Opinión

Una puerta al siglo XXI

Por Omar Árcega E.

Desde hace semanas, hay una discusión que una y otra vez aparece en el espacio público: la reforma al artículo 24 constitucional, tal revuelo se debe a que es uno de los cimientos donde se fundamente el peliagudo tema de la libertad religiosa y el Estado laico.

Un tema de esta naturaleza siempre polariza opiniones, sobre todo en un país donde creyentes religiosos y “libre pensadores” se han enfrentado en distintas épocas, donde en algunos momentos hubo una franca persecución hacia aquellos que profesaban una fe. Esto enturbia una discusión que se debería dar en el contexto del siglo XXI en el que vivimos.

 

Libertad religiosa

Antes que nada se debe refrendar el Estado laico, entendiendo por este término, la separación entre el actuar gubernamental y las cosmovisiones religiosas y/o éticas, las cuales poseen finalidades y campos de acción distintos. Pero sin caer en el “laicismo”, entendido éste como una exageración de los principios del actuar laico que pueden violentar el derecho humano a la libertad de creencia y de culto.

La familia tiene entre sus funciones sociabilizar al individuo, es decir darle herramientas a la persona para comportarse y desarrollarse en sociedad. Un elemento necesario para esta labor, es dotar al sujeto de un cuerpo de convicciones éticas o morales que al parecer de sus padres sea el más adecuado para convivir en el mundo social; esto sólo se puede lograr si el Estado se compromete a proteger el derecho a la libertad religiosa y de culto, tanto en el ámbito privado como público, de forma personal y colectiva. Esta garantía se hace plena cuando se respeta el derecho de los padres a tener la visión ética que más les agrade y que ésta se pueda trasmitir a su descendencia, sin que exista intromisión alguna por parte del Estado. Esto es imposible de lograr si existe persecución contra alguna convicción ética o si se restringe de algún modo su expresión, por esta razón celebramos que en esta reforma se haga explícito que «Esta libertad incluye el derecho a participar individual y colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre y cuando no constituyan un delito o falta penados por la ley».

El fin político

Por otro lado, en la reforma se estipula que «Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política», de este apartado nos llama la atención la restricción que le ponen a los actos públicos de expresión religiosa o de convicciones éticas con respecto a los “fines políticos. La política tiene un campo de acción muy amplio, la Real Academia de la Lengua Española nos recuerda que la novena acepción del término político es: “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”.

En otras palabras, se es político cuando se interviene u opina de alguna manera en los asuntos públicos, es decir, en los asuntos que nos interesan como miembros de una sociedad. Sí durante un acto de expresión de la libertad religiosa se menciona, discute o se decide recabar firmas para pedir a las autoridades que la comunidad tenga mejores banquetas, ¿hay delito por tratar un asunto de interés público? Consideramos que el espíritu de la reforma es que los actos de culto no se utilizarán para fines de política partidista, actitud que fortalece el Estado laico. Por lo que proponemos se abandone la generalización “fines políticos” y especificar “fines políticos partidistas” entendidos estos como el apoyo explícito a un candidato o partido.

Los mitos

Con esta reforma se avanza un poco más en la construcción de la libertad religiosa y de conciencia, algo que en México no se vive de manera plena. Lamentablemente hay gente que ha estudiado tanto el siglo XIX que se imagina que aún nos encontramos en él. El temor de que las jerarquías religiosas controlen las conciencias, es un miedo infundado. Se calcula que sólo el 10 por ciento de los católicos asiste a la misa dominical, por otro lado un indicador de la influencia de una visión religiosa es cómo impacta en algo tan íntimo como la vida sexual; en México son porcentajes ínfimos los que siguen las disposiciones eclesiales sobre este tema, por lo tanto, el supuesto control de conciencias es un fantasma del pasado.

La reforma no contempla cambios a la laicidad de la educación pública, éste es otro de los grandes mitos que se han construido, ya sea por ignorancia o con toda la malicia por parte de los jacobinismos más radicales.

Vivimos en la época de la globalización, donde las costumbres y visiones viajan a velocidades mayores que en el pasado. Nuestras leyes deben estar acorde con las realidades que vivimos, no hay que tener miedo a la libertad religiosa, al contrario, promoverla construye sociedades democráticas, autónomas, solidarias y plurales, donde se planifiquen los derechos humanos, entre ellos el del libre pensamiento. Estamos ante la ocasión de abandonar jacobinismos decimonónicos, que surgieron en condiciones muy particulares de un México que ya no existe, y sentar las bases para que las generaciones futuras vivan en una sociedad más madura y democrática, esperamos que los legisladores le den esta oportunidad a México.

twitter.com/Luz_Azul

 

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