Opinión

Superstición en Querétaro (Segunda parte)

Por Sergio Centeno García

Comentaba en la entrega anterior que por ser Querétaro un lugar donde la mayoría de sus habitantes son fieles de la secta religiosa conocida como Iglesia Católica Romana, se ha distinguido siempre por ser un estado de gente conservadora. Y esto no implicaría preocupación o peligro alguno, si esta secta fuese inofensiva o tuviese en su haber una historia llena de bondades y acciones encaminadas a fomentar el amor al prójimo y la solidaridad entre los hombres, pero por el contrario, es evidente que la historia de esta organización más bien refleja todo lo opuesto.

 

Es comprobable históricamente que dicha secta no sólo ha ejecutado crímenes contra la humanidad como los realizados por el mal llamado “Santo Oficio”, o los miles de casos de abuso sexual infantil cometidos por curas o miembros del clero católico, pero lo más grave para cualquier sociedad es que esta Iglesia (como todas las existentes), fomenta la superstición y la ignorancia entre los seres humanos, con el único interés de no perder el poder e influencia que ejerce sobre los gobiernos y grupos que ostentan el poder en los distintos países donde tiene presencia.

Es de sobra conocido que durante siglos los hombres más inteligentes del mundo, sobre todo de Europa, se vieron en la necesidad de ocultar sus descubrimientos o avances científicos porque difundirlos les significaba perder la vida, pues dueña del poder, la secta mencionada ordenaba a sus esbirros torturar o de plano asesinar a quienes se atrevían a plantear una concepción del universo distinta a la que ella defendía: Copérnico, Galileo o el mismo Descartes, sufrieron la angustia e impotencia que les producía el no poder gritarle a los hombres que el mundo era diferente a como lo planteaba la secta religiosa, y como no recordar a Giordano Bruno, entre otros, quien fue brutalmente asesinado por miembros de esta siniestra organización.

Hoy en día en México las cosas han cambiado muy poco, pues a pesar del trabajo y el esfuerzo realizado por hombres como don Benito Juárez, quien luchó en favor de una sociedad menos supersticiosa y más racional, el poder que aún posee esta organización continúa siendo de gran importancia. Y la consecuencia perniciosa que de ello se deriva es que el pensamiento supersticioso, ése que permite creer en dioses o en demonios o en presuntos libros sagrados que supuestamente los escribió el mismo constructor del Cosmos, ese mismo pensamiento que lleva al fanatismo y a los crímenes en contra de la racionalidad, continúa vigente.

Es Querétaro un ejemplo evidente de esto y para muestra un solo botón: más de una vez los gobernantes panistas de Querétaro, teniendo como pretexto la fundación de la ciudad, han acudido con todo y gabinete municipal, ha depositar ofrendas florales a los pies de un presunto hombre con caballo volador, que según cuentan, se apareció en el cielo cuando españoles y colaboracionistas, se enfrentaban en ruda pelea contra autóctonos queretanos que defendían su libertad y formaban una resistencia en su contra. La superstición afirma que en plena batalla, el apóstol Santiago “apareció” con caballo y cruz para apoyar a los españoles y así pudieron ellos ganar la contienda.

No hace mucho tiempo se dio otro caso del pensamiento supersticioso queretano, cuando llegaron a Querétaro las reliquias de Karol Wojtyla, mejor conocido como “El Papa Peregrino”, las cuales consistían al parecer en una ampolleta que contenía sangre del político muerto y algunos ropajes usados por él cuando vivía. Para darle un mayor realce al evento y hacerlo más creíble y por supuesto, vendible, construyeron una figura de cera del mencionado ex Papa y vistiéndola con esos ropajes, la pasearon por las calles de esta ciudad, utilizando una gran cantidad de recursos públicos en seguridad y logística. Como era de esperarse, cientos o miles de queretanos se arremolinaron en las calles para ver pasar, aunque fuera de lejos, la figura de cera del “Papa Amigo”. En esa ocasión, la superstición llegó a inventar, y los medios locales difundieron semejante absurdo, que la figura de cera, ¡había abierto un ojo! (continuará).

 

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