Opinión

Sindicalismo a la mexicana

Por: Salvador Rangel

La historia del sindicalismo en México se remonta al 16 de septiembre de 1872, cuando se fundó la primera asociación de tipo profesional de obreros, y en 1874 contaba con cerca de 8 mil agremiados, en su mayoría artesanos, obreros de hilados y tejidos.

En 1913, por vez primera se conmemoró el Día del Trabajo, convocado por la Casa del Obrero Mundial, desafiando al usurpador Victoriano Huerta; exigiendo jornada laboral de ocho horas y descanso dominical.

El sindicalismo ha servido para que los líderes, con la fuerza de sus representados, obtengan puestos en el gobierno o de elección popular. En 1928, la entonces poderosa Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), de la cual era secretario general Luis N. Morones, apoyó a Álvaro Obregón, y en recompensa lo nombran director de establecimientos fabriles y militares. El poder de los sindicatos abarca la decisión de nombrar diputados, senadores y hasta gobernadores, pero los líderes sindicales deben pagar un precio: evitar huelgas y frenar el movimiento obrero. A su vez, el gobierno permite la reelección de los líderes, sus negocios y no les exige cuentas de las cuotas obreras.

El 24 de agosto de 1936, en el gobierno cardenista, se funda la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y su lema: “Por una sociedad sin clases”. En diciembre de 1936, el Sindicato Mexicano de Electricistas se va a huelga, la empresa era propiedad extranjera: Mexican Ligth and Power Company, conocida como Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz; el gobierno no reprimió al movimiento, la huelga fue un éxito.

En su día, los burócratas, por el hecho de pertenecer a un sindicato, de manera automática eran militantes del partido oficial. Y los líderes en cada campaña presidencial ofrecían los votos de sus agremiados, no sin antes negociar nominaciones a cargos de “elección popular”.

Pero no siempre los sindicatos oficializados caminaron sin contratiempos; en 1959, los líderes Demetrio Vallejo y Valentín Campa ganaron las elecciones, pero no les fue reconocido el triunfo; convocaron a un paro e intervino el Ejército. Vallejo y Campa terminaron en la cárcel de Lecumberri.

Igual suerte corrió Othón Salazar, representante del Movimiento Revolucionario Magisterial (MRM) que se oponía al liderazgo moral del ingeniero Jesús Robles Martínez. Convocó a una huelga, que fue reprimida por la policía montada del DF y, al igual que los líderes ferrocarrileros, terminó en la cárcel. Los maestros que participaron fueron cesados y poco tiempo después uno de los miembros del MRM se vendió al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y acabó con el movimiento.

Y haciendo un breve recuento del sindicalismo en México, lo único que se tiene son líderes que apoyan en todo al gobierno. Y ver qué ha pasado con los trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza de Centro, que fueron despojados de su fuente de trabajo; los trabajadores y empleados de Mexicana de Aviación, que se encuentran sin futuro; y en Querétaro, los trabajadores de Lanas Merino, que llevan años con su huelga.

Y los patrones han inventado el outsourcing, la contratación externa, para evadir responsabilidad legal; no son pocas las empresas que crean esta figura y emplean trabajadores sin derecho a utilidades, vacaciones, sueldos remuneradores y, sobre todo, sin derecho a sindicalizarse.

Y las centrales obreras que son titulares de los contratos colectivos de trabajo nunca osan emplazar a una huelga, todo se arregla en lo oscurito. Los líderes sindicales mantienen el puesto hasta que la muerte lo separe de él. No entregan cuentas a nadie, salvo a sus negocios particulares, que no son pocos.

Los líderes apoyan al gobierno en todo y, a su vez, ofrecen un clima de “paz laboral” a costa de los trabajadores, nada de solicitar incrementos salariales decorosos, asociación sindical voluntaria; eso es “atentar contra la fuentes de trabajo”. Y no son pocas las empresas en que no existe sindicato y pobre de quien pretenda organizarlo, porque pierde el empleo y queda boletinado.

Y los nostálgicos ven en los periódicos y noticiarios a los líderes sindicales con amplía sonrisa; y cómo no, con esos ingresos, quién no se carcajea.

rangel_salvador@hotmail.com

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