Trump llegó con la espada desenvainada

Donald Trump tomó posesión como presidente de los Estados Unidos el pasado 20 de enero y, tal y como había venido anunciando, desde el primer día de su mandato firmó 26 “órdenes ejecutivas” el día que tomó posesión, además de casi 200 acciones como proclamaciones, memorandos y decisiones administrativas.
Las “órdenes ejecutivas” son una especie de decreto que no requieren de la aprobación ni del Congreso ni del Senado. Al respecto, ¿recuerdan cuando la oposición mexicana se quejaba del gobierno supuestamente “autoritario” de López Obrador? Hoy no dicen ni pío ante una forma de gobernar verdaderamente autoritaria, la de Donald Trump en Estados Unidos.
Hay que recordar que Trump ganó la presidencia de manera apretada, con el 49.8 por ciento del voto popular contra el 48.3 de Kamala Harris, una diferencia de apenas el 1.5 por ciento de la votación. Lo que significa que Trump no llegó con un cheque en blanco, aunque desde que comenzó su presidencia tal parece que es lo que tiene en mente.
Con sus órdenes ejecutivas, Trump abrió varios frentes a nivel global, entre ellos varios en contra de nuestro país, pero también a nivel interior, por lo que en los próximos meses veremos toda una serie de escaramuzas.
A nivel global resalta el retiro de los Estados Unidos del Acuerdo de París (tratado internacional sobre el cambio climático), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el fin del “Acuerdo Verde”, el fin del acuerdo que obliga a la transición a los vehículos eléctricos y la suspensión por 90 días de la asistencia extranjera. Más algo que traerá consecuencia a nivel ambiental: la reactivación a gran escala de la exploración, la perforación y la producción de los yacimientos de petróleo y gas para “convertir a Estados Unidos en un exportador de energéticos”.
Con respecto a nuestro país, la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, en su conferencia de prensa mañanera del 21 de enero, señaló los cinco más relevantes que impactan directamente a nuestro país:
- La declaración de “emergencia” en la frontera sur de Estados Unidos (prácticamente idéntica a la que Trump firmó en 2019 y que Biden derogó a su llegada a la presidencia).
- Reactivación del plan “Quédate en México” (que también puso Trump en diciembre de 2018, para que los que solicitan asilo no se les permita quedarse en EE.UU., sino que, mientras esperan, se queden en México).
- Cambio de nombre a la parte del Golfo de México que corresponde a la plataforma continental norteamericana, por el de “Golfo de América”.
- Decidir en algunos días catalogar a cárteles mexicanos como “organizaciones terroristas”.
- Iniciar pláticas para la revisión del T-MEC (tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá) en julio de 2026 (algo que ya estaba previsto).
Dentro del frente interno está la orden de quitar el derecho de ciudadanía a los nacidos en Estados Unidos, pero de padres indocumentados, algo que contraviene la Constitución de los Estados Unidos, por lo que, hasta el momento, los fiscales generales de 22 estados presentaron demandas para bloquear esta orden ejecutiva.
Además, en la política oficial, en la era Trump, solamente se reconocerán dos géneros: masculino y femenino, y se pone fin a las políticas gubernamentales de equidad, inclusión y no discriminación.
Ante todas y cada una de estas medidas habrá diferentes grados de resistencia, por parte de la población norteamericana, pero también por parte de gobiernos y poblaciones de otros países. Que nadie piense que le será fácil a Trump imponer todas y cada una de sus políticas.



