Opinión

Todas las cosas pasan

Por: Regina Nava-Böhnel

“Now the darkness only stays the night-time, In the morning it will fade away Daylight is good at arriving at the right time, It’s not always going to be this grey.”

George Harrison en‘All things must pass’

Te despierta un sonido, sin saber qué es o de dónde viene. Abres los ojos y no ves nada. Sientes el sudor deslizándose por tu frente, la espalda, las manos y un frío que te hiela desde los huesos. Te sientes sola y perdida. Tratas de saber en dónde estás. Sientes el peso de las cobijas y sabes que estás en tu casa por el olor a polvo y lavanda. Reconoces el sabor del miedo que te amarga, es una pesadilla, jadeas buscando aire.

Te encuentras en un espacio oscuro y frio, sientes unas manos pegajosas que recorren tu cuerpo, te han quitado la ropa. Oyes risas roncas, tontas, burlonas. Los agresores en complicidad se alegran de haberte escogido joven y bonita. Los oídos te zumban, aunque distingues el rumor del viento entre los árboles y muy lejano el paso de algún auto o camión.

Las manos te golpean, por turnos raspan y sientes el olor a tabaco y aguardiente de ocasión. Cinco individuos han vencido tus resistencias ¿Cómo gritar o pedir ayuda? ¿Cómo salir de este lugar? Te pesa todo el cuerpo. Te dejas hacer en la impotencia. Cierras los ojos y te concentras en otro sueño. No quieres saber lo que realmente está pasando.

Tratas de saber cuál es tu miedo mayor: que te golpeen, te corten, te mutilen, te despedacen y te dejen abandonada. O de que sobrevivas y se repita eternamente la pesadilla.

Sientes el sudor, los movimientos torpes de un cuerpo fuerte entrando en ti, lastimándote, mojándote con su esperma.

Intentas recordar cómo llegaste a este lugar. Entender y escapar.

Saliste de tus clases en la universidad, escuchaste pisadas apresuradas siguiendo tu caminar, hasta que cruzaste la calle y encontraste el auto amarillo, ocupado por tres figuras. Los dos que te seguían desde atrás te tomaron de los brazos, empujaron en el asiento trasero, subieron a los lados y cerraron de golpe las puertas.

Otro tipo te monta, se mueve, se agita, se burla de ti ¿Cómo pudieras escapar?

Pensaste abrazando tu morral sobre las piernas, a quién gritar, a quién pedir ayuda. Supiste de inmediato para qué te querían.

¿Llegarás a sobrevivir? te preguntas mientras el tercer sujeto se apodera de tus piernas.

¿Cómo explicarás a tu papá la tardanza en regresar a casa? Te regañará y castigará tus salidas los siguientes meses ¿Quién querrá salir a fiestas después de esta violenta humedad pegajosa y fría? Finalmente, comprendes el significado de las historias de terror. Estás en tu propia tumba, siendo visitada por diablos de carne y hueso.

Una y otra vez se repite el ciclo. Quieres creer que el tiempo pasa más rápido. Has perdido la voz, la sensibilidad de la piel con tanto frío, con tanto sudor ajeno. Estas agotada, inmóvil mientras el cuarto termina su parte.

Dejarás el llanto, la tristeza, la desesperanza, exigir justicia para después, si sales viva. El temor de esta noche te acompañará para siempre; a veces lucharás contra él y otras te dejarás vencer. Te duele todo el cuerpo, cada célula queda impregnada de la experiencia. El último deja su huella.

Te regresan la ropa, te quitan el reloj y los anillos. Más tarde sabrás que te vaciaron la cartera, revisaron cada objeto de tu morral. Se quedaron con tu pluma fuente, la calculadora que recién te regaló tu novio. Al pasar el tiempo, irás descubriendo que faltan otras cosas más, como la seguridad, la confianza, la alegría y tus sueños.

Te suben al auto y bajan en un crucero, unas calles adelante de dónde te recogieron. Sí, sobreviviste. Tiemblas de frio y miedo, pero la pesadilla se repite cada noche, una y otra vez.

Te despierta un sonido, que reconoces rápidamente.

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