Opinión

Sociedad mexicana y TLC: la quimera de la modernidad

Por: Manuel Basaldúa Hernández

México, así con ese concepto vago y poco definido, se integró a un Tratado de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos como si fueran iguales. El hecho causó un tremendo impacto en la opinión pública, no solo de los tres países firmantes, sino en las regiones económicas predominantes. En ese tiempo, la reunión de los países europeos para erigir su “Comunidad Europea”, los llevaba a un proyecto de fortalecimiento económico y de integración cultural, aunque se asomaban algunas dificultades en el aspecto ideológico.  La aparición de una comunidad europea daba la idea de que la predominancia de una región sólida y fuerte le hará contrapeso a EEUU. Incluso algunos se atrevieron a soñar con la caída de EEUU como imperio. Como hemos visto en estos últimos años no ocurrió ni una ni otra cosa. Sin embargo, el proyecto europeo presionó a los mercados para pensar en una serie de movimientos destinados a reestructurar sus regiones económicas.

El anuncio de la firma del Tratado por los tres países más importantes de América modificó agendas y jugó un papel importante en la configuración de las regiones económicas mundiales, como hemos dicho. América Latina vio con recelo a México al inclinarse más con su vecino del norte que buscar una integración latinoamericana. Nuestro país no se había recuperado aún de la amarga experiencia que le ocasionó haber desaprovechado la oportunidad del “milagro mexicano”.   Pero al exterior, parecía que seguía el despunte económico y el boom petrolero ayudó a tener esa imagen.

A pocos años de haberse firmado ese Tratado, tuve la oportunidad de realizar una estancia en Vancouver, Canadá, y algunos colegas académicos nos veían con admiración por pertenecer a esta pujante nación. En ese entonces, nos referían ellos que habían asistido en esa ciudad a algunas reuniones preparatorias del documento y el proyecto del Tratado, y los gastos de las reuniones, las fiestas y las gestiones corrieron a cuenta del gobierno mexicano.  Salinas, era visto como el mandatario con iniciativa y firmeza en sus decisiones. Nosotros, es decir, un grupo de académicos mexicanos teníamos mientras tanto la incertidumbre sobre la marcha política y económica del país, toda vez que había ocurrido el asesinato de un hombre importante del PRI como lo fue Luis Donaldo Colosio, y el alzamiento armado zapatista.

Al paso del tiempo, casi una década después de la firma del Tratado, se empezaron a analizar y a estudiar las condiciones y consecuencias de este acuerdo comercial. Algunos investigadores llegaron a plantear que “la integración económica como componente clave del neoliberalismo ha contribuido al desarrollo del particular patrón regional de oposición que ha surgido en México a finales de los ochenta y noventa. Sin embargo,  los esquemas partidistas regionales que ya existían, también han moldeado el desarrollo de la opinión pública sobre la integración económica en (las regiones relacionadas) (Joseph Klesner, 2003). Había que justificar y ajustarse a nuevas expresiones y fenómenos sociales derivados de ese acuerdo. Así, se tuvo cuidado en dirigir la opinión pública, calmar las inquietudes de los partidos, y convencer a la clase empresarial de ciertas bondades de lo que se había acordado. Desde luego que no podían quedar fuera los productores tanto industriales como los propios productores rurales.  Las dudas sobre las ventajas y desventajas que traería este acuerdo eran demasiadas, de tal manera que aparecieron en la mesa de discusión en México temas sobre el petróleo, la migración, los aranceles, las ciudades fronterizas, las importaciones,  el transporte, entre otros muchos. En el papel todo parecía adecuado, pero a la hora de operar se topaban con varios obstáculos que rápidamente trajeron una desazón. Por ejemplo, el transporte mexicano no podía ingresar al territorio norteamericano por las condiciones de sus unidades y la falta de preparación  de su personal operativo. En la cuestión piscícola, se le impuso una veda al atún mexicano por el argumento de la forma de atrapar los peces y afectar a los delfines. El aguacate michoacano, y el jitomate sufrieron la misma suerte por no contar con estándares de calidad y arancel.

El TLCN trajo grandes transformaciones a los países, quizá más a México por sus propias expectativas y la enorme disparidad con sus aliados. Sin embargo, también los canadienses empezaron a encontrar desigualdades en sus relaciones con los otros dos países. El acercamiento entre Canadá y México se incrementó cuando se pretendió construir un bloque estratégico para hacer frente a EEUU. Fue una especie de tratado dentro tratado. Los académicos encontramos una enorme asimetría  existente entre estos países. Incluso un intelectual canadiense vino a dar una conferencia a la UAQ, y su título planteaba la duda sobre la existencia de un tratado, pero sobre todo de una “región de Norteamérica” como tal.

A su vez, Querétaro tuvo impactos no esperados dada su ubicación geográfica. La capital y su zona neurálgica industrial, atravesada por la carretera 57 y su cercanía al Distrito Federal le confirieron atributos para su crecimiento. Pero solamente fue eso. A la larga, México y sus principales regiones únicamente han tenido una mayor dependencia hacia el mercado norteamericano, en tanto que las relaciones con Canadá han sido distantes, esporádicas y con poca inversión efectiva.  En resumen, México no ha sabido aprovechar la enorme cantidad de tratados comerciales con las principales regiones estratégicas, y apenas hemos logrado menguadas ventajas.  Sin duda, los economistas nos dirán su evaluación al respecto, pero respecto a lo social diremos que no ha sido significativo el impacto. Tan solo hemos consolidado la dependencia comercial y el retraso tecnológico. Aunque la entidad queretana ha crecido en términos de inversión en el área industrial, no hemos aprendido a la planeación productiva, la obtener ventajas competitivas, educativas y culturales. No es de ninguna manera una postura derrotista la que debemos adoptar, sino evaluar cuales son los retos y superar los escollos que nos ha traído este importante tratado. Se trata de poner los pies en la tierra, y no tener una quimera de modernidad que mucho daño nos causaría de seguir creyéndola.

 

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