Opinión

Sobre la prostitución en Querétaro

Por: Francisco Ríos Ágreda

PARA DESTACAR: Si no hay una zona de tolerancia en espacios adecuados, la prostitución no dejara de existir y estará presente; hasta las autoridades eclesiales reconocen la necesidad de diálogo con quienes toman esta opción como fuente de empleo.

Actualmente se está debatiendo en la sociedad queretana la problemática de la prostitución. Ciertamente las perspectivas desde las cuales se discute y analiza la situación son variadas y por lo menos parece que la cuestión ya no se mira exclusivamente desde la óptica moral, sino que se hacen lecturas del fenómeno desde diversos ángulos.

En primer término, parece aceptarse el hecho de que es un trabajo, un oficio –algunos dicen, el más antiguo del mundo-. La definición que exigen por ejemplo, las trabajadoras sexuales agrupadas en la organización “Mujer Libertad” es la de de sexoservidoras.

Según esta instancia social, tal vez la que aglutina el mayor número de trabajadoras sexuales, el número de ellas y ellos, en el estado de Querétaro asciende a unas 6 mil 500 mujeres, además de los y las trabajadoras transgénero, cuestión que podría elevar la cifra hasta 10 mil personas que se dedican a esta actividad.

Es, en este sentido, una ocupación de la que viven numerosas familias. Cabe señalar que esta cifra podría incrementarse si se contaran en este grupo quienes ejercen el sexoservicio y proceden de otros estados y ciudades circunvecinas que no se quedan en Querétaro, sino que acuden a la ciudad durante el día y parte de la noche y se regresan a sus lugares de origen a cumplir con sus roles familiares.

Según el historiador Rodolfo Anaya Larios, en su libro “Apuntes para la Historia de la Prostitución en Querétaro” (Anaya, UAQ, 2010) existen testimonios iconográficos, pictóricos, religiosos y hemerográficos que dan cuenta de la prostitución en Querétaro desde tiempos coloniales, por lo menos hasta los años treinta y cuarenta del siglo XX, por ejemplo el Reglamento, también llamado Ley 82, para regular el ejercicio de la prostitución de 1931 y los diversos controles existentes en la época como el listado de prostitutas, con nombre y fotografía de las ahora llamadas sexoservidoras.

Rodolfo Anaya señala y describe esas prácticas en pleno Centro Histórico de la ciudad de Querétaro en las llamadas “casas non sanctas”. Ahora son casonas remodeladas y algunos hasta hoteles boutique. Anaya Larios también devela en su texto que posteriormente a la aplicación de la Ley 82, entre 1943 y 1945, estaban inscritas como prostitutas en el libro de registro 133 mujeres, de las cuales solamente unas 40 estaban activas intermitentemente, ya que la mayoría padecían sífilis y gonorrea o ambas.

También la mayoría no contaba con más de 25 años, siendo la edad promedio 22 años y su esperanza de vida era de 37 años. Por otra parte, la mayoría de ellas eran foráneas, en tanto que las queretanas constituían apenas el 8 por ciento (Anaya, 2010: 46). Ahí mismo indica el historiador queretano que “Desde diciembre de 1962 se había derogado la Ley 82 que reglamentaba la prostitución en Querétaro. Sin embargo se hizo efectiva hasta el 7 de febrero de 1963, cuando se publicó en el periódico oficial La Sombra de Arteaga. Sin temor a equívocos, la prostitución reglamentaria fue tolerada cerca de 90 años, de 1874 a 1963”

Comparando los datos de los años cuarenta siglo pasado de 133 prostitutas registradas, las autoridades municipales de Querétaro reconocen que no tienen datos sobre este fenómeno. Sin embargo, en el 2008, Rafael Ascensio, Secretario de Salud en Querétaro afirmó que había 300 sexoservidoras que acudían a la revisión sanitaria. En el 2009, Javier Manrique, Subdirector de Regulación Sanitaria disminuyó la cifra, pues aseveró que solo estaban registradas 200 sexoservidoras, de las cuales 120 eran mujeres (60 por ciento) y 80 hombres (40 por ciento).

Dicho funcionario reconocía que había una cifra flotante de sexoservidoras de otros estados. Sin embargo, el mismo afirmó posteriormente que la cifra era más alta pues se contaba con un registro de 544 personas dedicadas a esta actividad, pero precisaba que solamente 273 lo hacían con regularidad.

En esta guerra de cifras, no parece creíble que en una ciudad que en los años cincuenta tenía 50 mil habitantes y disponía de 133 prostitutas, en el siglo XXI, con casi 900 mil habitantes, solo existan 200 o 300 prostitutas. En ese sentido, los datos de Mónica Mendoza, dirigente de Mujer Libertad, que refiere la existencia de 6 mil 500 sexoservidoras en el estado de Querétaro parecen más confiables.

El dilema de las autoridades estatales y municipales es la supresión o reubicación de los y las sexoservidoras, lo cual va en carril distinto a la trata de personas. Me parece, que si no hay una zona de tolerancia en espacios adecuados, la prostitución no dejara de existir y estará presente, parafraseando al catecismo, “en el cielo, en la tierra y en todo lugar”.

En ese tenor, hasta las autoridades eclesiales reconocen la necesidad de diálogo con quienes toman esta opción como fuente de empleo. Un saludo a Rodolfo Anaya por hacernos ver esta realidad tan compleja en la sociedad queretana.

 

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