Opinión

Rumores, gasolina, presupuesto y preguntas

Gabriel Morales López

En un momento estás pagando la cuenta en un café, disfrutando de una charla; al siguiente te encuentras con una estampida humana por los pasillos del centro comercial. Al unísono, los empleados comienzan a bajar las cortinas de los locales. El miedo se comparte y recuerdas escenas de personas huyendo de una ola enorme.

En ese momento, las reacciones racionales desaparecen. Se activan los instintos por sobrevivir. Las opciones son sumarte al río de gente, que corre atemorizado, o detenerte a racionalizar con el riesgo de que la amenaza invisible te tome por sorpresa.

Corres por lo que un instante parece una amenaza. Ya en el estacionamiento, preguntas a quienes se encuentran a tu alrededor los motivos del torrente. Nadie sabe nada. Solo rumores. “Venían saqueadores, hubo balazos”. En ese momento llega la curiosidad y la duda. Con precaución comienzas el camino en sentido opuesto.

Después de ir de extremo a extremo, al igual que en otros centros comerciales, mercados y tianguis, -no solo en Querétaro, también en ciudades como Toluca, Puebla, Naucalpan, Tultepec, Cuautitlán y la Ciudad de México- te das cuenta que la amenaza fue un fantasma.

Las versiones que corrieron entre los locatarios y compradores tenían algunas algunas características similares a las que después aparecieron en otras urbes; una mezcla de elementos verosímiles: “que venían a saquear, a robar, que hubo balazos, que hubo detonaciones, disturbios”.

Estas versiones falsas cumplían a cabalidad con la fórmula del rumor. Mientras más ambigua sea una información, y mientras mayor importancia tenga el tema, con mayor rapidez se esparcirá el rumor. Viajó como haz de luz por las redes sociales y entre los ávidos compradores en la víspera del Día de Reyes.

En mi suspicacia, sin aventurarme a realizar acusación alguna, me parece que hubo una acción concertada, una secuencia de pasos para desacreditar las protestas contra el “gasolinazo”. Al fin y al cabo, el rumor se ha empleado a lo largo de la historia como táctica de guerra, como propaganda negra, encubierta. Desde Tsun Tzu a Goebbels.

No sé quién lo hizo, pero ¿a quién le beneficia cambiar de tema?, que no se hable de un incremento desproporcionado a los combustibles y haya un tema nuevo, un nuevo “trending topic” que sepulte las gasolinas de la agenda mediática y del “timeline” de las redes sociales.

¿Por qué las narraciones son tan parecidas, en puntos geográficos tan distintos? ¿Quién tiene la capacidad operativa para realizar una acción concertada de difusión de rumores en varias ciudades, casi al mismo tiempo? Son preguntas.

El precio de la gasolina

De regreso al tema original, el precio de las gasolinas aumentó en México, pero no por el incremento de los precios internacionales, sino por décadas de políticas energéticas equivocadas que nos han hecho dependientes de las importaciones y por manejos presupuestales opacos e inadecuados.

Para muestra, unos botones cuyo objetivo no es plantear verdades absolutas sino sembrar dudas e invitar a los ciudadanos a hacer sus propias investigaciones y corroborar los datos públicos disponibles: los de Peña Nieto, Hacienda y Estados Unidos.

Compramos en Estados Unidos gasolina. Y es cierto el precio ha subido, de acuerdo con lo publicado por la “US Energy Information Administration”, que se puede consultar en http://www.eia.gov/petroleum/gasdiesel/. Sin embargo, el precio al público es menor que en México. El galón de gasolina regular se llega a vender en 2.33 dólares, unos 14 pesos el litro, con un tipo de cambio a 21 pesos el dólar.

La magna se vende en 15.99 o más según las regiones de distribución. Dos pesos más por el costo de importarla y trasladarla. El origen de ese costo extra no es el incremento internacional de los precios del petróleo, sino una política recaudatoria mayor que la de EU (la proporción de impuestos por litro es mayor en México) y la irresponsable política de despilfarrar los recursos que tuvo México en los últimos 40 años en excedentes petroleros. Despilfarro que nos dejó sin infraestructura suficiente para cubrir las necesidades energéticas del país: ductos, refinerías, unidades de almacenamiento.

En 37 años, desde 1979, no se inaugura una nueva refinería. Se han hecho inversiones para ampliar o reconfigurar las refinerías actuales, pero no hay nuevas refinerías. La que se planeó construir en Tula, en 2008, la cancelaron en 2014. Actualmente solo operan seis refinarías y no al 100 por ciento de su capacidad. Aquí la cronología del Sistema Nacional de Refinación. http://www.ref.pemex.com/index.cfm?action=content&sectionID=1&catID=6.

El escenario que viene sí es de terror. No se planean ni se están construyendo más refinerías y no habrá recursos petroleros como antes. Nuestro pozo estrella, Cantarell, va en declive. Por sí mismo, en el 2004, producía cerca de 2 millones de barriles al día. Hoy, esa es la producción diaria total de Pemex. No hubo reposición de reservas y llevamos 10 años en declive de producción, con la cantaleta de que necesitamos recursos para invertir.

El ejercicio presupuestal

Daba Peña Nieto un panorama crítico en caso de no subir el costo de la gasolina. Rechazó la posibilidad de hacerlo por las precarias finanzas. Si se subsidia la gasolina, habría un gasto de 200 mil millones de pesos, lo que implicaría que el IMSS, el Seguro Popular o los programas sociales dejaran de operar.

Vale la pena husmear en los resultados de la cuenta pública de 2014 y 2015 (y esperar los de 2016) para darse cuenta que el gobierno en esos años ha terminado por gastar más de lo presupuestado por cantidades similares a los que equivaldría el supuesto subsidio a la gasolina o lo que representaría reducir el Impuesto Especial en Producción y Servicios para que el precio de la gasolina fuera similar al de EEUU. (http://www.cuentapublica.hacienda.gob.mx)

En 2014, el gasto programable del sector público fue 133 mil millones de pesos superior a lo presupuestado. En 2015, cuando cayeron los ingresos petroleros, el gobierno tuvo un gasto programable superior en 188 mil millones de pesos a lo presupuestado, aún con recortes presupuestales en marcha.

Otro botón disponible en la Cuenta Pública de 2015. El presupuesto aprobado para la oficina de la Presidencia fue de 2 mil 296 millones de pesos; sin embargo, a lo largo del año hubo ampliaciones presupuestales por un monto de mil 200 millones de pesos y el presupuesto ejercido efectivamente sumó 3 mil 560 millones de pesos.

¿Realmente el gobierno federal se aprieta el cinturón cuando anuncia recortes presupuestales? Insisto, es pregunta.

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