Se cerró el proceso electoral

El pasado proceso electoral no terminó el 2 de junio en la noche. Es cierto que ya desde el mismo día sabíamos que la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo había aplastado a la candidata opositora, Xóchitl Gálvez, con casi 20 millones de votos. Es cierto que al día siguiente sabíamos ya quiénes habían ganado gubernaturas, senadurías, diputaciones o presidencias municipales.
Sin embargo, en unos cuantos casos los resultados no eran definitivos, pues después del proceso electoral, para que los resultados sean definitivos, hay que esperar el resultado de los procesos de impugnación ante tribunales electorales.
La parte más relevante que faltaba era la asignación de diputaciones y senadurías plurinominales. Aunque faltaba la asignación oficial, ya se tenía una proyección basada en las reglas aplicadas durante los cinco procesos electorales anteriores. Y dicha proyección le asignaba a la coalición “Seguiremos Haciendo Historia” (formada por Morena, PT y PVEM) mayoría calificada en la cámara de diputados y un número muy cercano de senadores para obtener la mayoría calificada (83 de los 86 necesarios).
Ante este panorama, la derecha mexicana inició toda una campaña en medios nacionales e incluso extranjeros con el fin de que Morena y aliados no obtuvieran los diputados y los senadores a los que tenían derecho, con base en las reglas fijadas previas al proceso. Hicieron de todo, presionaron a consejeras y consejeros del INE, a magistradas y magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y hasta a los de la Suprema Corte.
Sin embargo, todo fue en vano, el pasado 23 de agosto, el consejo general del INE asignó las plurinominales de acuerdo con las reglas del juego definidas antes del proceso electoral y tal y como se habían aplicado en los cinco procesos electorales anteriores (2009, 2012, 2015, 2018 y 2021). Dicha asignación fue ratificada por el TEPJF, el pasado 28 de agosto.
En esencia, lo que querían hacer los malos perdedores era cambiar las reglas del juego una vez que el juego había terminado y se sabía el resultado. Esta esencia la pusieron en blanco y negro la magistrada presidenta del TEPJF, Mónica Soto Fregoso, y el magistrado Felipe de la Mata Pizaña. Cambiar las reglas a toro pasado es algo inédito. Nunca en ningún país del mundo se había visto algo semejante.
Es tan inaudito, que nos hubiéramos esperado que tanto el acuerdo del consejo general del INE como el pleno del TEPJF fueran tomados por unanimidad. Pero no, hubo consejeras y consejeros del INE, que, a pesar del ridículo, le hicieron el juego a la oposición, fueron los consejeros del INE, Claudia Zavala, Dania Ravel, Jaime Rivera y Martín Faz y la magistrada del TEPJF, Janine Otálora. Los que exhibieron, de manera pública, que son capaces de torcer la ley con tal de favorecer a sus intereses políticos o a los de sus aliados y patrocinadores. Algo verdaderamente patético. La resolución del consejo general del INE se tomó por una mayoría de 7 votos contra 4 y la del TEPJF se tomó por una mayoría de 4 a 1.
En 2022, el PRIAN tuvo la oportunidad de modificar las reglas de asignación de las plurinominales, pero se negaron, así que ahora no pueden apelar a que esas reglas “no son justas” o que “no reflejan la pluralidad del voto”. Estuvieron muchos sexenios en el poder y con mayorías calificadas suficientes como para haber modificado esas reglas, pero no lo hicieron, por la sencilla razón de que esas reglas fueron diseñadas y aplicadas para favorecerlos. Nunca pensaron que se les podrían revertir. Así que ahora que se aguanten y acepten, de manera definitiva, que la gran mayoría del pueblo de México no les dio su voto.



