Trump, aranceles y proteccionismo

Salvo la oposición mexicana, ya nadie en el mundo tiene dudas de que a partir de su toma de posesión, el 20 de enero de este año, el gobierno de Donald Trump ha comenzado a instrumentar una política proteccionista con la que desea, rápido y por decreto, detonar un nuevo proceso de industrialización en Estados Unidos, luego de que durante décadas de neoliberalismo muchas empresas norteamericanas instrumentaron un proceso deslocalización a muchos países, entre ellos el nuestro, buscando fundamentalmente mano de obra barata.
Con el cobro indiscriminado de aranceles a decenas, si no es que, a centenas de países, el gobierno de Trump pretende aplicar una especie de “derecho de piso” a nivel internacional con el fin de recaudar fondos para su gobierno para intentar disminuir su enorme deuda de 36 billones de dólares (unos 720 billones de pesos, 80 veces el presupuesto de México para este año) que equivalen al 122 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB).
Pero lo que más le interesa al gobierno de Trump es que muchas empresas, norteamericanas y extranjeras, regresen o trasladen sus centros de producción a Estados Unidos. Si por Trump fuera, él quiere algo absurdo: que todas las empresas del mundo produzcan dentro de Estados Unidos. Pero el mover empresas a Estados Unidos no es para nada ni sencillo ni inmediato.
Los presidentes norteamericanos duran cuatro años en el cargo. Trump dejará la presidencia en enero de 2029. No es factible que en menos de cuatro años un gran número de empresas trasladen su producción a Estados Unidos. No es sólo tiempo sino también encarar problemas de logística, cadenas de aprovisionamiento, recursos humanos y costo de materiales y de mano de obra. Este último aspecto justo la razón fundamental de deslocalización.
En este contexto, el pasado 31 de julio el gobierno de Trump dio a conocer una nueva lista de aranceles ajustados a 94 países, modificando su lista previa del 2 de abril, en la que se amenazó con aranceles a 210 países.
En esta ocasión, los aranceles más altos, alrededor del 40 por ciento, se aplicarán a países como Siria, Laos, Myanmar y Suiza, del 35 por ciento a Irak y Serbia, del 30 por ciento a Argelia, Bosnia, Libia y Sudáfrica, del 25 por ciento a la India, Túnez, Brunéi, Kazajistán y Moldavia. De ahí para abajo la lista va del 20 al 10 por ciento.
Una vez más queda demostrado que el gobierno de Trump no hace ninguna diferencia entre países aliados y no aliados, pues penaliza con aranceles a muchos de sus principales aliados, como lo son los 27 países de la Unión Europea (aranceles del 15 por ciento, además de que la UE se compromete comprarle a los Estados Unidos 750 mil millones de dólares en energía y a invertir 600 mil millones de dólares adicionales en Estados Unidos).
Estados Unidos le aplicará aranceles del 20 por ciento a uno de sus principales aliados, Taiwán. 15 por ciento a otros importantes aliados como Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Noruega y 10 por ciento al Reino Unido.
En el colmo arancelario, Estados Unidos aplicará aranceles del 10 por ciento a países con los que tiene superávit o como en el caso de Brasil un 50 por ciento con la excusa increíble de que Brasil constituye una “amenaza para la economía y la libertad de expresión en Estados Unidos”.
Por el momento, y gracias al trabajo del gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum, nuestro país no apareció en la última lista. Se tendrán aún negociaciones durante los próximos 90 días, por lo que podremos saber qué pasará con México, en el tema arancelario, alrededor del 1 de noviembre.



