Opinión

¿Universidad privada? ¡No gracias!

Por Ángel Balderas Puga

“El credo capitalista: de cada quien de acuerdo a su ingenuidad, a cada quien de acuerdo a su voracidad”

Joe Stack (1956-2010)

La gran batalla que están dando los jóvenes chilenos en contra de revertir el proceso de privatización de la educación superior y media superior en su país nos recuerda la importancia de seguir debatiendo acerca de las políticas privatizadoras que aspiran a imponer en nuestro país el modelo norteamericano que penaliza fuertemente a las capas económicamente más débiles de la población.

La gran cuestión de fondo del sistema norteamericano de préstamos para que los estudiantes universitarios paguen sus estudios es el sistema universitario elitista (económico no intelectual) de ese país cuyas instituciones más prestigiadas sólo son accesibles a hijos de millonarios o a unas cuantas mentes especialmente dotadas.

Como señalamos en un número anterior, con este sistema las tasas anuales en las instituciones más caras superan con mucho los 30 mil dólares por lo que la deuda de un recién graduado que se incorpora al mundo laboral puede superar holgadamente los cien mil dólares (más de un millón de pesos).

Dos modelos contrapuestos

El modelo universitario norteamericano se contrapone con el modelo europeo de la posguerra.

En el primer modelo sólo los ricos pueden acceder a las instituciones más prestigiadas, pero como sólo una minoría es rica, se reduce la probabilidad de captar a buenos estudiantes pues muchos de ellos quedan fuera por no poder pagar sus estudios y no todos los ricos son buenos estudiantes. Algunos cuantos que no son ricos acceden a becas o a préstamos que deben pagar al terminar su carrera por lo que inician su vida laboral endeudados o deben trabajar durante sus estudios, lo que reduce su eficiencia como estudiantes.

En este sentido es interesante revisar el testamento de Joe Stack, ingeniero en sistemas computacionales, que se suicidó estrellando un avión contra la oficina de impuestos de Austin, Texas (www.t35.com/embeddedart.txt). En ese texto Stack, norteamericano WASP (acrónimo en inglés para “Blanco, Anglosajón y Protestante”) recuerda sus años de joven universitario en Pennsylvania donde su dieta básica consistía en comer pan con mantequilla de cacahuate y de vez en cuando algunas galletas, de otra manera no habría podido costear sus estudios universitarios.

En el segundo modelo muchas universidades europeas eran gratuitas por lo que nadie se quedaba sin la oportunidad de estudiar por motivos económicos por lo que aumenta la probabilidad de captar buenos estudiantes.

Importar lo que no se tiene capacidad de producir

A lo largo del tiempo, el sistema norteamericano fatiga para producir el número de profesionistas que necesita para su desarrollo tecnológico y económico.

El mismísimo Bill Gates señaló, en una entrevista publicada en el periódico español ABC, que a Microsoft le cuesta mucho trabajo encontrar científicos e ingenieros norteamericanos. Textualmente afirmó “en el departamento científico de informática, en las mejores escuelas, la mayoría no nació en Estados Unidos. En la Universidad de Berkeley, el 70 por ciento viene de otro país”. Ante esta afirmación, el reportero le preguntó a Gates “¿Quiere decir que la gran mayoría de los nuevos ingenieros y científicos que trabajan para Estados Unidos nacieron en otros países?”, a lo que Gates contestó “claro… gran parte tiene que ver con la inversión en educación que ya se había hecho hace varias décadas atrás. Y estamos cayendo”.

En el reporte “La importancia de científicos e ingenieros nacidos en el extranjero en la seguridad de los Estados Unidos” del doctor William A. Wulf, presidente de la Academia Nacional de Ingeniería de los Estados Unidos, presentado ante una comisión de diputados norteamericanos en septiembre de 2005, se proporcionan los siguientes datos: entre 1980 y el año 2000, el porcentaje de científicos e ingenieros nacidos en el exterior, que trabajan en Estados Unidos, pasó del 24 al 37 por ciento. En 2005, el porcentaje de doctores en física era del 45 por ciento y de doctores en ingeniería de más del 50 por ciento. Una cuarta parte de los miembros de las facultades de ingeniería en las universidades norteamericanas, nacieron fuera de los Estados Unidos. Entre 1990 y 2004 una tercera parte de los ganadores de premios Nobel por parte de los Estados Unidos, no nacieron en ese país.

Cabe señalar que muchos de estos científicos e ingenieros fueron formados en “universidades públicas” de sus propios países.

Contratar a un genocida como profesor

Las derechas en el poder siempre ensalzan a la educación privada. Sin embargo, ahí suceden cosas tan extrañas como el hecho que el Tecnológico de Monterrey (campus Monterrey) contrató como profesor, en 2007, al ex presidente del gobierno español José María Aznar.

Este político derechista fue denunciado ante la Corte Penal Internacional de la Haya, el 2 de marzo de 2004, por su implicación de forma ilegal en la guerra contra Irak. La denuncia contra Aznar fue suscrita por 13 mil 500 artistas españoles representados en la “Plataforma Cultura y Espectáculos Contra la Guerra”. Aznar fue acusado, con pruebas, de tres graves delitos: crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crimen internacional de agresión, amparados en la resolución 3.314 del 14 de diciembre de 1974 de la Asamblea de Naciones Unidas.

Sin embargo, Aznar fue contratado por el ITESM para impartir durante dos años un curso denominado “Ciudadanía, liderazgo y desarrollo”. Según la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), de la que Aznar es presidente, el ex mandatario español pretende “formar” a jóvenes con aspiraciones de desempeñar “cargos de responsabilidad”.

Es sorprendente que esta prestigiada universidad privada haya pasado por alto la calidad moral de Aznar. ¿Cómo se le puede dar esta cátedra a una persona que ha actuado irresponsablemente promoviendo una guerra fuera de la legalidad internacional? Una guerra que, hasta 2007, había provocado la muerte de 650 mil personas además de dos millones de refugiados, un verdadero genocidio, decidido en marzo de 2003 en las islas Azores por George Bush, Tony Blair y José María Aznar.

¿Cómo se le podría creer el discurso a Aznar en un aula cuando sostuvo que Irak tenía armas de destrucción masiva sólo porque él lo dijo y sin tener ninguna prueba de ello?

¿Cómo puede dar cátedra de ciudadanía una persona que públicamente declara que a él no le gusta que le digan a que velocidad tiene que conducir y cuestiona las campañas de seguridad vial de la Dirección de Trafico de España?

Con estos “maestros” uno se anima a decir: ¿universidad privada? ¡No gracias!

anbapu05@yahoo.com.mx

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