Opinión

Sobre Carlos Fuentes y el arranque de un joven escritor

Por Rafael Vázquez Díaz

“A veces las crisis ayudan a escribir mejor literatura”, sentenciaste en la trigésima octava edición de la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. Y tu declaración no fue sólo política, sino profundamente significativa.

Nadie te lo va a dejar de reconocer, eres sin duda uno de los mejores escritores contemporáneos. Es innumerable la cantidad de premios que reconocen tus obras y la calidad de cada una de ellas es insuperable. Te recuerdo mucho por La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, quizá uno de los libros que más recuerdo de mi juventud, y estoy disfrutando leer contigo toda La gran novela Latinoamericana en la que me regalaste unos nuevos ojos viejos para leer a Cervantes. Me parece que eres una voz autorizada para enseñarme sobre esta bella lengua y su tradición escrita.

Sé por buena fuente –gracias a la belleza de la cultura digital que tantos halagos te mereció– que eres un gran conocedor de la realidad latinoamericana pues la recorriste junto a tu padre, un diplomático que te mostró muchas caras de nuestro lindo continente; desde la linda tranquilidad de esa gran ciudad con espíritu de pueblo: Montevideo, hasta la algarabía y el carnaval de Río de Janeiro, pasando por Chile, Ecuador, Estados Unidos y la vieja Argentina. No niego tu autoridad tampoco en términos de vivencias.

¿En conocimiento quizá? Eres egresado en Derecho por la UNAM y tienes estudios sobre Economía en Suiza. Sería irreal creer que eres un tipo inocente cuyas declaraciones están fundamentadas en una percepción vaga y trivial. Eres un viejo lobo de mar en cuestiones políticas.

Conozco tu labor en la gestión de asilo a refugiados políticos de las dictaduras –tanto franquista como las latinoamericanas- y no dudo que hayas estado informado sobre las barbaridades de estas. Fuiste partidario de Fidel Castro cuando así lo consideraste pertinente y después señalaste sus errores cuando era conveniente. Eres lo suficientemente inteligente para saber hasta dónde llegan tus lealtades y en dónde se despegan de tus convicciones.

Así como aceptaste ser embajador del viejo régimen, supiste cuando renunciar en una de las épocas más dura de la mano asesina del PRI: el año 1968. Tus opiniones te han puesto en la mira internacional así como le ha ocurrido a Gabriel García Márquez en Colombia o Mario Vargas Llosa en Perú, cuando sus creencias levantan polémicas y opiniones encontradas.

Hace unos días en Buenos Aires, ante una pregunta directa sobre Hugo Chávez dijiste: “Me parece que acabó con las instituciones venezolanas, que empobreció al país. Es un demagogo y su discurso me parece flatulento”, sin duda una declaración muy fuerte cuya fugacidad y falta de contexto no le hace justicia al mandatario venezolano y –lo sabrás mejor que yo– es totalmente insostenible desde el punto de vista académico.

Sobre las elecciones en México señalaste que eran “mediocres” y “poco interesantes” ¡Cuán lejos estaría la opinión de Monsiváis! ¿Lo recuerdas? Ese viejo amigo tuyo de la vida, que compartieron tantas cosas durante 50 años. Ese hombre que creyó –hasta el último día de su muerte– en el candidato a la Presidencia por parte de las izquierdas.

Recordemos las palabras de Monsiváis cuando salió en defensa de Obrador ante las duras críticas del EZLN:

“Como organización partidaria, el PRD me ha desilusionado. Sin embargo, tiene un buen candidato, y eso cuenta. Eso hace que uno, como es mi caso, tenga pensado el voto, con todas las salvedades críticas necesarias, porque yo creo que ya ningún ciudadano puede dar su apoyo así nada más. La incondicionalidad está muerta. El apoyo debe ser crítico o no tiene sentido”.

¿Qué pasó contigo, maestro? Quiero pensar que te molesta el carácter reformista de AMLO, y que en realidad prefieres los estadistas contrastantes. Quiero pensar que has visto tantas cosas y has conocido tanto en este mundo volátil que te recuerda a viejas estrategias discursivas que se quedan en el plano de las ideas y traicionan la consciencia colectiva. Quiero creer que en tu papel de leyenda en vida, no hay estándares que satisfagan tus deseos íntimos juveniles que de vez en cuando se asoman; “No hay democracia posible si hay pobreza”, comentaste también ese día en la entrevista.

Esta vez, con mi mente en protesta y mi corazón apremiándome te digo; te equivocaste, hermano admirado. Tienes ante ti a un hombre digno de ser recordado en su ramo, así como tú lo eres dentro de las letras. Hace mucho nuestro país no conocía a un político con tanta sensibilidad, congruencia, honestidad y autoridad moral como el candidato que hoy dirige a uno de los movimientos ciudadanos más importante que ha tenido la historia de México.

Mereces toda mi admiración, pero el día de hoy te digo, compañero escritor y militante: Mi voto crítico como pediría el buen Monsi, está con Obrador. Es eso o volver a las épocas del viejo partido con mañas renovadas… y creo saber de qué lado está tu corazón.

 

 

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