Opinión

Y ahora, ¿qué sigue?

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Al fin terminó la etapa más visible de la farsa democrática. La contienda partidista fue tan turbia y superficial, y los temas electorales tan complejos que por más que el INE-IEEQ se hayan esforzado en invitar a la ciudadanía a ejercer un “voto informado”, la mayoría quedó (me incluyo) más enredada que nunca. La confusión implicó diversos factores:

1) El papel que jugó el legislativo, diseñando extrañas reglas del juego sobre los tiempos de campaña y precampaña, y “spots” publicitarios; sobre la inequitativa distribución presupuestal; sobre la satisfacción de la “perspectiva de género”, supliendo (de buenas a primeras) a candidatos varones, por (sus) mujeres…

2) El papel que jugaron el INE e IEEQ, como ejecutores; diseñando campañas insulsas o discriminadoras (“si no votas, no existes”); el que jugaron los tribunales, sancionando con criterios poco claros y sesgados; arrugándose frente a infractores como el Verde; aplazando la atención a las denuncias y a la corrección de errores…

3) El papel que jugaron, sobre todo, los propios partidos y candidatos, haciendo propuestas ambiguas o inviables, escandalizando, denostándose, espiándose, publicando conversaciones privadas; tramando alianzas impresentables: PT con PRI, PRD con PAN; declinando en favor del adversario (“pero no” de su nefasto partido); ofreciendo al ex adversario (hoy amigo) el voto de sus antiguos seguidores; dividiéndose “estratégicamente”, como partido, para sumarse, unos miembros, a uno de los dos adversarios más fuertes y, otros, al otro; presumiéndose “inmaculados”, pero incluyendo en su equipo a reconocidos corruptos…

4) El papel que jugaron los medios masivos, las empresas del marketing y las encuestadoras, convirtiendo a la política en burdo mercado, informando con sesgo, dando ventaja al candidato que mejor respondiera a sus intereses empresariales…

5) El vertiginoso fluir de opiniones en las redes sociales, abriendo una impresionante gama de “opciones”: votar por el más fuerte; por el independiente; por el ciudadano “no político”; por el rival más débil (para equilibrar), por el menos peor, por la oposición aún no cooptada; ejercer el voto duro, el voto útil, el de castigo, el “voto parlante” (Pedro Miguel), el voto condicionado, el voto nulo; el voto diferenciado; promover el boicot pacífico, el violento, la abstención; anexar a la boleta una hoja de protesta; acompañar el voto con un grito de reproche…

Por si esto fuera poco, agreguemos la presión de ciertos “radicales”: “si no aceptas a mis candidatos, no te dejo colocar tus casillas”; así como el papel omiso o sumiso de la Segob ante graves conflictos en algunos estados. (En Oaxaca, elementos del ejército, protectores de las boletas electorales, se replegaron frente a los promotores del boicot).

Recomendar a la ciudadanía que se informara a través de los portales de los partidos, no ayudó gran cosa. ¿Quiénes tienen internet?, ¿quiénes saben buscar?, ¿quiénes tienen tiempo o cabeza para contrastar propuestas tan vagas?; ¿qué tan congruentes son los “bellos” discursos proselitistas con la historia real de quienes los pronuncian?; ¿quiénes poseen un claro mapa conceptual, para descubrir engaños y no naufragar?

Decenas de muertos, incontables heridos, miles de millones de pesos, produciendo miles de toneladas de basura, para promover una acción de menos de un minuto. A esto llamamos “democracia”.

Según Eduardo Sartelli (pensador marxista argentino), lLa realidad es así, no porque así deba serlo, sino porque así conviene al grupo hegemónico. ¿A quiénes conviene toda esta confusión?

Para reflexionar sobre esto, el martes pasado tuvo lugar, en la Casa de la Vinculación de la UAQ, Carrillo, un foro, muy nutriente: “¿Te marea la contienda partidista?”; “los políticos por allá, nosotros por acá, ¿y después del 7 de junio, qué sigue?”. Nos apoyaron dos académicos de la Universidad Autónoma de Querétaro: Ángel Balderas y Rafael Vázquez, y de entre el público, Donancy Reséndiz (consejera del INE).

Los organizadores temíamos no alcanzar un quórum digno (por tanta saturación proselitista) y asumimos charlar con los pocos que llegaran. Nos equivocamos. Hubo que traer más sillas, y, aunque el intercambio duró dos horas, los asistentes permanecieron hasta al final, y luego siguieron charlando con los ponentes, o entre sí. ¿Quién nos llamó “apáticos”?

Un efecto positivo de tan nefasto proceso electoral, ha sido la fuerte indignación popular; enojo, que mueve al cambio (o, al menos, a la toma de conciencia de su necesidad). ¿Cómo dirigirlo hacia la toma de decisiones que convengan al pueblo?

Concluimos, que sea cual fuere nuestra decisión el 7 de junio, no habrá cambio alguno, sin organización popular, para enfrentar los graves problemas que tenemos. No sobreviviremos frente a la embestida neoliberal, dispuesta a arrebatarnos todo. Sentarnos a esperar a que los políticos resuelvan, no es opción.

Organizarnos es vital, para exigir que los mandatarios hagan su trabajo; para vigilar sus manos; para impedir que privaticen el agua, que Monsanto se salga con la suya, o que crezcan más emporios comerciales; para frenar o dar marcha atrás a la privatización de la educación, de nuestros recursos naturales, de los servicios de salud; para impedir que empresas dañinas invadan las calles y zonas habitacionales; para dotar a nuestras viejas colonias populares de alumbrado público y zonas verdes; para que el transporte público funcione…

Lograr dicha organización, requiere no sólo de confiar en uno mismo y en el poder popular, sino también de tiempo libre y sincronía comunitaria.

¿Cómo conseguirlos, cuando el capitalismo está especialmente diseñado para secuestrar nuestro tiempo, desanimarnos y desarticularnos?

He aquí el desafío. Habremos de ingeniárnoslas para inventar nuevas relaciones.

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