Opinión

Trump y Peña Nieto. Las relaciones diplomáticas en una nueva era

Martagloria Morales Garza

PARA DESTACAR: El inicio de esta nueva etapa de la historia obliga a reflexionar al menos en dos direcciones; en primer lugar, cómo se forman las personalidades autoritarias y segundo, y más importante, porque existen personas proclives a ser enganchadas en posturas antidemocráticas.

Toda la campaña de Donald Trump anunciaba, en caso de su triunfo, un cambio radical en las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con el mundo, pero particularmente con México. Pero en esta semana, después del viernes 20 de enero cuando el nuevo presidente de los Estados Unidos tomó el mando de ese país, las cosas se pusieron más claras, las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos están por cambiar y están cambiando.

El lunes y martes inundaron la prensa nacional las declaraciones del secretario de Relaciones Exteriores y de Economía de México en el sentido de que México se retiraría del TLC si los cambios no convenían a México, y el miércoles mientras volaba la representación nacional a Washington a iniciar la renegociación del tratado, Trump anunció la firma de un acuerdo para la construcción del muro entre los dos países.

El presidente Peña Nieto por fin hizo una declaración fuerte en contra de este acuerdo y Trump, en represalia declaró que era mejor que se cancelara la reunión programada para el día 30 de enero entre los dos mandatarios. Y en consecuencia Peña Nieto canceló la reunión entre mandatarios.

Más allá de las ventajas o desventajas económicas para ambos países de mantener inalterado o cambiar el tratado, los sucesos de esta semana revelan un vuelco importante en la diplomacia norteamericana.

La diplomacia ha sido sustituida por el Twitter y las por declaraciones autoritarias de D. Trump, y la guerra, aunque sea comercial, aparece como la única alternativa.

La llegada de Donald Trump parece abrir una puerta al enfrentamiento de las potencias mundiales; los problemas con China parecen agudizarse con los temas del reconocimiento de Taiwán como otro país por parte de Trump, y con el conflicto por las islas en el mar chino. Rusia está preocupado por la salida de EE.UU. de Afganistán, lo cual parece generar incentivos para formar una alianza entre China y Rusia, enemigos que fortalecieron a los Estados Unidos en las últimas dos décadas.

Alemania, por su parte, a la cabeza de lo que queda de la Unión Europea aparece como otra fisura que el gigante norteamericano ha abierto, sin calcular con claridad los costos.

México tiene alternativas frente a la guerra comercial que ha iniciado EE.UU. En el más reciente número de ‘Nexos’ (469, enero de 2017), Jorge Castañeda menciona algunos mecanismos para iniciar esta batalla. Algunos de ellos suenan descabellados, pero sin duda resultan armas poderosas para que México tenga posibilidades de sentar a Estados Unidos a negociar la relación comercial con este país como un gran paquete.

Primero, incrementar el presupuesto de los 50 consulados en los Estados Unidos, para que se conviertan en defensores legales de los derechos de los inmigrantes, con el objetivo de sobrecargar el sistema judicial norteamericano. Segundo, obligar a EE.UU. a que demuestre la nacionalidad de los posibles deportados, lo cual nuevamente sobrecarga el sistema judicial. Tercero, oponerse a la construcción del muro con todos los argumentos, jurídicos, ambientales, sociales y culturales y formar un gran bloque internacional opositor. Cuarto, dejar de hacer el trabajo sucio para los Estados Unidos y dejar que los migrantes centroamericanos viajen libremente hacia su destino. Quinto, aprovechar la votación favorable en California a la comercialización de la mariguana y permitir la exportación de la misma a ese estado de la Unión Americana, nuevamente México no tiene por qué colaborar con un gobierno hostil, así que se puede hacer de la vista gorda con la exportación de este producto.

Sin embargo, el inicio de una guerra comercial, con dimensiones mundiales, debería de preocuparnos, pues como si no fueran suficientes los intereses económicos armamentistas que permanentemente presionan a los gobiernos, la personalidad autoritaria y los cambios bruscos en la diplomacia norteamericana parecen abrir puertas a un desastre mundial.

El inicio de esta nueva etapa de la historia obliga a reflexionar al menos en dos direcciones; en primer lugar, cómo se forman las personalidades autoritarias y segundo, y más importante, porque existen personas proclives a ser enganchadas en posturas antidemocráticas y claramente fascistas, racistas o discriminatorias.

La historia no se repite, dice Karl Marx y cuando lo hace es como parodia, pero aún como parodia, los costos sociales y políticos son muy significativos.

Los alemanes todavía se preguntan cómo es posible que Hitler haya llegado al poder y sobre todo cómo es posible que lo haya apoyado la mayor parte de la población, a sabiendas de las barbaridades que estaba realizando. La próxima semana iniciaremos una reflexión sobre la personalidad autoritaria, no solamente de Trump o de Hitler, sino de los que votaron por él y por lo tanto, de todos aquellos que son proclives a una postura autoritaria y antidemocrática.

En 1950, W. Adorno, junto con sus colaboradores de la escuela de Frankfurt, escribieron un libro con los resultados de su investigación titulado ‘Estudios sobre la personalidad autoritaria’, este trabajo y sus resultados nos permitirán extender algunas conclusiones hacia la sociedad norteamericana actual y hacia nuestra propia sociedad.

Esta investigación permite a las ciencias sociales dar un salto muy importante, pasando de enfatizar en las estructuras sociales como referente explicativo del comportamiento, a colocar al sujeto como objeto de estudio directo. Este salto es producto de la confusión de propuestas del pensamiento marxista con el desarrollo del conocimiento de la personalidad por parte del psicoanálisis y particularmente de las posturas de Sigmund Freud.

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