Opinión

Un año de Peña Nieto

Por: Daniel Muñoz Vega

Tenía 8 años de edad cuando Carlos Salinas fue presidente, 14 cuando vino el desastre financiero a finales de 1994, el año del ocaso salinista. El sistema dio un sexenio más para llegar a la aparente alternancia democrática. Esta es la historia contemporánea de México.

 

Para entender lo que pasa hoy en México, habrá que echar una vista al pasado. El actual régimen se presenta como la panacea de la modernización.

No habría motivos para creerles en primera porque no es una cuestión de fe. Aunque los tecnócratas ven el proyecto neoliberal como un dogma en el que hay que creer, la realidad es que en técnica pura, se han equivocado por años.

No sólo eso, sus prácticas van acompañadas de una interminable corrupción que no deja de ser el tremendo mal de este país.

Volvamos a Salinas. Fue él, el último gran reformador. El que dio el pasito a la “modernización” de México, el artífice del sueño mexicano, embajador de México para todo el mundo.

Su proyecto, cimentado en las ruinas del sistema político, fue un atractivo modelo para la endeble clase media mexicana. Sabemos en qué terminó la historia, la misma que estamos por repetir.

Hoy tenemos el mismo partido en el poder que hace 25 años, que impulsa el mismo proyecto y que lo encabezan los aprendices de quienes hace dos décadas, llevaron a México a la catástrofe económica. Acción Nacional fue la continuación de este modelo simplemente con otros matices.

En 25 años se hubieran puesto los cimientos para la construcción de una nueva nación. No lo hicimos. No pretendo entrar en lamentaciones.

La única cuestión que quiero resaltar es que hoy no estamos mejor que hace 25 años. Ha habido cambios sustanciales, sí; pero de raíz, yendo a las entrañas del sistema político, México sigue siendo un país pobre, gobernado por una clase política corrupta, donde sus habitantes no terminamos de despertar.

Para quienes piensen que al comparar el México de Salinas al de Peña Nieto es lo mismo, habría que empezar por decir que en las formas es correcto este análisis: un gobierno sumamente mediático (el caso de la detención de Elba al estilo de “La Quina”), con una oposición casi inexistente, con espíritu reformador; todo el esquema salinista en una nueva versión.

 

Dentro de las muchas similitudes aparece una diferencia trascendental: la forma de ejercer el poder del mandamás es distinta.

Salinas tuvo un proyecto que rebasó los límites de su sexenio, quería prolongar su mandato, sintió que seis años fueron pocos. Es el arquitecto del modelo de hoy, en su tiempo, ejerció el poder, mandaba; gran diferencia a la forma de ejercer el poder hoy por parte de Peña Nieto, quien es el parapeto de un poder más arriba.

¿Quién nos gobierna hoy? Peña Nieto no. El grupo de poder va más arriba del presidente. Mueven los hilos. Será Salinas, el poder económico, los norteamericanos. No lo sabemos, lo que sí es que todas las reformas y el proyecto que impulsa el actual gobierno van dirigidos al modelo económico que ha beneficiado a unos pocos, a las criaturas del Estado como las llama Denise Dresser.

El nuevo ímpetu reformador no tiene nada que ver con instaurar un verdadero régimen democrático, mucho menos busca hacer una justa redistribución de la riqueza nacional, ni ampliar el margen de oportunidades para todos los mexicanos.

El modelo es la continuación del proyecto neoliberal ejercido por formas distintas de poder.

En los cinco años restantes del gobierno de Peña Nieto, no vamos a ver que se pueda hacer del poder como lo han hecho la mayoría de los presidentes. Zedillo, el que se entendía que era el gran títere, se cortó los hilos; Fox enloqueció; Calderón se impuso de manera intransigente; todos tenían sus vacíos de poder pero al final se creyeron presidentes.

Con Peña Nieto no veo ni capacidad intelectual, ni capacidad política para poder decir: Yo soy el presidente.

En próximos días veremos el debate por tratar de aprobar la reforma energética. El presidente ya está programado para repetir en horario estelar que la reforma es necesaria sino queremos ver el Apocalipsis mexicano. En 25 años no quisimos aprende la lección que nos ha representado el saqueo a la nación.

Ya brincan los hombres de negocios por hacerse de su rebanada de PEMEX, como fue hace 20 años con las privatizaciones salinistas. El modelo económico  no va a solucionar las grandes carencias que tiene el país, muy al contrario, las van a acrecentar.

La erosión social seguirá dándose y la veremos en más violencia, más migración y más infelicidad. La representación cíclica del karma a la mexicana, donde veremos lo que ya hemos visto: más crisis y más corrupción.

Peña Nieto invertirá en lo que mejor sabe hacer como lo hizo Felipe Calderón en los seis años de su gobierno, en spots publicitarios. Al estilo Calderón, veremos a Peña Nieto  repetirnos hasta la médula los logros ficticios de su administración.

Que la burbuja financiera mundial no nos vuelva a sorprender reventándose cuando lo hemos entregado todo: el petróleo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba