Opinión

San Valentín

Por Edmundo González Llaca

Mi padre falleció en un accidente automovilístico un 14 de febrero. Desde niño siempre recuerdo que en este día, por la mañana, cumplía con los rituales propios de los aniversarios luctuosos y, en la tarde, festejaba jubiloso el sangronsísimo San Valentín. Un día en el que mezclaba olor a incienso y chocolates; rezos y muñequitos de peluche; en la mañana comunión y cayendo la tarde, besos y apapachos a discreción. En suma, azares del destino me enseñaron precozmente a descubrir uno de los grandes dramas del arte y, tal vez de la vida: el amor y la muerte están unidos.

Es difícil aceptar esto cuando al amor lo asociamos con la máxima alegría, con la culminación intensa de la vida, con todo aquello que palpita. Pero también es cierto que hemos sido educados y cultivados en la literatura, la música o el cine, en el valor de que no existe verdadero amor si éste no ha padecido acosos, amenazas, perturbaciones. Todos nos jactamos de haber vencido pequeños o grandes problemas, y reservamos la leyenda o el mito para quienes, con su muerte voluntaria, avalan la trascendencia y verdad de su amor.

Es innegable que mucho hubiera perdido la humanidad si a Helena de Troya y a París no los persigue Menelao, si Isolda no es alejada de Tristán, si los Montesco y los Capuleto se hubieran llevado bien, si Dante hubiera conocido a Beatriz o Petrarca se hubiera casado con Laura; si la enfermedad de Margarita Gautier en la ópera Bohemia, hubiera sido gripe y no tuberculosis, si se hubiera salvado con Vaporub y no hubiera acabado boqueando un poco de sangre. En pocas palabras, no es el ser humano, sino el dolor, la verdadera medida de todas las cosas.

(Personalmente nunca grito: “¡Qué viva el amor! Menos aún: “¡Qué viva la República Amorosa!”. Me inclino más por berrear: “¡Ay dolor, ya me volviste a dar… y en el mismo lugar!” ¿Será la consecuencia del tequila que no es cien por ciento agave?)

Por otra parte, no olvidemos, como señala Bachelard, que el amor es la primera hipótesis científica de como se logra la reproducción del fuego. Prometeo es un amante vigoroso y no un filósofo, y la venganza de los dioses, más que seres divinos, es la venganza de un celoso despechado. Afrodita es cónyuge de Hefesto, dios del fuego. El amor, en consecuencia, “es un fuego que se comparte”, y el fuego es un fenómeno que tiene su vida plena en la destrucción. Eros y Tanatos, el instinto de vida y de muerte fusionados en un abrazo. En el corazón de las llamas se une el sacrificio de la materia y el nacimiento de la hoguera; las cenizas conviviendo con la nueva luz en un juego eterno.

La unión es clara. Amor y muerte, porque la muerte por amor pareciera no el marchitamiento de la vida sino su exuberancia; amor y muerte porque el sentimiento nos lleva al placer del orgasmo, una probadita de muerte (la probadota no me interesa); amor y muerte, porque agotadas las posibilidades de gozo de la vida no queda mayor desafío que el voluptuoso enigma del más allá; amor y muerte, simplemente por jugar a acabar todo en un instante por la posibilidad de prolongar el amor hasta la eternidad.

Ahora bien, ¿qué hay en la mente de los amantes que se suicidan? Sin tener mayor idea de psicología creo que en Romeo, como todo aquel que llega al martirio por amor, hay una personalidad romántica y escéptica. El amor, y más aún el apasionado, dura muy poco, y no hay camino más seguro para preservar su idealización que morir rápidamente.

Romeo, quizá, estaba consciente de que la rutina con sus dientes húmedos y terribles acabaría con la flama brillante y espectacular de la pasión y dejaría los leños pálidos de la vida. Esto era demasiado para él. Mejor morir en la cumbre sagrada de la muerte, que esperar a que Julieta engordara y un día de tantos se quejara de lo mucho que había subido el espagueti y las pizzas en Verona.

En el ambiente suicida existe quizá un narcisista receloso, pues en el fondo de todo aquel que ama, hay una profunda desconfianza de que sea realmente correspondido, y la última, y tal vez la única prueba es el desprecio a la vida. Hay también, como en todo suicida, un valiente y un cobarde. Valiente por morir, y cobarde, porque quizá no hay más audaz estratagema para ahuyentar la soledad de la muerte, que morir de acuerdo y al mismo tiempo con otro.

En fin, la semana que entra es día del amor, y al mayor y más excelso de los sentimientos de los humanos nada le puede ser ajeno, incluso ya ni la política y por supuesto la muerte. Pero no nos escandalicemos. La vida, la muerte, el odio, el amor, ¿dónde empieza uno? ¿Dónde acaba el otro?

Espero sus comentarios en www.dialogoqueretano.com.mx donde también encontrarán mejores artículos que éste.

Jicotes

¿Y los campesinos? (3 de febrero)

En la primera plana de Noticias aparece una fotografía del Secretario de Finanzas, Jorge López Portillo, está también el Secretario de Gobierno, Roberto Loyola Vera. Muy trajeados y bien peinados, cual debe cuando se habla de pobres. Anuncian el programa “Soluciones a la Sequía” para apoyar a 280 mil campesinos. Lo extraño de la nota es que no aparece ningún campesino. ¿No tienen nada qué decir al respecto? ¿La voz de los afectados no interesa? ¿Cómo vamos a saber la trascendencia de la solución si no le dan la palabra a quienes mejor saben del problema? Para el próximo programa consíganse un representante de los supuestamente beneficiados, si no los convocan a hablar al menos que aparezcan en la foto.

Opacos (7 de febrero)

La Suprema Corte de Justicia admitió la demanda de inconstitucionalidad presentada por la Procuraduría General de la República contra la Ley de Ingresos de Puebla, que pretende cobrar 80 pesos por copias a los ciudadanos que soliciten información. Algo sabemos los queretanos de este truco, el gobierno opaco del sexenio pasado, también afirmaba que no limitaba el derecho a la información pero que sí cobraba “la búsqueda”; también se declaró inconstitucional. En fin, cuando los gobernantes se oponen a las demandas democráticas de la sociedad –con artimañas tan vulgares– la historia se los cobra: el recuerdo es de desprecio.

El verdadero problema (9 de febrero)

La ganadora de la candidatura presidencial por el PAN, Josefina Vázquez Mota, en su discurso de postulación arremetió contra el PRI, lástima que su triunfo había sido precedido por las viejas prácticas del acarreo, la compra de votos, los padrones amañados. La sociedad lo ha vivido, el problema no son los personajes, los colores ni las siglas, sino de una cultura política de aversión a la transparencia, alejada de la sociedad y divorciada de la honestidad y la ética.

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