Opinión

¡Viva la Revolución, abajo el mal gobierno!*

Por:  Joaquín Antonio Quiroz

Dicen que, palabras más, palabras menos, el Grito de Dolores lanzado por Miguel Hidalgo incluía las palabras con que se titula este artículo. Claro que en ese momento lo que se buscaba era la independencia de México, pero a fin de cuentas también era un proceso revolucionario. Posteriormente durante la Revolución Mexicana la consigna de “Abajo el mal gobierno” era clásica y en el levantamiento del EZLN en Chiapas, la denominación de “mal gobierno” a las administraciones federales, estatales y municipales, fue una constante.

Parafraseando a Carlos Marx y Federico Engels en su libro “El Manifiesto del Partido Comunista”, se puede decir que un fantasma recorre México, es el fantasma de la Revolución. Los grandes millonarios retiran capitales, el peso se devalúa frente a dólar, el crimen organizado se politiza y de sicarios pasan a críticos armados del mal gobierno, los llamados a la Revolución llenan los medios alternativos de comunicación, no hay rincón del país donde no se lancen improperios contra el mal gobierno, el hartazgo es generalizado.

Nuevamente la guerra electoral se nos viene encima y no hay una organización política que ofrezca un verdadero programa de reconstrucción nacional. Todas lanzan frases sin sentido con un solo objetivo: el sufragio de los electores. No se pretende hacer una crítica puntual de los planteamientos partidistas, porque no alcanzaría el espacio editorial. Lo que se busca es hacer una reflexión sobre lo que implican las elecciones como sustento del Mal Gobierno.

La reforma política de 1977 legalizó la participación de partidos políticos diferentes a los oficiales y estableció el financiamiento económico de las campañas políticas, y con ello el control de los partidos y organizaciones electoreras.  No hay una sola de ellas que se presente a contender y rechace tal financiamiento como una muestra de independencia. Ninguna manifiesta la intención de reducir el salario del presidente, gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales y otros puestos de elección popular. Ninguna presenta un programa de reconstrucción y pacificación nacional. Todos buscan un coto de poder por pequeño que sea.

Por otra parte, los ciudadanos inmersos en la gran maraña de corrupción y contubernio electoral, reciben despensas, pantallas planas y otros obsequios para que favorezcan a tal o cual partido con su sufragio el cual, dice el Instituto Nacional Electoral en sus spots de radio, es un derecho irrenunciable. La pregunta que se hacen los ciudadanos es: ¿qué hacer con ese derecho irrenunciable que vale el equivalente a 500 pesos en una tarjeta de debito, una despensa, un equipo electrodoméstico o peor aún la promesa de un empleo? ¿Valdrá la pena sustentar, es decir, darle legalidad al sistema político mexicano a cambio de nada?

Una de las opciones que se analizan en el diálogo comunitario es: votar o no votar, al votar se legaliza al sistema, no votar implica ceder pasivamente el sufragio a los controladores de casillas de siempre y dar la posibilidad de rellenar urnas y otros ejercicios clásicos del sistema electoral mexicano.

La propuesta más acabada que recorre las calles y barrios es rechazar al sistema político mexicano de forma activa y engañar a los engañadores de siempre. A continuación se describen algunas de las estrategias que están ganando terreno en la discusión popular.

Ante el ofrecimiento de una determinada cantidad de dinero en una tarjeta de debito o de cualquier otro beneficio material, se recomienda aceptarlo, finalmente ese dinero procede de los impuestos y estos del esfuerzo de los trabajadores.

Sí el negociador de votos pide como comprobante del sufragio a favor de su partido, una fotografía del mismo tomada con teléfono celular, se debe aceptar la propuesta, pero una vez tomada la fotografía y antes de introducir las papeletas en las urnas se recomienda invalidar el voto marcando varias opciones y cruzándolo con una inmensa X, para evitar que se le sume a uno u otro partido.

Sí el corrupto de siempre indica que habrá cámaras monitoreando por quien se vota, no rebatirle, para no evidenciar las intenciones. Esta acción es imposible, lo mismo el argumento de que por vía satelital se vigila quien vota por cada candidato.

Los ciudadanos en las escuelas, en el barrio, en el transporte público, en las oficinas, están discutiendo estrategias electorales para no sustentar al sistema político mexicano. La más acabada es el rechazo a todos los partidos políticos, mediante la invalidación de las papeletas electorales, y al mismo tiempo aceptar los ofrecimientos materiales, pues en realidad son propiedad del pueblo.

La estrategia antes mencionada podría interpretarse, de llevarse a cabo de forma masiva, como una verdadera subversión política pacífica, una acción real contra el mal gobierno y a favor de un cambio, de una revolución sin armas.

Existen otros llamamientos por parte de quienes tienen ya una historia en las armas, la mezcla de tendencias es altamente confusa, así son los procesos de cambio. La historia evidencia como durante estos, las distintas fuerzas se agrupan o se separan y en el crisol de las acciones se forjan los hombres y mujeres que inevitablemente habrán de dirigir esta nación en sustitución del mal gobierno.

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