Opinión

Y tú, ¿qué haces para frenar tanta barbarie?

¿Qué formación reciben los políticos en nuestras universidades, que los vuelve inconscientes, egoístas y cínicos neoliberales? Las academias de nuestras instituciones públicas tienen mucho que decir. ¿Por qué las voces de nuestros intelectuales críticos son tan tenues que no logran impactar la toma de decisiones públicas? ¿Dónde quedó la oposición?

Por:María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

En México, numerosos políticos son señalados de continuo como “ineptos”, “corruptos”, “aves de rapiña”, “autoritarios”, “arbitrarios”, “coludidos con la delincuencia organizada” y demás. Diario surgen nuevos escándalos, por el lujo desmedido con que viven a costa nuestra. Por ejemplo, la investigación de Villanueva y Nucci “Los parásitos del poder” evidencia las descomunales pensiones vitalicias de los ex presidentes mexicanos. También sabemos de nuestra muy grave situación de injusticia por el Informe 2016 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Por otro lado, recibimos mensajes constantes de nuestros gobernantes o sus merolicos, sobre: “sus obras inéditas”, sus “alianzas estratégicas con empresas de clase mundial”, sus “oportunas y valientes acciones correctivas” para enfrentar “las crisis que vienen de fuera”, sus “generosas labores humanitarias”, su decisión de “apretarse el cinturón” (léase: reducir el gasto social, no sus prebendas) y otorgar, a cambio, concesiones “conforme a derecho a empresas líderes en el ramo” (léase: “privatizar servicios públicos”), entre otras.

¿Qué les sucede a nuestro cerebro gris y a nuestro aparato afectivo, personal y social, con información tan contradictoria?; ¿cómo logramos procesar, por un lado, mensajes tan engañosos y, por el otro, tan violentos, tan ácidos y tan graves? ¿No bastaría esta incongruencia para activar nuestra inteligencia y entender lo que pasa? Y, si entendemos, ¿por qué eso no basta para reaccionar y frenar eficazmente a tanto sinvergüenza, más allá de lamentarnos?

¿Qué formación reciben los políticos en nuestras universidades, que los vuelve inconscientes, egoístas y cínicos neoliberales? Las academias de nuestras instituciones públicas tienen mucho que decir. ¿Por qué las voces de nuestros intelectuales críticos (psicólogos, sociólogos, politólogos, economistas, estudiosos del Derecho…) son tan tenues que no logran impactar la toma de decisiones públicas? ¿Dónde quedó la oposición?

¿Será que hemos sido reducidos, por el sistema, a “sujetos mínimos” (diría Zemelman), que padecen flojera para pensar, (o “pereza epistémica”, diría de Souza Santos)?

Para los gobiernos, vender bienes públicos, comprar servicios y dar concesiones a empresas privadas es más fácil que diseñar buenas políticas públicas, acordes con nuestras necesidades y condiciones, pero con ello vendemos al diablo nuestra alma colectiva y nuestra soberanía.

¿La desidia ciudadana se debe a una intoxicación por exceso de información chatarra? ¿Qué afectos inhiben nuestro coraje y voluntad, impidiéndonos actuar? ¿Será por falta de tiempo para realizar tareas distintas a las de supervivencia?, ¿por miedo a perder el empleo?, ¿por terror a ser desaparecidos, encarcelados o ejecutados extrajudicialmente por policías o militares corruptos? ¿Será por mera desidia?, ¿por apoltronamiento en esa zona de confort clase mediera? ¿Será que en el fondo sabemos que somos medio cómplices del status quo pues, en cierto modo, nos conviene y “mejor ni moverle”?

Hoy no estamos dispuestos a arriesgar tanto por nuestras ideas políticas, como sí lo estuvieron las feministas, los revolucionarios, las sufragistas, los sindicalistas…

¿Sólo nos queda, entonces, resignarnos, encogernos y resguardarnos en nuestro rincón individual, aliviados porque ahí no ha llegado esa violencia que hizo reaccionar a Miguel Mireles o Néstora Salgado?

Pero, ¿quién dice que los mexicanos no reaccionamos? Reaccionan los maestros de educación básica, frente a la imposición empresarial; reaccionan más de 8 mil académicos prestigiados, apoyando a los maestros (como Manuel Gil Antón); reaccionan importantes investigadores sociales, evidenciando a los responsables de la acumulación por despojo; los padres de Ayotzinapa; el Instituto Politécnico Nacional, para impedir que su escuela se “neoliberalice”; la Universidad Autónoma de Veracruz, demandando al gobernador Duarte; la Universidad Autónoma de Querétaro, amparándose contra del alza arbitraria del transporte público y confrontándose con Domínguez, por los recortes a su presupuesto. Reaccionan los servidores públicos de Morena, renunciando a parte de su sueldo, en pro de más universidades populares; los de la Nueva Constituyente Ciudadana, contra el proyecto neoliberal.

Que esas acciones ciudadanas (aún) “son nimias y desarticuladas”. Quizá. Pero sólo tenemos dos vías: resignarnos o apoyarnos. ¿Cuál nos debilita y cuál nos fortalece cómo pueblo?

Y tú ¿qué haces para frenar tanta barbarie?

 

 

 

 

 

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