Opinión

Venezuela: un golpe de Estado mediático

Tigres de papel

Por: José Luis Álvarez Hidalgo

Es verdaderamente indignante el manejo informativo que se ha hecho de la situación actual en Venezuela. Los torrentes de información que se vierten en casi todos los medios a nivel nacional e internacional, y especialmente en la radio y la televisión, van orientados a convencer a la opinión pública de que el gobierno socialista de Nicolás Maduro está desatando una ola represiva en contra de los manifestantes y de que ha cancelado los derechos ciudadanos, además de realizar graves atentados a la libertad de expresión.

Es tal la andanada mediática en ese sentido, que hasta periodistas avezados y que han demostrado estar comprometidos con la verdad como Ricardo Rocha, Javier Solórzano y José Cárdenas han mostrado suspicacias y han dejado entrever que a Maduro se le ha pasado la mano totalitaria al enfrentar el conflicto que vive en su país. No entiendo hasta qué punto éstos respetables periodistas no son capaces de ver por dónde asoma la cola el diablo y le den crédito a las especulaciones, mentiras y mendacidades de la ultraderecha neoliberal venezolana y de la abierta intervención de los Estados Unidos para enlodar al gobierno de Nicolás Maduro y provocar su derrocamiento en el corto plazo al instigar un golpe de Estado.

Por supuesto que esta campaña mediática de linchamiento está surtiendo el efecto deseado y el hecho de que existan víctimas mortales ha sido magnificado de tal modo, que en círculos especializados, charlas de pasillo, conversaciones familiares y en cualquier foro de opinión se expresan las más exacerbadas condenas contra el gobierno de Venezuela. El colmo de lo anterior fueron las declaraciones de Barak Obama, en su reciente visita a nuestro país para conmemorar el 20 aniversario de un atropello más en contra de nuestra devastada soberanía, al hacer alusión a los conflictos en Venezuela y en Ucrania y de paso condenar la actuación de ambos gobiernos por “la violencia desatada en contra de los opositores” y al considerar que “sus reclamos son legítimos” y exigir la liberación de los detenidos para entablar un diálogo verdadero. (¿Así o menos intervencionista?) Los aplausos de los convidados a la fiesta no se hicieron esperar.

Lo peor del caso es el parte informativo que realizan los corresponsales en Venezuela sobre la crisis que se vive allá. Una corresponsal de Radio Fórmula se atrevió a fustigar a la izquierda mexicana porque no se ha expresado en torno al suceso y que, al contrario, se rasga las vestiduras al criticar y tratar de revertir la reforma energética de Peña Nieto y no ser capaz de condenar las acciones del gobierno de Maduro. El conductor del noticiario, Mario Ramón Beteta, avaló todo lo dicho por la reportera y le agregó de su cosecha al insinuar que todo se debe a la herencia nefasta del “loco de Hugo Chávez”.

Lo más patético y deplorable fue la cobertura informativa que se hizo sobre el papel que ha desempañado el opositor Leopoldo López, en especial el momento en que se entrega a las autoridades en un acto mediático melodramático y desvergonzadoque fue reproducido con estridencia en todos los medios sin que asomase una mínima revisión crítica al respecto. Se le posicionó en el imaginario colectivo como el mártir de la democracia en Venezuela y así lo refrendó en su discurso poco antes de entregarse al señalar que ojalá su “encarcelamiento valga para que Venezuela despierte definitivamente y podamos construir ese cambio de paz y democracia” (Sic y recontra sic).

Una de las pocas excepciones a esa cobertura informativa tendenciosa y malintencionada la hizo el periódico “La jornada” al cabecear su nota de primera plana y a ocho columnas de la siguiente manera: “Frustra Maduro plan de la derecha para desestabilizar” y uno de los balazos reza así: “La derecha iba a sacrificar al opositor López para crear una guerra civil”. Al reproducir las declaraciones textuales de Nicolás Maduro y ubicarlas en un primer plano informativo, intenta contrarrestar la marejada informativa en favor de los golpistas y en contra del gobierno socialista. Tratar de contextualizar en su justa dimensión el suceso y ponderar la otra versión de los hechos, es un magnánimo esfuerzo periodístico a contracorriente de la oleada derechista que impregna todos los espacios informativos habidos y por haber.

En suma, se trata de un descabellado y fanático intento por dar un golpe de Estado mediático a un gobierno electo democrática y legítimamente; tal y cómo se hizo en contra del gobierno socialista chileno de Salvador Allende en los apenas tres años que lo dejaron gobernar. La derecha utiliza muchas canalladas para derrumbar gobiernos que son contrarios a sus apetitos de dominación y el envenenamiento de la conciencia colectiva a través de los medios masivos de comunicación es, sin duda, uno de sus favoritos y más eficaces métodos de persuasión. ¡No al golpe militar y mediático en Venezuela!

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