Opinión

¿Y si mejor decimos que la política es el arte de lo poco probable?

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Uno

Lo complejo, como muchos conceptos, debe ser definido con claridad -y suavidad-, si se quiere utilizar fructíferamente en el delicado asunto de acercarnos a la realidad.

Lo complejo es un tipo de cosa que no se identifica con objetos externos ni con voliciones subjetivas: una nube de actos humanos, sin designio ni destino predeterminado que provoca la sintaxis, el dinero, el derecho, la ciencia o la sociedad misma. Provoca el arte, la ficción, la tecnología, la magia, la religión, el eros.

Las crueldades sistemáticas y más inhumanas provienen, en gran medida, de la creencia de que se está del lado de la verdad, la justicia, el bien. Pero sólo de la creencia, hay que remarcarlo más de una vez.

La creencia forma parte de la complejidad.

Hablo de Hayek. Lo complejo es un orden no planeado que resulta de acciones individuales. Agrego que las acciones individuales no siguen un solo patrón de comportamiento. Por ejemplo, un individuo, hombre o mujer, con altos o bajos estudios, joven o viejo, que comprometen su palabra y cumplen sólo una parte, esconden intenciones, no saben si les place más el poder en sí, su uso para beneficio personal o el hacer daño a otros. Etcétera.

Indispensable cultivar y habituarse al llamado punto de vista crítico, que atiende a lo condicionante, como cuando investigamos no a qué nos huele cierta cosa sino a cómo podría el olfato ordenar tantas sensaciones, ya que cada entorno tiene innumerables cosas en trance de emitir partículas que luego son olor.

De esto sabemos porque Kant y su Crítica de la razón pura, 1781, hizo visible un “entendimiento” repartido entre todos y monopolizado por nadie, entendimiento que se encuentra entre la realidad y nosotros, y quien lo olvida promueve el sueño dogmático de una relación directa con la cosa. Mucho de epistemología con pinceladas psicológicas.

Es como magia medieval. En serio.

Dos

Tiene que ver con lo anterior. La ruta más fácil para convertirse en enemigo de la libertad es coartar la libertad de los otros. Violentar sus derechos, obstaculizar sus aspiraciones.

Bertrand Russel decía que el liberalismo no es un credo, sino una disposición. Una actitud opuesta a cualquier credo. Escribió, en 1951, un decálogo para liberales:

1.      No te sientas absolutamente seguro de nada.

2.      No creas que vale la pena producir creencias escondiendo pruebas, porque la verdad saldrá a la luz.

3.      No desalientes el pensamiento, porque tendrás éxito.

4.      Cuando te encuentres con críticos, sea tu marido o sean tus hijos, enfréntalos con argumentos, no autoridad, porque una victoria que depende de la autoridad es irreal e ilusoria.

5.      No respetes la autoridad de otros, porque habrá siempre una autoridad contraria.

6.      No utilices el poder para suprimir opiniones que te parezcan perniciosas, porque si lo intentas, las opiniones te suprimirán a ti.

7.      No temas tener opiniones excéntricas, porque todas las opiniones que hoy son comunes fueron excéntricas antes.

8.      Disfruta el desacuerdo inteligente más que el acuerdo pasivo, porque, si aprecias la inteligencia como deberías, lo primero supone un acuerdo más profundo que lo segundo.

9.      Respeta la verdad, aunque la verdad resulte inconveniente, porque te será más inconveniente tratar de ocultarla.

10.  No envidies la felicidad de los que viven en un paraíso de tontos, porque sólo un tonto pensaría que eso es la felicidad.

Tres

En el mismo sentido.

En 1990, Reinaldo Arenas, disidente cubano, en vez de criticar a Fidel Castro, hizo un breve recuento (ocho o nueve) de sus virtudes. Transcribo la primera:

Político calculador y astuto, cuando tomó el poder en 1959 tenía tres alternativas: 1) la democracia, con la cual hubiese ganado las elecciones en esa fecha, pero hubiese disfrutado de un poder efímero y compartido con la oposición. 2) La tiranía de derecha o convencional, que nunca ofrece una seguridad absoluta ni un poder ilimitado. 3) La tiranía comunista, que en aquel momento, además de cubrirlo de gloria, parecía asegurarle un poder vitalicio. Hábil, Castro optó por esta alternativa.

 

(Con base en textos de andaryver.mx y Los enemigos del comercio, de Antonio Escohotado)

@rivonrl

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