Opinión

Rosario Robles y la tragedia de los recursos finitos

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

El número 83 de la vieja segunda serie de libros de la colección Lecturas mexicanas lleva por título La banda de los enanos calvos (1985), de Agustín Monsreal. El relato Entre avestruces te veas tiene un epígrafe de Mercedes Oliver:

“Cada vez más, veo a la humanidad como a un tipo que se rebana las venas y se sienta a contemplar cómo se desangra”.

Desde cierto confort conceptual, cada tanto se repite con emoción delirante que si todos los habitantes del planeta tuviéramos el nivel de vida de los norteamericanos -y su consecuente consumo energético-, se necesitarían cinco planetas tierra para pensar en sustentabilidad.

Es claro que en el mediano plazo no se dispondrá de tal cantidad de planetas. Ni siquiera uno y medio.

Aspirar a los niveles de vida de los norteamericanos (o al 10% de mexicanos con mayores ingresos) es un sinsentido.

Pero todos los países del mundo, con sus planes nacionales de desarrollo, sus esfuerzos para hacer que las economías nacionales crezcan a tasas “decentes”, todos sus políticos, tecnócratas o humanistas, de derecha o izquierda, todos pugnan por alcanzar un aumento en los niveles y calidad de vida de sus habitantes. Como si se dispusiera de varios planetas para tal empeño.

Un planeta cargando las presiones socio-históricas de cinco, no pinta bien.

En busca del pueblo perdido

Dice Monsreal:

“… cuando se menciona al pueblo, se excluye de él a una parte de la población. Me explico: los políticos de todas las tallas y colores, así como los funcionarios de estaturas diversas, declaran sin lugar a la menor objeción que están para servir al pueblo, luego ellos no son el pueblo; las fuerzas armadas y los cuerpos de policía y sus similares, existen para salvaguardar la paz y garantizar la seguridad del pueblo, de lo que se deduce que tampoco son o pertenecen al pueblo; los líderes obreros y campesinos, con impecable honestidad, advierten que por encima de los intereses de sus propios agremiados, están los intereses aún más amplios del pueblo, con los cual estos dos sectores mayoritarios también quedan excluidos de ser pueblo; los empresarios, los banqueros, los muy adinerados en general, no sólo no son ni les interesa ser pueblo, sino que cada que tienen oportunidad le manifiestan su desprecio; la indolente y resignada clase media, por su parte, experimenta una especie de horror sagrado ante la sola posibilidad de que el pueblo llegue algún día al poder, de modo que se lava las manos con respecto a cualquier conato de identificación con el pueblo…”

La secretaria de Desarrollo Social, cuyo nombre titula este escrito, fue víctima de sí misma como cuando se es con los lapsus. O con los exabruptos. Sin embargo, lapsus o exabruptos son velo de una racionalidad indiscutible en cuanto tal.

Ya sea por el cansancio o la relajación de la inteligencia políticamente correcta, se abrió en ella la rendija por la que se salió a la luz el sentimiento trágico que nos acompaña cuando pensamos en el futuro “realista” de la humanidad, incluidos nuestros hijos y nietos.

Algunos párrafos del sesentayochero ensayo de Garret Hardin, La tragedia de los comunes, vienen a cuento.

«La esencia de la tragedia no es la tristeza. Reside en la solemnidad despiadada del desarrollo de las cosas. Esta inevitabilidad del destino solamente puede ser ilustrada en términos de la vida humana por los incidentes que, de hecho, involucran infelicidad, pues es solamente a través de ellos que la futilidad de la huida puede hacerse evidente en el drama» Whitehead.

 

“La población, como lo dijo Malthus, tiende de manera natural a crecer «geométricamente», o como decimos hoy, exponencialmente. En un mundo finito esto significa que la repartición per cápita de los bienes del mundo debe disminuir.”

 

“Se puede defender con justeza la idea de que el mundo es infinito; o de que no sabemos si lo sea. Pero en términos de los problemas prácticos que hemos de enfrentar en las próximas generaciones con la tecnología previsible, es claro que aumentaremos grandemente la miseria humana si en el futuro inmediato, no asumimos que el mundo disponible para la población humana terrestre es finito. El «espacio» no es una salida.”

 

@rivonrl

 

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba