Opinión

Triclosán ¿El aditivo innecesario?

Molécula de la Semana

Por: Miguel Rea

 

El triclosán es el nombre genérico del 2,4,4-trichloro-2-hydroxy-diphenyl éter, realmente un bisfenol o compuesto policíclico policlorado. El triclosán se descubrió hace más de 45 años y por sus excelentes propiedades bactericidas se usó inicialmente como detergente quirúrgico y para uso en escenarios médicos cuando se deseaba eliminar bacterias de la piel y de superficies. El triclosán es bacteriostático a concentraciones bajas y bactericida a concentraciones mayores. Efectivamente, el triclosán elimina rápidamente un amplio rango de bacterias. Sin embargo, aunque su acción principal es  bactericida, tiene también propiedades antifúngicas y antivirales. La acción bactericida del triclosán se debe al bloqueo del sitio activo de la enzima reductasa de la proteína acarreadora de enoilacilos, una enzima esencial en microorganismos para la síntesis de ácidos grasos, que entre otras cosas se usan para la síntesis de la membrana celular. Debido a que los organismos superiores no poseen esa enzima se ha deducido que el triclosán es seguro para ellos.

Debido a su propiedad bactericida, en 1970 el triclosán se adicionó como ingrediente en jabones. La idea era simple; un jabón con el bactericida triclosán en su fórmula sería muy efectivo para eliminar bacterias porque su acción se adicionaría a la acción bactericida del jabón mismo. Esos jabones se comercializan como jabones antibacteriales. Desde ese entonces el triclosán es un ingrediente común en una lista enorme de productos de consumo. En la actualidad, el triclosán se usa como conservador y cómo principio activo.

 

Algunos productos que comúnmente contienen triclosán incluyen jabones de tocador, detergentes para manos, geles antibacteriales, detergentes de ropa, detergentes de utensilios de cocina, suavizantes para ropa, pasta de dientes, enjuagues bucales, desodorantes, anti-transpirantes, cosméticos, cremas para afeitar, shampoo y acondicionadores, entre otros. También se incluye en algunas marcas de utensilios plásticos de cocina, muebles de jardín y bolsas de basura para evitar el crecimiento de bacterias e incluso puede ser componente de algunas marcas de ropa de cama, calcetines y ropa interior. También se adiciona a dispositivos médicos usados para implantes y en pesticidas. Solo basta observar los ingredientes de los productos en nuestros hogares para darse cuenta de la omnipresencia del triclosán.

 

Una década después de su introducción y uso masivo e indiscriminado se comenzó a encontrar triclosán en suelo, sedimento, agua y alimentos. En 2002 el triclosán fue catalogado en Estados Unidos como uno de los 10 contaminantes más importantes del agua de rio en la categoría de medicamentos, hormonas y contaminantes orgánicos. Se ha encontrado triclosán en leche materna, en agua potable, en lodos de plantas de tratamiento, en polvo dentro de los hogares y en agua de mar. Algunos estudiosos consideran que el triclosán es uno de los principales contaminantes del planeta. Es tal la exposición a triclosán que en un estudio conducido entre 2002 y 2003 en Estados Unidos se encontró triclosán en 75% de 2517 muestras de orina, con concentraciones más elevadas en muestras de individuos con mayor estatus socioeconómico. De forma similar se encontró triclosán en 97% de muestras de leche materna representativas de la población de Estados Unidos.

 

Los efectos y beneficios del triclosán para la salud humana son motivo de debate, pero son preocupantes por su parecido a otros compuestos químicos tóxicos incluyendo bisfenol A, dioxinas y otros compuestos organoclorados. Un peligro potencial asociado al uso indiscriminado del triclosán es la generación de bacterias resistentes a antibióticos médicamente útiles. También hay reportes, en humanos y animales, que indican que el triclosán puede causar reacciones alérgicas y sensibilizar contra alérgenos y componentes de alimentos, inhibir la función muscular, provocar genotoxicidad y tener efectos reproductivos y en el desarrollo.  Más recientemente se ha recabado evidencia de que el triclosán es un alterador endócrino, es decir que interfiere con el funcionamiento hormonal normal de los organismos, por esa razón algunos autores consideran que el triclosán puede ser un riesgo para ciertos tipos de cáncer. Finalmente, se cree que el triclosán tiene importantes efectos ecotoxicológicos.

Aunque la utilidad del triclosán en la escena médica es indiscutible, algunos observadores creen que a nivel del hogar, el triclosán tiene poco o nulo beneficio para la salud humana. Por ejemplo, en el caso de jabones antibacteriales, una práctica deseable para el lavado de manos sería enjabonar y frotar las manos por 40 segundos y hasta 1 o dos minutos. Sin embargo, las prácticas comunes de lavado de manos resultan en tiempos de contacto demasiado cortos para que el triclosán pudiera ser efectivo. Actualmente, el triclosán es permitido como ingrediente en productos de consumo en el mundo entero aunque hay esfuerzos importantes para regularlo mejor. En algunos países, es obligatorio que los productos que contienen triclosán deben reportarlo en la etiqueta. En 1999, en México, se permitía la adición de máximo 0.5% de triclosán como conservador para todo tipo de productos y como ingrediente activo en desodorantes. En 2010 se modificó la reglamentación permitiendo 0.5 % para todo tipo de productos, pero restringiendo a 0.3% cuando su uso es como conservador. En la última modificación al acuerdo, por el que se determinan las substancias prohibidas y restringidas en la elaboración de productos de perfumería y belleza, publicado en el 2014,  no se alteraron los usos o concentraciones permitidas del triclosán. Por esas razones, y porque la química es parte de nuestras vidas, la molécula de esta semana es el triclosán.

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