Opinión

Una lectura para Carlos Dorantes

PUNTO Y SEGUIDO

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Cuando Carlos Dorantes transitaba la frontera entre el aquí desconocido y lo otro allá incierto, tuve la oportunidad de estar con él haciendo guardia nocturna durante tres o cuatro noches, una por semana. Tiempo en el que a todo decía que sí, o a nada decía que no, según se vean los momentos de misterio.

Porque el ambiente lo permitía, tuve la idea de leerle en voz alta algún libro. Elegí Memorias de Adriano, novela en la que Marguerite Yourcenar, según ella misma, reflejó una parte de su vida en que intentó “definir, después de retratar, a ese hombre solo y al mismo tiempo vinculado con todo” que fue el emperador romano. El libro yo lo tenía.

Sin embargo, en el ínter, escuché un comentario del periodista Javier Solórzano respecto a un invitado especial a la FIL de Guadalajara de ese año: Alessandro Baricco. De Baricco conocía Novecento. Un monólogo, hermosa obra que luego haría película Giuseppe Tornatore con el título La leyenda de 1900.

Busqué más información sobre el autor italiano y encontré la reseña de un libro suyo Homero, Ilíada. Llamó poderosamente mi atención lo referente al origen del texto de tal forma que apresuradamente lo compré.

En lo que sería el equivalente a la introducción, Baricco aclara a los lectores: “Hace un tiempo pensé que sería hermoso leer en público, durante horas, toda La Ilíada. Cuando encontré a quienes estaban dispuestos a producir dicha empresa (Romaeuropa Festival, al que se añadieron posteriormente Torino SettembreMusica y Música per Roma), enseguida comprendí claramente que, en realidad, tal y como estaba, el texto era ilegible: se requerirían unas cuarenta horas y un público en verdad muy paciente. Así que pensé en intervenir en el texto para adaptarlo a una lectura pública.

Había que elegir una traducción –entre las muchas, autorizadas, que hay disponibles en italiano– y elegí la de Maria Grazia Ciani (Edizioni Marsilio, Venecia, 1990, 2000) porque estaba en prosa y porque, estilísticamente, se encontraba cerca de mi manera de pensar. Y luego efectué una serie de intervenciones.

Por ejemplo “corté todas las apariciones de los dioses. Como se sabe, los dioses intervienen bastante a menudo en la Ilíada para encarrilar los acontecimientos y sancionar el resultado de la guerra. Son tal vez las partes más ajenas a la sensibilidad moderna y a menudo rompen la narración, desaprovechando una velocidad que, en caso contrario, sería excepcional. De todas maneras no las habría quitado si hubiera estado convencido de que eran necesarias. Pero –desde un punto de vista narrativo, y sólo desde ese punto de vista– no lo son.

La Ilíada tiene una fuerte osamenta laica que sale a la superficie en cuanto se pone a los dioses entre paréntesis. Detrás del gesto del dios, el texto homérico menciona casi siempre un gesto humano que reduplica el gesto divino y lo reconduce, por decirlo así, hasta el suelo. Aun cuando los gestos divinos remitan a lo inconmensurable que se asoma a menudo en la vida, La Ilíada muestra una sorprendente obstinación en buscar, sea como sea, una lógica de los acontecimientos que tenga al hombre como último artífice.

El texto fue leído en público en Roma y Turín, en otoño de 2004, y posiblemente volverá a ser leído en un futuro. La radio italiana transmitió en directo el espectáculo de Roma, lo que supuso una gran satisfacción para múltiples automovilistas y sedentarios de todo tipo. Se verificaron numerosos casos de personas que permanecieron en el coche durante horas, quietas, porque eran incapaces de apagar la radio. Bueno –dice Baricco–, a lo mejor sólo fue porque estaban hartos de su familia, pero en fin, lo que quería decir es que la cosa funcionó muy bien.

Por todo lo anterior la decisión estaba tomada, leeríamos con Carlos Dorantes (pero yo en voz alta) La Ilíada de Baricco. Así fue.

Ahora, cuando releo las memorias del emperador Adriano, imagino y siento que leo con Carlos Dorantes.

Nota: el texto de Baricco está disponible en PDF: http://www.sileessenota.com/attachment/iliada_baricco.pdf

rivonrl@gmail.com


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