Opinión

Un fantasma indignado recorre el mundo, toca las puertas de la UAQ

Por Germán Espino

La sucesión rectoral de 2011 fue uno de los procesos más traumáticos para la vida académica de la UAQ de las últimas décadas. Fue una campaña tortuosa, los grupos contendientes se insultaron y llegaron a las amenazas. Se vieron campañas negativas que nunca antes se habían verificado; los ánimos se desbordaron y poco llegó para que algunos se liaran a los golpes, afortunadamente las amenazas no se cumplieron.

Todo esto no tendría nada de raro en una disputa partidista; de hecho este tipo de disputas viscerales que terminan a golpes las podemos ver todos los días en las legislaturas, en los lavaderos de la política partidista…

No estábamos preparados para esto y me pregunto si algún día lo estaremos. Personalmente creo que estos excesos no deben presentarse porque no estamos en el terreno partidista, ni somos políticos “profesionales”. La UAQ es una comunidad, la mayoría de los profesores y estudiantes somos académicos, no políticos profesionales. Antes parecía claro que luchábamos por un proyecto de Universidad.

La reciente disputa ha dado un nuevo perfil a la lucha por los cargos en la UAQ. Me temo que hemos cruzado un punto sin retorno, pues es previsible que de aquí en adelante las luchas por los cargos en la UAQ serán cada vez más parecidas a las feroces luchas partidistas que a las disputas académico-políticas que teníamos antes. Para evitar que la sangre llegue al río es urgente cambiar las reglas del juego.

De entre todo lo malo, hay que reconocer que fue una prueba muy dolorosa, pero salimos adelante; a partir de las decisiones y resultados que obtengamos en los próximos años podremos decir que la crisis nos fortaleció.

La gran lección es que el estatuto orgánico que da pie a procesos electorales tan tortuosos debe cambiar. Gran parte de los problemas que enfrentamos se pueden prever; aun si es cierto que cruzamos el punto sin retorno, unas reglas del juego más exigentes pueden obligar a los actores a conducirse con civilidad.

Como dice Fernando Escalante, México es una “república mafiosa”. Los actores no respetan el marco institucional y los juegos de poder se rigen más por las relaciones clientelares y la astucia antes que por las leyes o la meritocracia. Sin embargo, dentro de este sistema caótico, existen remansos de la sociedad que pueden funcionar en su interior como “repúblicas burocráticas”. Este tipo de repúblicas son aquellas donde la gente es muy ordenada, respeta el marco institucional, desarrolla la prototípica “ética protestante” que consiste en una vida laboriosa, productiva y austera.

En México muchas empresas públicas y privadas tienen que ser muy ordenadas para ser competitivas y por ello funcionan como repúblicas burocráticas. La UAQ, concretamente, ha estado en el medio, entre la república mafiosa y la burocrática. A veces la meritocracia se impone sobre los compadrazgos, pero en ocasiones sucede lo contrario. Desde un punto de vista positivo, al estar en el medio tenemos la oportunidad de ser una república burocrática muy exitosa. Esto no quiere decir que ingenuamente nos aislemos del entorno y nos resistamos a trabajar con la república mafiosa que es el país; por el contrario, implica que asumamos el reto de tener ordenada nuestra casa para ser un agente de cambio en la sociedad mafiosa.

Creo que tenemos los mejores alumnos y también tenemos grandes maestros. Es cierto que tenemos escasos recursos pero para exigir más también podemos ofrecer la garantía de que serán utilizados para relanzar a la UAQ. Si obtenemos más recursos y los aprovechamos adecuadamente podremos transformarnos en una Universidad líder a nivel nacional, después de todo, ¿no es Querétaro uno de los mejores estados y la ciudad, una de las más prósperas de México? Justo sería que la Universidad también se ubique en los primeros lugares en desempeño académico.

Ésa fue la bandera con la que llega Gilberto Herrera, Rector electo de la UAQ. Quienes votamos por él queremos acelerar el cambio para mejorar sustantivamente. El mundo está cambiando vertiginosamente, la UAQ también tiene que cambiar para ponerse a la altura de las transformaciones mundiales.

Un fantasma indignado recorre el mundo…

Es el fantasma de la rebelión. Pero ahora no son trabajadores explotados que anhelan el socialismo, la mayoría son jóvenes clasemedieros que quieren trabajo y educación, así como condiciones más justas dentro de un sistema democrático. Por acá se les llama indignados; en el mundo árabe se habla de la Primavera del Jazmín; en los Estados Unidos es Occupy Wall Street; en España es la Spanish revolution; en Chile es la Revuelta estudiantil…

Muchos atribuyen estas movilizaciones a elementos mágicos como las nuevas tecnologías… Estas interpretaciones mistificadoras ocultan la esencia de procesos sociales muy complejos y diversos. En estos casos las sociedades se han transformado antes que los sistemas políticos y creo que ése es el fundamento del conflicto: una nueva sociedad civil en lucha contra las anquilosadas estructuras políticas que se resisten a cambiar. Estas nuevas poblaciones tienen más formación educativa, están más integradas a la globalización, lo que implica que manejan con facilidad nuevas tecnologías y nuevos recursos culturales como las lenguas extranjeras y la ciencia. A raíz de esta nueva formación cultural, los jóvenes suelen tener mayores expectativas económicas y menos prejuicios religiosos, quizá, incluso, menos apego a las viejas tradiciones de sus pueblos. En México aún no ha prendido el espíritu de los indignados, pero en algunas decisiones importantes el anhelo por el cambio se deja entrever.

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