Opinión

Votar o no votar: el gran dilema

Un nuevo debate, impensable hace 100 años, sacude a México con las elecciones del Poder Judicial.  Aunque la mayoría parezca mantenerse al margen, cada vez hay más interés en participar en los asuntos públicos.

Ante tanto ruido, la pérdida de la inocencia obliga a abandonar el “útero de la situación conocida” (Rollo May) y a asumir la adultez, para tratar de responder las muchas preguntas que se han desatado, comprender lo que sucede y saber quiénes mueven los hilos de la realidad social:

¿Por qué la derecha llama “dictadura” a un gobierno que promueve la elección democrática, también para ese otro poder republicano que se había encerrado en el Olimpo? ¿La democracia es el mejor gobierno? o ¿son superiores la aristocracia (gobierno de “las-los nobles”), la plutocracia (de las-los ricos), la tecnocracia (de las-los “expertos”), la dictadura militar?  Hay que asumir que “el pueblo” eligió “democráticamente” a Porfirio Díaz, a Hitler, a Trump o a Milei…

Si la Constitución de 1857 ya regulaba la elección de jueces y magistradas-os (artículos 43-50), ¿por qué la de 1917, decidió anularla? ¿Qué sucederá si se reactiva el derecho de “la plebe” a elegir?

Emilio Rabasa (1856-1930), destacado abogado mexicano, argumentó que

“si jueces y ministros son elegidos por las mayorías, podrían responder a los intereses de estos grupos y no a la impartición de justicia, lo que desvirtuaría la función judicial. Los ministros no deben ser representantes de expresiones políticas, sino defensores del Estado de Derecho”. Por eso serían nombrados por el presidente de la República y el Senado, para “garantizar la independencia e imparcialidad del Poder Judicial”.

Tales razones, sin embargo, se basan en mitos que vale deconstruir: *la divinidad de la ley y la justicia, *la autonomía de los jueces, *su imparcialidad, *su meritocracia, *su incorruptibilidad, entre otros.

Las leyes las hacen los humanos y toda acción humana es histórica e inevitablemente política; NO metafísica ni divina; implica valoraciones, dudas, conflictos, errores, contradicciones.… La inevitable o tramposa ambigüedad de varias leyes que nos rigen (a pesar de las heroicas luchas sociales) puede servir y sirve a intereses de los pudientes o del mercado.

En los hechos, lo que hemos vivido con el Poder Judicial es dramáticamente opuesto a su halo justiciero:  Los jueces pueden comprarse (y muchos se compran). Es falso que en México la justicia sea “gratuita, pronta y expedita”; la gente que no tiene recursos para pagar abogados, ni tiempo para seguir los procesos; se desalienta, se resigna y deja de denunciar, ante el 95% de impunidad del sistema. Las cárceles se llenan de pobres y los influyentes son perdonados. La cúpula del Poder Judicial se integra por autócratas semidioses opacos e intocables, que acaparan privilegios, altísimos salarios y ostentosas prestaciones; que protegen a caciques, corruptos y delincuentes; que reparten cargos a familiares y amigos… Todo sostenido por la población excluida e “ignorante”.

En las redes pululan mil críticas a la reforma judicial y su elección:

“Que es una farsa”; “que no tiene pies ni cabeza”; “que reinará la abstención”, “que se votará a ciegas”; “que  se colaron delincuentes”, “que el gobierno federal impondrá sus cuadros”… 

Por fortuna, el caos abrió importantes grietas en el sistema, develando a los indecentes que lo operan, tras el marketing que intenta blanquearlos.

Ganamos conciencia de quiénes deciden sobre nosotros y cómo lo hacen.

Las grietas descubrieron, además, la entereza de muchas abogadas-os comprometidos con el pueblo, que luchan en todos los espacios y niveles del Poder Judicial para detener los saqueos, las estafas, las violencias, y por lograr la distribución equitativa del bienestar, la protección de la población más vulnerable y de la naturaleza.

No importa si el proceso es complejo, ni si pocos acudirán a las urnas (como sucedió en los primeros procesos), hay que apoyar. Mucha gente ya aceptó el desafío: busca, pregunta, analiza, compara, discute y va descubriendo quién es quién.

La dificultad activa el encuentro comunitario. Esta elección va más allá de la suma de tanteos individuales.

📧 maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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