Opinión

Sin colores

Por: Omar Árcega E.

Los apasionados de los asuntos públicos y de gobierno, generalmente vivimos atrapados en un pesimismo, pues constatamos que las dinámicas perversas subsisten, que no hay voluntad política para construir administraciones gubernamentales transparentes, eficientes y verdaderamente preocupadas por el bien de la ciudadanía. Constatamos que, en la clase política, no existe la intención de desterrar vicios o crear incentivos para desalentar las prácticas corruptas o poco democráticas, para donde volteamos descubrimos a individuos que hacen de la polaca su forma de servirse, no de servir.

La sorpresa

Sin embargo, cada cierto tiempo, aparecen propuestas lanzadas por políticos serios que buscan hacer más democrático el ejercicio del poder. Son como destellos en la oscuridad de la cultura política que nos envuelve; entonces volvemos la vista, nuestra capacidad de asombro renace y la confianza en las transformaciones que los actores públicos pueden realizar revive. Uno de estos momentos lo viví hace algunas semanas, cuando el presidente municipal de Villa Corregidora y su cabildo aprobaron el “Reglamento para la utilización de colores e imagen institucional”. A primera vista el título no dice mucho, pero el corazón del reglamento es lo interesante: es una propuesta para evitar que los muebles e inmuebles municipales sean pintados con los colores del partido al que pertenece el alcalde en turno, esta restricción también aplica para la papelería oficial, la folletería, las lonas, las calcomanías, y cualquier medio impreso o electrónico donde se difundan acciones municipales. Los colores que están obligados a usar son el blanco y el negro. Los vehículos serán blancos y las adquisiciones que se hagan deberán respetar estos criterios. En caso que los funcionarios no hicieran caso estas indicaciones se establecen las sanciones correspondientes.

Hace unos meses, una propuesta similar fue impulsada en la Cámara de Diputados local, la iniciativa tendría alcance estatal; fue presentada por el entonces diputado panista Antonio Rangel, logró ser aprobaba en sesión de pleno, pero al llegar a manos del gobernador para ser publicada, fue regresada a la Cámara con una serie de observaciones y desde entonces duerme el sueño de los justos. Ambos acontecimientos nos ilustran el Querétaro en que vivimos, por un lado el Gobierno del Estado le tiene pavor a las propuestas que conviertan los bienes públicos en eso, en públicos y no en espacios publicitarios del partido que gobierne y por otro, los esfuerzos que hacen las fuerzas de oposición, sobre todo el panismo, por dar voz a las demandas ciudadanas. Sobra decir que una ley de esta naturaleza ahorra dinero, pues no se tiene que cambiar cada tres o seis años los colores de edificios y vehículos. Aun la ciudadanía está agraviada por el despilfarro que supuso pintar de rojo el emblemático auditorio Josefa Ortiz de Domínguez.

Los retos

Gobierno del Estado propuso al inicio de sus funciones el eslogan “Gobierno sin colores”, pero sólo se quedó en una frase hueca, pues realmente no se crearon mecanismos para llevar esto a la práctica, al contrario, se hizo hasta lo imposible para que el rojo tiñera las acciones gubernamentales. Finalmente quien sí llevó a la práctica este reclamo ciudadano fue el cabildo de Villa Corregidora y con esta acción desenmascaró una mentira más de José Calzada y sus secuaces. Con este reglamento se convirtió en el primer municipio del país verdaderamente “sin colores”. Estas normas deberían ser copiadas por todos los municipios queretanos. Pues fortalece la práctica de los valores democráticos, evita que los espacios institucionales se conviertan en vallas publicitarias partidistas y por supuesto ahorra dinero que puede ser usado para otras actividades.

Una de las lecciones que podemos extraer de estos acontecimientos, es que el espacio municipal es un lugar privilegiado para iniciar cambios en las prácticas gestivas, es el ámbito idóneo donde se pueden proponer medidas como este reglamento, los presidentes municipales tienen la oportunidad de incidir con sus prácticas en todo el sistema político.

La única condición que se les pide es que sean audaces y estén atentos a la sensibilidad de sus gobernados. El espíritu de estas normas con el tiempo tendrá que ser adoptado por las autoridades estatales. No todas las transformaciones surgen de arriba hacia abajo, también es posible el orden inverso y generalmente estas últimas tienden a ser más sólidas.

Villa Corregidora ya dio el primer paso, crear el marco legal, ahora deberá trabajar para fortalecer una cultura que arrope las normas creadas, pues de no hacerlo éstas pueden ser obviadas, por lo tanto el camino apenas inicia, esta tarea no sólo corresponde a los gobiernos municipales, sobre todo es responsabilidad de la ciudadanía. Un buen ejemplo nos ha puesto este municipio, ¿quién será el siguiente cabildo que lo imite?

twitter.com/Luz_Azul

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