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¿Y QUÉ DEL 2026?

Al inicio del año, todos tenemos planes, metas, ideas sobre lo que queremos que pase en el tiempo por venir. Pedimos que mágicamente todo sea bueno, mucha salud, mucha felicidad, un gran trabajo, la familia unida, las mascotas a salvo, en fin, solo que yo en mi experiencia interna, lo que pido es que sea diferente, no sé si mejor o peor, pero diferente. ¿Por qué diferente?, tal vez porque quiero romper con la inercia de cada año nuevo que me ha tocado vivir (75 en realidad) y buscar, generar opciones tan distintas, desconocidas, e innovadoras, que no solo me hagan crear una vida nueva, sino que me permitan en su pasar descubrir esa potencialidad que dentro de mí -está pidiendo a gritos que le deje salir.

Tengo 75 años como dije anteriormente, y tanto por dar, y mucho por generar, que debo apurarme, no en vano dice la Teoría del Envejecimiento, que los viejos (en el sentido amplio y respetuoso de la palabra) ya no debemos posponer.

Mi gran opción es el presente, éste que los budistas aseguran es todo mío. Debo aprovecharlo, saborearle como si fuera un delicioso pastel de esos que me gustan tanto, y acompañarlo también de un buen café, pero sobre todo he de inventarlo, en compañía de aquellos que compartan mi necesidad de cambio y realización.

Estoy loca, ¿soy torpe en mis reflexiones?, no lo creo, diría más bien, que estoy viva, con muchas propuestas en mi cabeza, pero sobre todo con un gran impulso de mi decisión. Dijo Henry Thoreau “todas las cosas buenas, son salvajes y libres” y, congruente a su manera de pensar es que quiero renovar mis votos de libertad, claro con mucha responsabilidad como señalaría Viktor Frankl. Puedo decidir sobre mi vida, mi actuar, mi pensar y dar rienda suelta a mis necesidades. No pido mucho, tan solo respeto, consideración de los demás, silencio ante mis derechos y por supuesto buena voluntad. Tengo claro que mi libertad, toca a cuantos me rodean, debo ser muy responsable de esto y mi consigna conlleva una amplia invitación a cuantos me quieran oír.

Me he propuesto desde años atrás, convocar a personas de mis mismas circunstancias e invitarlos a reflexionar cuanto hay por hacer. Me he parado frente a los grupos e incursionado en la “resignificación de nuestro presente”, en lo importante que es hablar y defender nuestra libertad, para no permitir a otros que decidan por nosotros. He visto la emoción en sus caras y el deseo de auto generarse, hemos platicado sobre la auto trascendencia, nuestra huella que quedará viva, cuando nuestro tiempo haya llegado a su fin.

Pero ¿que implicaría hacer el 2026 diferente? Claro, renovar mis votos, significa esto que el panorama de la vejez y el envejecimiento, en el mundo entero no sólo en nuestro país, resulta muy pobre cuando se nos invita a los viejos mediante programas oficiales de gobierno, a bailar, a excursionar y/ o a hacer actividades manuales. Pero ¿qué hay de nuestra cognición, del derecho a aprender, si a aprender inclusive hasta el último día de nuestra existencia? Considero que esa sería la palabra clave, habré de dirigir todos mis esfuerzos a sensibilizar a mis contemporáneos para generar un programa de educación continua. Aprender es ver el mundo de manera diferente, no permitir que otros aten mis pensamientos, darnos la oportunidad de vivir nuevas experiencias desde nuestra realidad. Es responder a todo un cuestionamiento: ¿Qué queda de mi cuando el mundo no exige nada? La respuesta obligada, si los demás no voltean a verme, seré yo quien los conmine, “porque la vida sólo tiene sentido, cuando nosotros la construimos” (Simone de Beauvoir).

Solo que pasar a la implementación, requiere de un cómplice que por cierto ya encontré. Vaya por ello mi agradecimiento eterno a la UAQ y a DIIGEPaz por abrirme sus puertas para la realización de este sueño.

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