Opinión

VII “El Tricentenario del Nacimiento de Fray Junípero Serra” Ensayo a contra-corriente de la Historia Única

La otra cara de la Historia

Por: Miguel A. García y Olvera

Ya se acerca la festividad del Día de Muertos –el próximo sábado 2 de noviembre– en la cual –escuchamos rumores– personas del Gobierno se aprestan a levantar en Plaza de Armas, un altar tradicional para honrar la memoria de Fray Junípero Serra.

Esta manifestación religiosa oficial, por una parte, contraviene el mandato constitucional del carácter laico de las instituciones gubernamentales, y por otra parte, la selección del personaje al que se dedicará dicho altar supone una crasa ignorancia de los responsables de lo que se consigna en la verdadera Historia de nuestro estado de Querétaro en relación al susodicho fraile, cuya versión oficial está viciada de falsedades o interpretaciones sesgadas para justificar lo injustificable, de los gravísimos errores y crímenes de lesa humanidad que se cometieron en la invasión española.

Me pregunto si era necesario y valió la pena para los pueblos originarios, dueños legítimos de los territorios en este continente, someterse como esclavos a una cultura y a una religión extranjera que los consideraba seres inferiores, dudando ‘si tenían alma’. ¿Por qué tratan de olvidar lo que significó históricamente para la humanidad la institución de la inquisición, representada personalmente en nuestro país por Junípero Serra?

Afortunadamente todavía hoy los descendientes de los Jonaces, Pames, Hñähñus, Chichimecas, y de todos los pueblos-nación de nuestro país y de Abya Yala –nombre que ellos han sustituido por el de América–, no han olvidado su estrecha relación religiosa con la Nänä-Jaí, con el Padre Sol, y sus hermanos el Agua, el Viento, la Noche, los Ríos, las Montañas, el Dios Maíz, los Espíritus que viven en el bosque…

Como un ejemplo de esta afirmación y de la mezcla de creencias cito el libro editado por la Universidad de Guadalajara y la Autónoma de Querétaro, del Mtro. José Gerardo Bohórquez Molina, titulado “Coatlicue-Sanjuanita”, donde se narra la síntesis que hace el autor, después de once años acompañando a los peregrinos de Tolimán y del barrio de San Francisquito que van a Aztlán-Mezquitic, a visitar a la Diosa “Coatlicue-Sanjuanita”, ente que ellos identifican como una Diosa ancestral de la Tierra y la Fertilidad, con la Virgen María Madre de Dios.

(Continuará…)

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