Opinión

Un nuevo libro de Lichtenberg

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

 

rivonrl@gmail.com

Recibí una crítica fulminante. E iluminadora: “Sus textos son los de un mecanógrafo que nomás transcribe”. Dijo.

 

Respondí que he querido ser mecanógrafo de mis pensamientos, de mis emociones, las que luego se convierten en ideas. Correr el riesgo de convertirlas, una vez escritas, en cosas objeto. Pero me encuentro que otros lo han hecho y mejor, por lo menos hasta ahora.

Estoy en, como contó alguna vez Mario Vargas Llosa, una etapa de la vida parecida a aquel sacerdote que dejó de ser sacerdote, colgó los hábitos porque dejó de creer. Contaba haber estado en una especie de limbo, sintiéndose como un no ser. Había perdido una personalidad y no había adquirido otra. Era una especie de fantasma de sí mismo.

Uno critica al poder y al sistema político-social porque cree en la posibilidad de un mundo mejor. Pero lo que he descubierto son los inalcanzables ideales de perfección humana y los descubrí no por el comportamiento de los poderosos, ya que es su naturaleza, sino por el de los críticos que se presentan como alternativa.

Por eso, de momento, seguiré visitando mis afectos literarios. Ha salido un nuevo libro de Georg Christoph Lichtenberg. ‘Cuadernos’, lleva por título:

-Del Nuevo Testamento dijo que se trataba del “mejor manual de ayuda práctica que jamás se había escrito”. Otra cosa eran los profesores que lo enseñaban.

-Es una buena pregunta, qué es más difícil, pensar o no pensar. El ser humano piensa por instinto, y quién no sabe lo difícil que es reprimir un instinto. Así que los espíritus pequeños no merecen realmente el desprecio con el que se les empieza a tratar en todas partes.

-La superstición en la gente común deriva de su primera y demasiado intensa instrucción en la religión, oyen hablar de secretos, milagros, efectos del demonio y consideran muy probable que tales cosas puedan ocurrir en general en todos los ámbitos. En cambio, si primero se les mostrara la Naturaleza misma, contemplarían más fácilmente con respeto lo sobrenatural y misterioso de la religión, cuando ahora en cambio, lo consideran algo muy común, y no les parece nada especial que alguien les diga que hoy han pasado por la calle seis ángeles.

-Cuando leas la historia de un gran criminal, antes de maldecirlo, siempre agradece al cielo benévolo por no haberte puesto, con tu cara honrada, al inicio de tal encadenamiento de circunstancias.

-Que los hombres retengan tan poco de lo que leen se debe a que piensan demasiado poco por sí mismos. Allí donde un hombre puede repetir bien lo que el otro hombre ha dicho, es porque está acostumbrado a reflexionar.

-Con el lazo con que debían unir sus corazones han estrangulado su paz.

– La religión, una faena dominical.

-No solo no creía en fantasmas, sino que tampoco les tenía miedo.

-Ya que, a decir verdad, no sabemos dónde reside el pensamiento, podemos transportarlo a donde queramos.

-Cuando se servía de la razón, era como un diestro obligado a hacer cualquier cosa con la mano izquierda.

-Estaba allí, tan triste como el comedero de un ave muerta.

-La inmensa mayoría de los hombres tiene raramente en la cabeza más luz de la necesaria para que se perciba que ella está completamente vacía.

-Nosotros, el rabo del universo, no conocemos las intenciones de la cabeza.

-La conversión de los criminales antes de su ejecución puede compararse con un tipo de cebadura; los engordamos espiritualmente, luego les cortamos la garganta, con el fin de que no empiecen de nuevo a adelgazar.

-El otoño que cuenta en la tierra las hojas que esta prestó al verano.

-He estado a menudo a punto de creer con tanta convicción que para agradar a la posteridad tendría uno que ser odiado en la actualidad, que he tenido inclinación a atacarlo todo.

-El mejor refugio contra las tormentas del destino sigue siendo una tumba.

-El bien público de ciertas naciones se decide a partir de la mayoría de votos, a pesar de que cualquiera acepta que hay más hombres malos que buenos.

-En la Francia libre, donde ahora uno puede ahorcar a quien quiera.

-En verdad hay muchos hombres que leen solo para no pensar.

 

-Hacer que las necesidades sean menos sería, se me ocurre, lo que debería inculcarse a la juventud tratando de fortalecerla para ello. Cuantas menos necesidades, más felicidad: una verdad antigua, aunque mal conocida.

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