Opinión

Sin apuntador no la hace

Por Salvador Rangel

 

Hace años en los escenarios teatrales había un espacio donde estaba el “apuntador” persona que tenía como trabajo apoyar a los actores en sus diálogos, a la hora de los aplausos no recibía uno solo, pero tenía parte en el éxito de la obra.

Con el avance tecnológico, apareció el “apuntador electrónico” aparato que en sus inicios era grande y que se veía en la parte posterior de la oreja de los actores, pero todo cambia, ahora le llaman “chicharito” porque es pequeño e imperceptible a la vista de los espectadores.

Y en los programas de noticias los lectores tienen el telempronter, pantalla en la que aparece lo que deben decir, el problema es cuando se apaga o por descuido de un miembro del equipo desconecta el aparato, el lector de noticias, si no tiene experiencia, pone cara de what.

Eso le sucedió a Peña Nieto, que hace campaña ante cualquier evento donde haya cámaras y micrófonos, bien peinado, maquillado, cuidando el mínimo detalle de costosa e importada ropa adquirida en la tienda extranjera donde es cliente distinguido, así que acudió a la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara, Jalisco, y naturalmente debían preguntarle de libros, pero sus asesores creían que lo cuestionarían sobre política y dejaron a su pupilo sin apoyo literario y los resultados iniciales fueron desastrosos y la consecuencia peor.

Se hizo bolas con la pregunta de los libros que ha leído, una respuesta que el propio Cantinflas no hubiera podido hacer mejor. Y tal vez por asociación de ideas y por la urgencia de sentarse en la silla, aquella a la que Villa y Zapata cuando llegaron a Palacio Nacional le dieron un puntapié, y según dicen, entre malas palabras (propias de revolucionarios) dijeron “por esta pinche silla tanta bronca”.

Y Peña Nieto contestó, he leído la Biblia, no toda, acotó, y un libro que marcó mi vocación política, fue La silla del águila, y se lo atribuyó a Enrique Krauze, cuando es de Carlos Fuentes.

Bueno, hasta ahí, no era nada extraño que un político no sepa de literatura, una anécdota más a la incultura, de casi todos, los políticos, que nada más saben decir: unidad en el partido, lo hago por el bien de México, las instituciones son el pilar del avance democrático y así frases sin contenido, huecas, en contraste con sus bolsillos que están llenos de buenos sueldos y jugosas prestaciones amén de uno que otro negocio al amparo de sus influencias.

Pero vendría la cereza del pastel, la contestación que hizo el novio de su hija Paulina, José Luis Torre le envió un mensaje en Twitter que ella lo hizo propio, donde defendía a su futuro suegro, con expresiones propias de quien es otra clase social, la apartada, la de la gente bonita, la minoría de este país. Y si en la época de Porfirio Díaz a la clase popular le decían “el peladaje” ahora en tiempos de Peña Nieto, somos pendejos y proles, viva el cambio, una probada de los tiempos que nos esperan.

Una muestra de cómo piensan las familias cercanas del poder y la clase social a la que pertenecen.

Se ve que Peña Nieto sin apuntador no logra hilvanar oraciones, tiene el libreto del partido: somos la mejor opción, la renuncia de Moreira es un acto de democracia, es un acto de congruencia ¿?

Los estrategas del partido no podrán decir que la cuenta de la hija de su prospecto fue hackeada, o que son inventos de la oposición que envidian al partido, otrora oficial.

Y los nostálgicos, que toda vida han sido y morirán proles, pero no pendejos, recomiendan al partido que instituya el FIL –Fondo de Investigaciones Literarias– y que nombre a Peña Nieto asesor y a su hija Paulina directora de relaciones públicas. Éxito asegurado.

rangel_salvador@homail.com

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