Opinión

Terratenientes petroleros

Por: Omar Árcega E

twitter.com/Luz_Azul

Mientras millones de mexicanos caen bajo los embelesos de los triunfos de la Selección Mexicana, hacen de Memo Ochoa un ídolo y se alienan confundiendo el ser patriotas con no perderse los partidos del “Tri”; en las comisiones del Senado se discutiendo y dictaminando las leyes que le darán viabilidad al nuevo esquema de negocios de la industria petrolera. Entre los artículos que ya fueron dictaminados, hay uno que es particularmente peligroso, pues puede generar tensiones en el futuro.

Se trata de la forma en cómo se pueden expropiar terrenos con fines de explotación de hidrocarburos. Tal como está aprobada por las distintas comisiones del Senado, da enormes ventajas jurídicas a los contratistas y permisionarios sobre ejidatarios, campesinos o propietarios de los terrenos afectados.

Y es que la Ley de Hidrocarburos, en el Artículo 96, dice: “La industria de hidrocarburos a la que se refiere esta Ley es de utilidad pública. Procederá la constitución de servidumbres, la ocupación o afectación superficial o la expropiación de los terrenos necesarios, conforme a la Ley de Expropiación y demás disposiciones aplicables en los casos en los que la nación los requiera. Las actividades de Exploración y de Extracción se consideran de interés social y orden público, por lo que tendrán preferencia sobre cualquier otra que implique el aprovechamiento de la superficie o del subsuelo de los terrenos afectos a aquéllas”.

Y el Artículo 108 remata: “dentro de los diez días naturales contados a partir de la contraprestación a que se refieren las fracciones tercera y cuarta del artículo anterior (sobre los avalúos). El Instituto notificará a la Secretaría de Energía, quien propondrá al Ejecutivo federal la constitución de una servidumbre legal de hidrocarburos, en términos de las disposiciones jurídicas aplicables”.

De todo lo anterior se desprenden tres grandes problemas. En primer lugar, la cuestión de la conservación ecológica, pues todo indica que si en un terreno de reserva forestal o en un parque nacional se descubre petróleo, estos terrenos perderán ese carácter y podrán ser devastados con los impactos negativos que se generarían contra la biodiversidad de la región. Todo queda supeditado al interés monetario de los posibles inversionistas. Recordemos que la industria petrolea es altamente contaminante. La sociedad y grupos ecologistas deberemos estar muy atentos para que no se pierdan nuestras selvas y bosques.

En segundo lugar, y en palabras de los expertos, lo que se ha aprobado pone en desventaja al propietario o ejidatario de un terreno en cuyo subsuelo haya petróleo. El propio Manuel Camacho Solís sostiene “si el campesino, el indígena o el pequeño propietario no acepta un arreglo, le dan unos cuantos días a la comunidad para que decida. Y si no cede a los términos del permisionario o el inversionista, en ese momento el gobierno usa la fuerza. No tienen ni idea de la violencia social que están provocando”.

Y es que en México, la tenencia de la tierra es un tema muy delicado; nuestra historia nos muestra que cuando no hay arreglo entre las partes, se recurren a medios violentos, unos defendiendo lo que consideran suyo y otros pretendiendo arrebatárselos. Por otra parte, no es lo mismo una hectárea de cultivo, que una hectárea llena de petróleo, el costo aumenta exponencialmente; la gran inquietud es: ¿los inversionistas estarán dispuestos a pagar lo justo? Hay quien sugiere dar acciones a los propietarios con el fin de hacer más equitativo el reparto de la riqueza, pero si eso se realizara, deberá ser reglamentado para evitar posibles estafas a los pequeños propietarios.

El tercer problema es que se considera de “utilidad pública” lo que servirá para el enriquecimiento de particulares; en teoría, al gobierno mexicano le tocará una parte, pero un porcentaje muy considerable se lo llevará el inversor. La cuestión es: ¿desde cuándo los criterios de “utilidad pública” sirven para enriquecer a unos cuantos?

Por lo pronto, en diversas centrales campesinas ya se encendieron los focos rojos. Oficialistas o independientes, ahora tienen una causa común por la cual luchar, esperemos que los dirigentes de las supeditadas al PRI no terminen por alinearse de forma lacaya.

Como podemos ver, mientras se aplauden las atajadas de Memo Ochoa, leyes que impactarán a las próximas generaciones se están cocinando en las entrañas de la Cámara de Senadores. Cuando se dé la aprobación en el Pleno del Senado, habrá artículos que deberán ser reservados y discutidos ampliamente. este ejercicio dialógico no se puede quedar sólo entre los senadores, éstos deberán consultar a los posibles afectados, como -en este caso- a las asociaciones de campesinos o pequeños propietarios, de tal manera que se construya una ley justa y no sólo para beneficiar a los nuevos inversionistas.

Tras aprobarse las reformas secundarias en el uso y explotación del petróleo, bastante dinero danzará sobre nuestro territorio; el asunto es que esta riqueza sea compartida y no termine completamente devorada entre un gobierno ineficiente y corrupto y los inhumanos representantes del capital.

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