Opinión

Y el crecimiento… bien gracias

Por: Salvador Rangel

En las campañas presidenciales, todo son promesas, el futuro es color de rosa, se acabará la corrupción, rendirán cuentas tan claras como el agua pura, nada de arreglos en lo oscurito, los intereses colectivos y de la nación son primero, el presidente es de todos los mexicanos, nada de partidismo, se escucharán todas las voces, habrá diálogo, etcétera.

Sí, todo esto y más son palabras de campaña, algunas firmadas ante notario público. Pero llegando el poder, todo cambia, el presidente voltea los ojos o le hacen voltear los ojos a su partido y se convierte en el primer miembro del partido gobernante, no hay sana distancia. Se hace sentir el dominio de mayoría en las cámaras de diputados y senadores, se va al “mayoriteo”. Se hace democracia, todos pueden opinar, pero se hace lo que digo, se forman alianzas con los partidos pequeños; finalmente, los votos cuentan. Y el cambio prometido no llega, hasta los mismo políticos le entran reciclaje: exgobernadores ahora son flamantes secretarios de Estado; otros llegan al Senado por la vía plurinominal, hay que pagar cuotas de poder; a exfuncionarios y exgobernadores los envían a la dulce estancia en cómoda embajada de primer mundo; se les reconoce la influencia política.

Y vienen los ajustes, las reformas “valientes”, a las que ningún gobierno se había atrevido, se presumen a lo largo y ancho del país, se gastan fortunas en el extranjero para darlas a conocer.

Se invita a personajes de la alta política mundial para el arranque de programas sociales que rescatarán de la pobreza a casi la mitad de habitantes de este país.

Y después ese político que llegó a tomarse la fotografía y conocer a fondo la verdadera situación de la pobreza exhibe que la verdad es otra, que el “milagro” económico no es para tanta publicidad.

Y los políticos nacionales, como los toreros, salen por peteneras (decir o hacer algo fuera de propósito) y dicen: no vamos a entrar en discusiones estériles. Nada de aclaraciones, no sea que salgan raspados, mejor el silencio y que se olvide el asunto.

Los pronósticos oficiales de crecimiento económico se caen, se derrumban, al principio las autoridades no hacen caso de los datos que ofrecen los estudiosos, pero al final deben reconocer que es cierto que no se crecerá a lo estimado y del 3.9% lo bajan al 2.7%, casi un tercio del crecimiento original. Y reviran al decir, aunque la cifra es insuficiente, que es superior al promedio de los últimos 14 años. Eso en qué ayuda a la economía actual. Hasta el INEGI les enmienda la plana al publicar que el crecimiento del primer trimestre del año registró el 1.8% anualizado.

Y explican que el problema del primer trimestre se debe a la baja de exportaciones a Estados Unidos, es decir, no es culpa nuestra, es de nuestros vecinos que nos compran.

Y nos venden la idea que el compromiso del gobierno federal es impulsar el crecimiento económico con las reformas a los sectores estratégicos. Que seguramente se verán, sí verdaderamente se dan, en los próximos cinco, diez años, pero mientras qué hacemos. Con declaraciones futuristas y triunfalistas no la hacemos.

Y cada primer sábado de mes, los ciudadanos, todos, sufren el incremento al precio de las gasolinas y el gas. Pero vamos bien. Sólo la oposición y los resentidos se quejan.

Y el Banco de México baja la tasa de interés interbancario del 3.5% al 3.00%, la medida se debe a la debilidad mostrada por la economía. En una palabra, busca reactivarla.

Y esa baja en la economía se debe, entre otros factores, a la aplicación de nuevos impuestos que golpean a la clase económicamente débil; quiérase o no, la comida chatarra y los refrescos han influido.

Y los nostálgicos se van a ver (en televisión) el Mundial de futbol, ese fabuloso distractor, que hace olvidar los gasolinazos, baja del crecimiento económico, inseguridad, etcétera. ¡Bendito futbol!

 

rangel_salvador@hotmail.com

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