Opinión

Sospecha y desconfianza

La política y la ciencia

Por: Martha Gloria Morales Garza

El sábado 16 de agosto, a las dos de la tarde, fueron publicados los ansiados resultados del proceso de selección de consejeros electorales del IEEQ. De un total de 171 participantes, en las listas publicadas aparecían los 51 mejor calificados (26 hombres y 25 mujeres).

Partiendo del supuesto de que las reglas importan, en este caso, dado que las reglas de selección cambiaron, es importante analizar si este hecho también cambia significativamente el perfil de los 14 consejeros -siete titulares y siete suplentes- que, finalmente, serán electos.

Inicialmente, al proceso se inscribieron 171 aspirantes (de los cuales 60% eran hombres y 40% eran mujeres). Todos ellos cumplían con los requisitos; sin embargo, sólo 154 se presentaron al examen. De ellos, fueron seleccionados 26 hombres (hubo un empate) y 25 mujeres, de acuerdo con el criterio de género, tema -por cierto- muy discutido.

Para la selección de las aspirantes, el corte más alto -la mejor evaluación- fue de 97.78 puntos, mientras que el corte más bajo fue de 70 puntos. En el caso de los hombres, el corte más alto fue 94.44 y el más bajo fue 80.

Esto quiere decir que hombres que obtuvieron el puntaje suficiente para pasar a la siguiente fase quedaron fuera debido a la cuota de género. Igualmente, de haberse aplicado otro tipo de escala, es decir, de acuerdo con los resultados obtenidos por cada persona, únicamente 14 de las 25 mujeres seleccionadas hubieran pasado a la siguiente ronda.

¿Es correcto, entonces, fijar cuota de género en un examen de este tipo? La experiencia es importante según los resultados. Por ejemplo, en el D.F., los resultados entre hombres y mujeres son muy similares; ambos sexos aportaron casi por igual en esta contienda y, en ese caso, de haber hecho el procedimiento de una forma u otra, no habría existido mayor diferencia e impacto. Pero en este caso, considerando la diferencia entre un rango y otro, la cuota por equidad de género sí puede generar una polémica importante.

Por ello sería importante delimitar en qué tipo de convocatoria es correcto establecer una cuota de género y en cuál no; considero, personalmente, que en los casos en los que se pretende seleccionar a candidatos con base en su mérito académico, no debería ser así.

Ahora bien, considerando que en nuestro país son comunes la sospecha y la desconfianza, el caso de las dos aspirantes que presentaron su examen fuera de la ciudad -y que, además, son consejeras actualmente- genera comentarios negativos. Ambas consejeras debieron haber cuidado las formas para evitar especulaciones.

Otro asunto importante que debiera tomar en consideración el INE es que el diseño del examen haya estado a cargo del Ceneval, dado que esta institución no entrega resultados instantáneos, lo cual genera sospechas no sólo entre los aspirantes sino en la comunidad en general. A falta de un comprobante entregado inmediatamente al aspirante luego de concluido el examen, aquél puede afirmar que los resultados fueron cambiados en perjuicio suyo. Por eso es que Ceneval, al menos en Querétaro, no fue una buena opción, pues genera -otra vez, en un país de desconfianza- demasiadas sospechas.

Respecto al perfil de quienes aprobaron el examen, la mayoría son funcionarios o abogados, lo que arroja que los 14 que finalmente sean electos consejeros formarán -en el IEEQ- un órgano técnico más que ciudadano. Por ejemplo, 17 de las 25 seleccionadas son egresadas de la Facultad de Derecho de la UAQ, y tienen experiencia de trabajo en el IEQ o el IFE. Es decir, el 70% de las seleccionadas en esta etapa son o fueron consejeras o funcionarias de organismos electorales.

En el caso de los hombres, a excepción de José Enrique Rivera, profesor universitario, quien fue consejero electoral supernumerario, ha estado también de supernumerario en la Comisión de derecho a la información; es decir, un hombre que ha combinado de manera muy interesante la academia y la política; el resto también comparte un perfil técnico de abogados o funcionarios.

Por ello no sorprende que personas muy capacitadas -como gente egresada de la Facultad de Ciencias Políticas- no hayan pasado a los primeros lugares, pues no cuentan con formación jurídica procesal. Cuando, por ejemplo, el maestro Efraín Mendoza era consejero, había dentistas, arquitectos, periodistas… era un perfil mucho más ciudadano, porque los técnicos eran los que se encargaban de la parte legal y los ciudadanos vigilaban con amplia visión que la democracia se mantuviera. Hoy, el perfil de los 51 es básicamente técnico.

Este hecho cambia de manera significativa el perfil que por muchos años hubo en Querétaro, cuando los consejeros tenían profesiones diversas: no sabían nada estricto de procedimiento, pero tenían esa visión de lo que querían, como ciudadanos, de la democracia.

El siguiente proceso es un ensayo presencial que cada participante deberá escribir al momento según lo que dicten las autoridades del INE. ¿Cómo se elegirá a los 14 consejeros? No hay pautas claras al respecto y ese es un espacio muy amplio de discrecionalidad, pues es probable que intervengan los partidos políticos, aunque no quede explícito en los currículos de los 51 aspirantes.

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