Opinión

Un panista y su desprecio por la diversidad

Por Jacobo Pichardo Otero

Pensar que todas las personas tienen que tener los mismos valores, las mismas creencias y las mismas preferencias que uno es un error muy grave, una de las demostraciones más grandes de ignorancia que existen.

Esa ignorancia se refleja cotidianamente en actos de intolerancia y discriminación.

Lo que es diferente a mí está mal y simple y sencillamente no lo acepto, lo rechazo y lo catalogo como “malo” o “anormal”.

Ese parece ser el pensamiento del diputado local, Salvador Martínez Ortíz, quien considera que las personas no heterosexuales no pueden acceder a cargos .públicos de elección popular.

Al ser cuestionado por los medios de comunicación acerca de la posibilidad de que los partidos políticos impulsen candidatos gays o candidatas lesbianas en las próximas elecciones, el diputado panista consideró inviable esa posibilidad en Querétaro.

Argumentó que los hombres gays y las mujeres lesbianas “no podrían ser congruentes con la promoción de valores, porque su preferencia sexual va en contra del derecho natural del ser humano”, lo que los incapacitaría para ejercer un cargo público.

El diputado panista sugirió a los queretanos votar por candidatos que promuevan valores familiares y que “tengan propuestas de fortalecimiento de la familia”.

Sus declaraciones son evidentemente discriminatorias, pues sugieren que los hombres y mujeres con preferencias sexuales distintas a las de él no pueden ejercer el derecho que todas las personas tenemos a ocupar cargos públicos; porque dice, son antinaturales y están en contra de lo que él entiende por “valores familiares”.

Habrá que preguntarle qué entiende por antinatural y pedirle que nos explique en base a qué reconoce los “valores que fortalecen a las familias”; aunque sabemos que su concepto de valores procede de la visión moralista de la Iglesia católica.

La discriminación hay que entenderla como una distinción adversa con respecto a algo o alguien, es desigualdad de trato que está motivada por ciertos rasgos que son característicos de un grupo y que causa un daño al cancelar, violentar o inhibir el acceso a los derechos fundamentales.

Evidentemente el diputado panista distingue a quienes no son heterosexuales de quienes sí lo son y sugiere que su derecho a la participación política les sea cancelado.

De acuerdo a la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, que evidentemente desconoce el diputado, se considera una conducta discriminatoria el “negar o condicionar el derecho de participación política y, específicamente, el derecho al sufragio activo o pasivo, la elegibilidad y el acceso a todos los cargos públicos”.

La propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo primero que “todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta constitución” –incluidos el de votar y ser votados– por si no se acuerda Martínez Ortíz.

Y por si tampoco está al tanto, hay que recordarle que en el mismo artículo primero de nuestra Carta Magna se prohíbe toda discriminación motivada por las “preferencias sexuales”, “o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Tal vez el diputado panista salga a declarar que no tuvo intención de decir lo que dijo o que sólo son palabras que no cancelan por sí mismas ningún derecho; sin embargo, la discriminación, en este caso por homofobia, se produce y reproduce socialmente, a través de mensajes de discriminación en lo cotidiano y más en este caso teniendo el eco que consigue él como funcionario en los medios de comunicación.

Es evidente que los que se hacen llamar nuestros representantes populares necesitan capacitarse y sensibilizarse en materia de derechos humanos y aprecio por la diversidad, para que puedan así valorar las diferencias de raza, género, credo, preferencia sexual e ideología como factores de crecimiento y enriquecimiento permanente, tanto individual como colectivo.

Y en ese sentido puedan comprender que existen muchas formas de percibir, sentir y experimentar la sexualidad humana; ya sea desde la heterosexualidad, la bisexualidad o la homosexualidad y no inventarse estupideces como esa, que ojalá nos explique Salvador Martínez, del “derecho natural de la convivencia”.

Declaraciones lamentables y sí, graves.

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