Opinión

Tres retos de la antropología queretana

Por: Francisco Ríos Ágreda*

Los ejes de discusión del 1er. Encuentro Anual de Antropología “Miradas Antropológicas. México a principios del siglo XXI” combinan equilibradamente los temas clásicos de la Antropología como el de los Pueblos Originarios, con los enfoques más recientes de género, sustentabilidad, espacio, territorio, trabajo, economía, política y fronteras disciplinarias, con una constante transversal que es la generación de diálogos en una sociedad tan diversa y tan plural, que expresa, por ejemplo, como en un partido de futbol, celebrado apenas el pasado 27 de abril, entre el Villareal y el Barcelona, en una sola imagen contradictoria se muestran, por una parte, la intolerancia de quien arroja desde las bancas del estadio Madrigal un plátano, en tanto que el futbolista brasileño Dani Alves, del Barcelona, lo toma, le quita la cáscara, lo come y hace el tiro de esquina; por otra parte, se exhiben las expresiones de solidaridad mundial, copiando el modelo zapatista, haciendo emerger en la red del ciberespacio miles de gestos de apoyo al futbolista, con el grito de “¡Todos somos macacos!”.

El futbol, además de pan y circo, es también una construcción social y dota de sentido a los jugadores y a los espectadores físicos, televisivos y cibernéticos, aunque también expresa los sinsentidos de la discriminación, por razones del color de la piel. En ese mismo tenor, considérese la polémica desatada por las declaraciones racistas de Donald Sterling, dueño del equipo de basquetbol de los Clippers de Los Ángeles, en torno a una foto del famoso jugador afroamericano Earvin Magic Johnson, en la que aparecía junto con la novia de Sterling (La Jornada de enmedio, 28 de abril de 2014, p. 14ª).

Reto uno: La lucha contra la discriminación

Socialmente, es una tarea de los antropólogos queretanos luchar contra la discriminación, no sólo en los estadios, en donde se hace visible cuando el portero visitante despeja, mientras los hinchas locales gritan al unísono “¡Puto!”, o dicen, en alguna jugada, “¡Pinche negro culero!”; sino también en las relaciones con las diferentes etnias que conviven en el territorio queretano, con “las Marías”, procedentes de Amealco, con los microcomerciantes triquis de Oaxaca, con los vendedores esquineros, con los limpiavidrios, con los migrantes centroamericanos. Paralelamente, según los resultados de la “Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México 2010” de la CENAPRED, el 55% de los mexicanos reconocían que en nuestro país se insultaba a los demás por su color de piel, en tanto que el 22% de los encuestados manifestaron que no estaban dispuestos a vivir con alguien “de otra raza” o “con cultura distinta” (La Jornada, 5 de mayo de 2014, p 2). También tenemos el ejemplo reciente de Rosario Robles, secretaria de SEDESOL, quien sostuvo, palabras más, palabras menos, que los indígenas tenían más de tres hijos para que el gobierno los mantuviera. En consecuencia, se desliza una posición de que los indios están pobres porque no trabajan y además están mantenidos por el presupuesto federal que administra la Chayo Robles. Los “Otros” siempre están interpelándonos. En el mismo sentido, podríamos hablar de las personas con capacidades diferentes (aunque todos las tenemos), de quienes tienen una preferencia sexual diferente a las pautas dominantes y de quienes profesan un credo religioso no católico, de quienes no comparten nuestra óptica política, o de quienes desde el seno mismo de la Antropología se reconocen como funcionalistas, evolucionistas, difusionistas, marxistas y sus variantes, o posmodernos. La pregunta “¿Podemos Vivir Juntos?” de Alain Touraine (Touraine, 2000) y su respuesta respectiva está en cada uno de los integrantes de la sociedad y, en particular, de la comunidad antropológica. Aquí, en el aula, ¿reconocemos, respetamos o al menos toleramos la diferencia y la diversidad? ¿Cómo andamos en esa cuestión los profesores y alumnos del área de Antropología? Habría que rescatar u ofrecer en el Plan de estudios de la Licenciatura en Antropología las materias vinculadas a esta tarea, como Multiculturalidad, Interculturalidad, Etnicidad y Derechos Humanos. Esto significa que habría que contratar profesores con ese perfil.

Reto dos: Construir una mirada de género

La investigación colectiva “Antropología de la Antropología: Diagnóstico y Perspectivas de la Antropología en México. 1982-2010”, patrocinada por la Red-MIFA, en la que participamos Yolanda Correa y quien esto escribe, nos arrojó interesantes resultados sobre el estado del arte de nuestra disciplina; pero en particular, nos indicó una progresiva tendencia a la feminización de la práctica antropológica. Cada vez más mujeres ingresan a las aulas universitarias, entre ellas las jóvenes que aspiran a convertirse en antropólogas. Por otra parte, como bien sabemos, los estudios de género no son estudios exclusivamente sobre las mujeres sino que contemplan las masculinidades, los diferentes eslabones de las múltiples identidades “Intermedias” (LGTB) entre los dos extremos genéricos, además de la perspectiva “Queer” y del enfoque del posfeminismo. Eventualmente, los varones, con todo y ser antropólogos, muy influidos por los patrones de la sociedad patriarcal y machista, rechazamos, por principio, este paradigma del género que la Antropología comparte con disciplinas vecinas como la Sociología y la Psicología. ¿Cómo nos posicionamos quienes nos dedicamos a la práctica antropológica? ¿Qué tan lejos o tan cerca estamos de las posiciones de Emilio González Márquez, exgobernador panista de Jalisco, quien sostenía -en el 2010- que los “los matrimonios gay le daban asquito”? ¿Hemos avanzado en la transversalización del género en los planes de estudio, como lo señala Género UAQ, o por el contrario, los hemos suprimido? También en esta perspectiva se debería fortalecer la planta académica.

Reto tres: Hacer una Antropología comprometida con la transformación social

Frente a ello, es necesario hacer Antropología desde abajo y desde el sur, y no desde el centro y desde las ópticas del poder y de los grupos dominantes. Es menester que los antropólogos no estemos ajenos al debate nacional sobre la soberanía nacional, sobre la democracia en México, sobre las llamadas “Reformas Estructurales” y sobre los candentes problemas de la sociedad queretana y mexicana. Hagamos de la Antropología una disciplina comprometida con las grandes mayorías, con los pobres rurales y urbanos, con los grupos originarios, con los emigrantes y los inmigrantes, con los grupos alternos y los nuevos sujetos y actores sociales. Hagamos de nuestra disciplina, parafraseando a Marx, una Antropología no para interpretar, sino para transformar.

Fragmento del texto leído por el autor en la inauguración del 1er. Encuentro Anual de Antropología “Miradas Antropológicas. México a principios del siglo XXI”, realizado en la Facultad de Filosofía de la UAQ, del 6 al 9 de Mayo de 2014.

*Profesor fundador de la Lic. en Antropología

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