Opinión

Tardía reacción

Por: Salvador Rangel

En el amor, los negocios y la política hay que ser oportuno, actuar en el momento y lugar adecuados; después, todo se pierde y únicamente quedan las lamentaciones.

Y eso precisamente le pasó el jefe del Ejecutivo federal, en el caso de los estudiantes normalistas desaparecidos: transcurrieron 33 días para que los padres de los jóvenes normalistas fueran recibidos, en la casa presidencial de Los Pinos, para exponer sus dudas, su dolor.

Si ya había tardanza en el terreno judicial, que al principio del problema el caso quedó en manos de las autoridades del estado de Guerrero, al considerarlo como un asunto del fuero común; después reaccionó el gobierno federal y lo atrajo, principalmente por la presión mediática y ante la corrupción de los cuerpos policíacos que, lejos de ayudar al esclarecimiento de los hechos, ocultaron y presuntamente destruyeron pruebas.

El alcalde de Iguala desapareció, los policías municipales fueron detenidos, el gobernador del estado solicitó licencia tardíamente, se nombró a un gobernador interino que se encuentra limitado en el ejercicio de sus funciones, por las presiones políticas locales y federales. Un panorama desolador para encontrar a los jóvenes desaparecidos.

El gobierno federal ha enviado a lo mejor de sus policías, del Ejército, del Cisen, pero los resultados han resultados negativos.

Lo único que faltaba era que los familiares de los desaparecidos se entrevistaran con el jefe del Ejecutivo, y sucedió el 29 de octubre.

Los agraviados llegaron en tres autobuses custodiados por motociclistas de la Policía Federal. Personas que nunca imaginaron ingresar a ese recinto lo hicieron con ropa sencilla, zapatos desgastados, sombreros.

Y se realizó la reunión, por espacio de cinco horas; inició a las dos de la tarde en el salón Manuel Ávila Camacho.

Los testimonios se desgranaron, padres de familia, estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinpa, rostros curtidos por el sol, no se amilanaron frente al Ejecutivo y narraron de forma directa, descarnada, los hechos.

Ahí estaban el secretario de Gobernación, el procurador general de Justicia, el consejero político del Ejecutivo.

Se escuchó la narración del padre, Emiliano Navarrete, de uno de los heridos: “Yo no tenía necesidad de andar por acá, pero por culpa de nuestro gobierno que agredieron a nuestros muchachos…” y así, uno tras otro, relataron la infamia, la saña con que fueron agredidos los estudiantes, la falta de apoyo de las autoridades; uno los estudiantes narró cómo uno de sus compañeros herido en el cuello fue dejado en el suelo, mientras los militares interrogaban a sus compañeros que lo habían llevado a una clínica para su atención; les quitaron sus celulares, les tomaron fotografías y les preguntaron sus nombres.

Después del encuentro se firmó un compromiso de diez puntos; entre otros, se señala que se renueva el plan de búsqueda… después de treinta días deben empezar.

Encuentro que más bien fue desencuentro entre los agraviados y el jefe del Ejecutivo.

Los padres de familia salieron desencantados, no están convencidos, sienten que falta más voluntad del gobierno, así lo piensan ellos y nadie puede criticarlos, un espacio en su casa está vacío y lo único que escuchan son promesas, y el tiempo pasa y nada de resultados.

Melitón Ortega, padre de uno de los desparecidos, expresó: Los resultados para nosotros serán significativos en el momento en que nos entreguen a todos nuestros hijos desaparecidos.

Epifanio Álvarez dijo: A cada rato nos acordamos, mi esposa y yo, de nuestro hijo y vemos una foto y nos sentimos mal; si estamos comiendo, nos acordamos, si él estará comiendo y estará bebiendo, le darán agua, no sabemos cómo esté.

Los sentimientos no tienen reposo, lo tendrán hasta que sus hijos regresen, pero esas horas, días, semanas, meses de incertidumbre no se olvidarán y una fecha más, 26 de septiembre de 2014, se agrega al calendario de agravios, de corrupción y tragedia.

Y los nostálgicos se quedan con lo expresado al presidente, Enrique Peña Nieto, por Emiliano Navarrete: “…Yo no le vine a pedir un favor, le vine a exigir, como ciudadano mexicano que soy, mis derechos…”

rangel_salvador@hotmail.com

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