Opinión

Rumbo a la Rectoría de la UAQ (IV)

Por Sergio Centeno García

 

Hay evidencias de que las precampañas de los aspirantes a la Rectoría de la UAQ están subiendo de intensidad. Los operadores políticos están haciendo esfuerzos por hacerse del mayor número de simpatizantes para sus respectivos “gallos” y la contienda promete ser muy interesante.

 

Sin embargo, preocupa que al mismo tiempo que el proselitismo incrementa su nivel, ha surgido también ya la guerra sucia, algo que no sólo es indeseable para todo tipo de procesos que se precien de ser democráticos, sino que al ocurrir precisamente en nuestra máxima casa de estudios, lastima su imagen y vocación que obligadamente deben tener su base en la verdad y en el honor, tal y como reza su lema.

 

Hacer guerra sucia en una campaña política tiene un significado amplio, pero en concreto consiste en utilizar el rumor, el chisme, la trampa, la calumnia y la difamación para desprestigiar al contrincante con la intención de restarle simpatías y votos a su proyecto.

 

El ejemplo más claro de guerra sucia en contra de un político, lo atestiguamos en la campaña permanente de desprestigio que desde el 2005 hasta la fecha han enderezado los grupos económicos y políticos más poderosos de México, para acabar políticamente con Andrés Manuel López Obrador.

 

Esta guerra sucia que es sobre todo mediática, tiene sus efectos más perniciosos en un tipo de electorado que carece de formación e información política, que es de escaso espíritu crítico y muy fácil de convencer con habladurías. Tengo confianza en que el electorado de la UAQ no sea de esta naturaleza.

 

De este tema surge una reflexión interesante, pues por un lado es cierto que cuando se esparcen rumores y chismes, basados todos ellos en mentiras y trampas contra un aspirante, estamos ante un caso claro de guerra sucia, pues la mentira dicha con la clara intención de atacar a alguien sólo puede ser calumnia y difamación.

 

Pero…. ¿qué pasa cuando lo que se utiliza como vehículo para atacar a un contrincante tiene su fundamento en la verdad? Es decir, ¿estamos también ante un caso de guerra sucia cuando lo que se pretende hacer saber al electorado sobre un candidato, está apegado a la verdad y se presentan pruebas irrefutables? He aquí la cuestión interesante.

 

Desde mi perspectiva, parecería guerra sucia si quien difunde la información sobre actividades ilícitas o de corrupción de un candidato es alguien con la misma cualidad, esto es, que también aspira al mismo puesto de elección, puesto que en rigor, su intención evidente es aprovechar el error del adversario para atacarlo. En este caso lo ideal sería que quien dé a conocer la información, sea alguien totalmente ajeno al proceso, alguien que no tenga involucrados sus intereses personales o de grupo en la campaña misma.

 

Pero por otro lado, considerando que el electorado tiene también derecho a saber si toda actividad directamente relacionada con el cargo al que se aspira un candidato, ha sido apegada a la norma y con base en la honestidad, cabe entonces aquí la siguiente pregunta: si hay ausencia de persona ajena al proceso que pueda informar con veracidad sin favorecer a alguien, ¿los posibles votantes no sabrán entonces las corruptelas en las que ha incurrido algún candidato? ¿Debe un participante en el proceso abstenerse de difundir las corruptelas de su adversario para no incurrir en guerra sucia? Opino que no.

 

Entonces, me parece que la guerra sucia en política se define por la utilización de la mentira como instrumento para atacar a un adversario, porque eso es simple y llanamente calumnia, difamación. Sin embargo, si un candidato tiene las pruebas (no inventadas o fabricadas desde el poder con ese propósito), irrefutables y libres de toda sospecha sobre algún acto de corrupción cometido por otro participante en el proceso y no las presenta, se convierte con ello en cómplice del mismo ilícito, por lo tanto, es su deber presentarlas y difundirlas, con tal de que el electorado las conozca y pueda así formarse un criterio basado en la verdad para emitir su sufragio.

 

Pienso que la UAQ está llamada a ser paradigma democrático en nuestro Querétaro, y por ello, es deber indeclinable de quienes aspiran a la Rectoría y sus equipos, utilizar la verdad como motor principal de su actividad política, y en consecuencia, repugnar la mentira y la calumnia. Pienso.

Comentarios: sergiocenteno05@live.com

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