Opinión

¿Y de a cómo el HUESO?

Por Ricardo Noguerón Silva

En el lenguaje coloquial de los mexicanos, la palabra “hueso” se define como el órgano del cuerpo caracterizado por su dureza, firmeza y resistencia que forma parte del esqueleto de los vertebrados. Así mismo, dicho término, es aplicado para aquel empleo, por lo general bien remunerado, que es otorgado a algún simpatizante de quien en ese momento ostente el poder en una institución gubernamental, a cambio de su completa lealtad.

De tal forma, que si usted o alguno de sus conocidos han logrado obtener un “hueso” en el gobierno o institución pública, sus posibilidades de subsistencia son superiores que las de la mayoría de los ciudadanos, al menos por el tiempo en que su contacto o fuerza política con la que usted dice simpatizar, se perpetúe en el cargo.

A lo largo de los años, este mexicanismo ha ido adquiriendo diversas connotaciones dependiendo del entorno en que el mismo sea concebido. Hoy día, existen diferentes tipos de “huesos”, aquellos que simplemente son por amistad o compadrazgo, que no son eximidos de la lealtad hacia quien lo otorga y otros, un poco más complejos, que a manera de subasta, exigen tener un cuantioso capital de respaldo (mismo que será recuperado con utilidades al momento de ejercer el cargo público ofrecido), además de ser miembro activo de la fuerza política en cuestión.

Respecto al “hueso” de subasta, también conocido en el bajo mundo como “venta de candidaturas”, podemos encontrar varios ejemplos en cualquiera de las fuerzas políticas que circundan en nuestro país y si bien, cuando algunas tienen el propósito de generar mayores recursos y utilidades para sus dueños, como es el caso de los partidos Verde y Naranja (sólo por decir algunos), en sus niveles federal y estatal, otros intentan eliminar las enfadosas competencias internas realizando filtros económicos y así lograr el objetivo planteado.

En marzo del 2010, Martín Jiménez, aspirante a la candidatura del blanquiazul por el municipio de Santa Rita Tlahuapan, en el estado de Puebla, fue persuadido por operadores políticos del entonces candidato, Rafael Moreno Valle, con 500 mil pesos para que al momento de buscar el cargo, registrara en su planilla de regidores a la gente de Eusebio Juárez, quien ni siquiera figuraba como aspirante; al negarse, fue sustituido por este último.

Hace sólo unos meses en el Estado de México, siete dirigentes del PVEM denunciaron esta misma práctica por parte de la dirigencia nacional para obtener diversos cargos públicos, a diferentes precios claro está, de cara a la contienda electoral de 2011 en ese estado. Al día de hoy, no se ha iniciado un proceso interno en contra de quienes sustentaron dicha acusación y como tal, el que calla otorga… ¿no cree usted?

Por otro lado y siguiendo la pista de los “huesos” de subasta o venta de candidaturas, para algunos es más que lógica la repentina estrategia que ha decidido tomar Convergencia. El partido de las franquicias naranjas, ha decidido no sólo cambiar de nombre a “Movimiento Ciudadano”, sino que también ha modificado su estructura permitiendo, para el siguiente proceso electoral, que el 50 por ciento de sus candidatos sean ciudadanos comunes y corrientes, intentando acabar de una vez con todas con la reputación de franquiciatarios que se habían formado a través de los años.

Aquí lo interesante, es ver quiénes dentro del negocio del activismo, con sus honrosas excepciones por supuesto, tienen las facultades económicas para poder acceder a una candidatura y efectivamente, la mitad de los contendientes para el 2012 serán ciudadanos, pero ciudadanos con muy buenos cimientos cívicos quizá, pero sobre todo, económicos. Aún no tenemos el dato de cuánto costarán estas candidaturas, pero se dice que son varios miles y hasta millones de pesos… ¿quién se apunta?

A nivel federal y local, en el Revolucionario Institucional circula también el rumor que los organismos estatales, ofrecen al mejor postor las candidaturas al Senado, diputaciones federales y locales, teniendo estos “huesos” un costo de 20, cinco y 1.5 millones de pesos respectivamente, un monto considerable que de ser una inversión, tendrá que ser retornada con cuantiosas utilidades. Según rumores provenientes de algunos regidores del blanquiazul, las sumas y los montos son similares a las del PRI para acceder a una diputación local y/o federal.

Decía Charles-Maurice Talleyrand, destacado diplomático y estadista francés del siglo XIX, “nadie puede sospechar cuántas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta de dinero”, sin embargo, los políticos mexicanos se las han arreglado por décadas para recaudar lo suficiente y seguir cometiéndolas. Mientras que quienes pretenden acceder al poder o mantenerse en él siguen pensando en su subsistencia, los mexicanos continuamos recibiendo tortas, refrescos, tinacos o nada, quedándonos atónitos e inmóviles ante los excesos y derroches utilizados para adormecernos.

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