Opinión

Yo no voy a votar el 7 de Junio (Primera Parte)

Con el fin de enriquecer el debate, iniciado la semana pasada por el Ing. Ángel Balderas Puga en su artículo: “Elecciones: ¿Votar o no votar?”, retomo y me permito responder algunas de las interrogantes planteadas en el mismo.

Antes que nada me gustaría señalar una verdad inobjetable: el sólo y exclusivo hecho de no votar no modifica sustancialmente la realidad social… amplío la idea; el sólo y exclusivo hecho de votar tampoco garantiza absolutamente ningún cambio y más en el escenario político mexicano, en el cual las alianzas entre los partidos no sólo van contra sus estatutos ideológicos, sino contra la misma razón del multipartidismo.

El maestro Balderas señala que sólo hay tres formas en las cuales los regímenes se modifican: Mediante un movimiento revolucionario armado, por un golpe de Estado (exigencia de renuncia del ejecutivo) o a través de las urnas. Con el fin de poner la lupa en el tema electoral, omitiremos la primera de estos medios para desglosar un poco el segundo y el tercero.

Antes que nada habría que diferenciar los cargos en las diferentes elecciones: no es lo mismo la abstención en las elecciones presidenciales a las llamadas “intermedias” en las cuales se elige al poder legislativo:

Hay varios elementos a tomar en cuenta: en primera la “popularidad” de la elección presidencial, si nos fijamos en la variación entre unas elecciones y otras hay más de un 10% de diferencia,  esto es resultado de la gran exposición mediática que tienen los candidatos a la misma, la confrontación de proyectos suele ser mucho más atractiva para la población que si bien, en su mayoría, no comprende a cabalidad el poder del  ejecutivo en un régimen presidencialista, sí se percata sobre la gran influencia del mismo para dictar política nacional.

En  Latinoamérica el sistema presidencialista les otorga a los ejecutivos privilegios frente al legislativo o al judicial, para el primero tiene la herramienta del veto o del decreto, para el segundo la propuesta de designación de jueces o magistrados; en resumidas cuentas, el voto adquiere un gran sentido en México pero principalmente en la designación del ejecutivo, es decir, llamar al voto para una elección presidencial tiene mucho más sentido para lograr un cambio, que mediante la elección de legisladores.

Sin embargo, aceptemos sin conceder que se llama a las urnas y los diputados de oposición llegan al cargo; ¿Cuál es el poder del legislativo frente al ejecutivo?  ¿Es posible orillar a un presidente a renunciar sólo utilizando a otro poder como contrapeso?

Mientras que en regímenes parlamentarios, el titular prácticamente depende del respaldo de su bancada, en el sistema presidencialista, un congreso exigiendo la salida del titular no hace mella en absoluto si no va acompañado de presión ciudadana.

¿A dónde voy con todo esto? A que si bien no es garante lograr un cambio profundo en las estructuras del sistema mediante la abstención, tampoco de forma inmediata se puede garantizar que mediante las elecciones a diputaciones o gubernaturas se puedan lograr cambios profundos, menos cuando la legislatura se pliega ante un proyecto en común,  como ejemplo tenemos el “Pacto por México” que agrupó todas las fuerzas bajo el dictamen del presidente y su partido.

Ahora, es verdad que no hay posibilidades de diferenciar entre aquellos que eligen no votar como forma de repudio al sistema político (A candidatos y partidos o al mismo árbitro electoral) y aquellos que deciden no asistir a las urnas por no perderse un instante del partido de fútbol –que coincidentemente concuerda con la elección del 7 de junio- sin embargo si es posible hacer un análisis de comportamiento colectivo sobre la abstención: veamos las cifras sobre la abstención en las elecciones del 2006:

En primer lugar se encontró Juárez, en Chihuahua con un 64.60% de abstención, dicha región es tristemente célebre por el número de feminicidios que ha registrado la entidad sin que las autoridades puedan hacer nada al respecto. El tercer lugar en porcentaje de abstención fue Comitán, Chiapas, que cuenta con cerca de 93 mil 632 habitantes de los cuales el 66.4 por ciento de la población total del municipio vive en condiciones de pobreza, mientras que el 16.6 por ciento, según el Coneval,  presenta condiciones de pobreza extrema. El cuarto lugar con un 57.00% que se abstuvo fue Ayutla de los Libres, el 88% de los habitantes vive en pobreza y la mitad de sus habitantes no tiene recursos suficientes ni siquiera para comer. El quinto fue Puruándiro, Michoacán con un 56.09% donde las estrategias de seguridad no han rendido frutos y en donde se han asesinado a un gran número de funcionarios públicos en los últimos años.

Si bien en lo particular no hay una relación sobre los que se abstienen por indiferencia a los que se abstienen por conciencia política, la abstención observada a gran escala nos permite descubrir variables bajo la cual la expresión popular se manifiesta con el abandono de la “fiesta democrática” de las elecciones.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba