa unidad equilibrar la balanza del poder hacia el bienestar real del pueblo?

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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