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Se llama Claudia Sheinbaum y ya es presidenta

Cuando usted lea esta columna ya habrá pasado el 2 de junio, ya habrá concluido la votación histórica de 2024 y ya tendremos a la primera mujer presidenta de México por Morena y por la causa de la izquierda partidista. ¡Es un momento histórico que vamos a recordar y festejar durante mucho tiempo! Así que haré un ejercicio de prospectiva política para dar cuenta de un hipotético escenario en el cual nos vamos a mover en los días por venir.

Ya habíamos anticipado nubarrones en el cielo prometido, la ultraderecha mexicana se ha pertrechado en los brazos del poder Judicial que se ha convertido en su aliado incondicional y la propia Xóchitl Gálvez, luego de reconocer el triunfo de Claudia Sheinbaum a regañadientes, así como la gravísima derrota sufrida y de autodenominarse como demócrata, ahora lanza un tuit en el que dice que va a impugnar la elección, ¿por fin? ¿la gran demócrata ya se desdijo de aceptar los resultados y ahora pretende sabotear la elección? Pero, ¿qué cree? No lo van lograr jamás.

La primera falsa argumentación que comienza a esgrimir la derecha opositora es que se trató de una elección de Estado, en la cual todo el aparato del Estado se volcó en apoyar a la candidata oficial y por ello el triunfo contundente de Sheinbaum; señalan que hubo fraude, que fue financiada por el narco, que tuvo el apoyo del presidente en las mañaneras, que el clima de violencia desatado en los meses previos a la elección, y que bla, bla, bla…

Estarían esperanzados a que el poder Judicial les haga caso y se someta sus exigencias de anular la elección; anhelarían que el Tribunal Electoral acepte las demandas y de esta manera se genere un clima de inestabilidad política y un conflicto poselectoral que pretenda tambalear el resultado de la elección y convocar a un nuevo proceso. Pero, ¿qué cree? No va a suceder así

La diferencia entre Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez es abismal, son más de 30 puntos porcentuales, lo que equivale a 35 millones de votos lo que, incluso, supera el nivel de votación de AMLO en 2018, por lo que la oposición no tiene mayores argumentos que abanderar para tratar de anular el proceso, están totalmente desarmados ante la contundente derrota sufrida; no obstante, la comentocracia de este país, los voceros incondicionales de la derecha en los medios de comunicación, siguen con sus afanes catastrofistas y continúan planteando esa posibilidad en sus espacios informativos.

En Foro TV, de Televisa, días antes de la elección, el infausto Jorge Castañeda, ¡otra vez!, señaló que en caso de que la ventaja de Claudia sea menor a diez puntos sobre Xóchitl, recomienda que la oposición vaya con todo en el plano legal para tratar de echar abajo la elección; este siniestro personaje piensa como lo hacen millones de personas en el país, sólo que la diferencia fue muy superior a la estimada por la oposición y esto les deja absolutamente pasmados. Como se puede apreciar, en el discurso de las cabezas parlantes de los medios está esbozada la alternativa de boicotear ahora el ejercicio de gobierno de Sheinbaum. Y, ¿qué cree? Van a fracasar en el intento.

Esta penosa actitud la pudimos apreciar justo el mismo día 2 de junio en los programas de debate de los medios corporativos, en algunas voces discrepantes que se niegan a aceptar la abrumadora realidad de los resultados electorales. El propio López Dóriga, en la emisión especial del Grupo Fórmula, refutó a Chumel Torres que no se trata de una locura, si no de una realidad aplastante; en esa misma mesa de análisis veíamos a un José Antonio Crespo desencajado, animal herido, agonizante (como toda la derecha de esta nación) despotricar y cuestionar el triunfo de Sheinbaum con una retahila de aseveraciones inútiles.

En Milenio TV, vimos a un Rafael Pérez Gay lamentar lo ocurrido por la pérdida de contrapesos, el voto oculto y del miedo que, paradójicamente, fue a favor de Morena, hablar de una elección de Estado que sólo ocurrió en sus mentes enfermas de odio; en fin, que no se rinden ante la evidencia y que van a seguir esgrimiendo esta clase de argumentos a través de una campaña desinformativa lastimosa y que sólo corrobora aquel viejo dicho popular: ¿de qué murieron los quemados? De puro ardor.

Esa parece ser la ruta a seguir de los medios al servicio de la derecha y será muy interesante advertir la nueva relación que la virtual presidenta va a asumir con los medios de comunicación que tanta guerra sucia han desatado en su contra. Lo único que sabemos con certeza es que se llama Claudia Sheinbaum y ya es presidenta.

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