Opinión

Una flor no hace primavera

Por Omar Árcega E.

 

El ambiente político se ha cimbrado en los últimos días. Una muestra de repudio al candidato presidencial priista por parte de estudiantes y la torpe respuesta de la élite partidista fue la mecha que hizo explotar una sensación de repudio y hartazgo que desde hace meses padecen ciertos sectores de la sociedad. Todo esto se tradujo en diversas marchas, unas son anti Peña, otras pro López Obrador y otras más se declaran apartidistas y piden que los medios de comunicación transmitan el proceso electoral con imparcialidad y objetividad.

Esto ha generado que muchos hablen de una Primavera mexicana, en recuerdo de las protestas democratizadoras vividas por algunos países del norte de África y del Medio Oriente. Sin restarle peso a estas movilizaciones creo debemos ser menos entusiastas y algo más cautos.

¿Primavera mexicana?

Es importante para nuestra joven democracia tener evidencia de que existen sectores de una ciudadanía despierta, capaz de organizarse para señalar lo que consideran negativo para la vida democrática. Por otro lado es gratificante percatarse de la indignación de ciertos grupos, los cuales no se conforman con hacer críticas de café, sino que buscan una visibilidad que los lleve a impactar a actores con mayor peso y buscar transformaciones en la dinámica social. También es interesante percatarse como el desarrollo tecnológico crea las condiciones para que en pocas horas exista una respuesta organizada y prácticamente nacional, ante políticos que tienen la ventaja de tener todos los micrófonos y coberturas periodísticas tradicionales.

Todo esto no indica que en este momento estemos viviendo una “Primavera” a lo sumo que estamos a punto de vivir una, es decir un movimiento que cimbre la visión de los políticos, que mueva de tal forma las dinámicas políticas como para generar una serie de transformaciones. La pregunta es, ¿qué hace falta para que estos brotes de cambio alcancen su madurez?

La cuarteta que falta

En primer lugar una mayor participación de los diversos agentes, es decir, esas decenas de miles de estudiantes a lo largo del país están en la necesidad de multiplicarse, habrá que contagiar a otros no de indignación, que seguramente existe, sino de la esperanza que un México distinto es posible. Ante tantas noticias negativas muchos sectores han caído en un desánimo, en un estado donde hasta soñar duele y las ilusiones lastiman. Generar esta esperanza es mucho más difícil que contagiarse de rabia. Algo para lograr esto, es la percepción en los ciudadanos de que su salir a protestar está generando cambios. A este respecto los signos hasta el momento son esperanzadores, en los presentadores de noticias de la principal televisora del país se perciben ciertos cambios de forma, habrá que esperar si esto logra mutar esferas más profundas. Ahora es necesario contagiar esperanza, pero no ese optimismo simplón, sino una confianza realista de que el camino no es fácil, pero hay posibilidad de transitarlo.

En segundo lugar, es necesario generar una identidad común, socializar unas finalidades principales donde las grandes mayorías estén de acuerdo. Este naciente movimiento se nutre de personas con visiones distintas, con intereses diversos, existen desde estudiantes de la Anáhuac hasta alumnos de escuelas públicas, se generan percepciones del mundo diversas, todas muy válidas. Pero esta movilización debe tener un núcleo ideológico unificador y orientador, desde ahí deben generarse todas las acciones. El clamor parece ser un salto cualitativo en el nivel democrático del país, sólo el tiempo dirá si esta idea es un eficaz aglutinador.

Un tercer aspecto a cuidar es la incorporación de diversos actores sociales, los estudiantes son el motor y el corazón, pero un movimiento democratizador se construye de muchas voces: organismos de la sociedad civil organizada, sindicatos, colectivos, iglesias. Esto exige el reto de conciliar visiones que ya hemos analizado.

Finalmente, no basta señalar lo podrido, hay que generar propuestas. Esto no significa que deban ser aceptadas al pie de la letra, muy al contrario es necesario sean complementadas y enriquecidas por diversos actores sociales y políticos.

Cerrando el círculo

Muchos ven un demérito que las movilizaciones ocurran en tiempo electoral, puede tener sus riesgos, pero también sus oportunidades, pues a la próxima camada de políticos que nos gobernará se les manda la señal de que esta sociedad ya es distinta, que un sistema incentivador de la impunidad gubernamental, promotor de prácticas antidemocráticas, no es soportado por los actores sociales

El camino por recorrer es aún largo, la indignación es necesaria pero no suficiente, hay que transformar esa rabia en esperanza realista, en propuesta y empapar a la mayor cantidad de actores sociales en esta dinámica. Sólo así hablaremos de la Primavera mexicana.

twitter.com/Luz_Azul

 

 

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