Opinión

#YoSoy132 desaparecerá… y qué bueno

Desde las Pampas

Por: Rafael Vázquez Díaz

La noticia sobre la incorporación de Antonio Attolini –ex vocero del movimiento #YoSoy132– a las filas del tan criticado enemigo televisivo no debe sorpresiva ni debe ser catalogado como una traición. ¿La izquierda está en jaque con este movimiento estratégico y de avanzada que hizo Televisa? Intentemos resolver esta pregunta.

Más allá de las declaraciones de deslinde, desconocimiento, de la saliva reiterativa de seguir en la causa o de los litros de tinta que correrán bajo las plumas mordaces de los 132, es bastante clara una cosa: el movimiento, bajo su sistema burocrático, torpe, inestable e asambleísta desaparecerá muy pronto. Y es una cuestión positiva.

Maristella Svampa (2010) en su texto sobre las matrices socio-políticas de América Latina señala cuatro vertientes político-ideológicas, que a pesar de que son tipologías ideales, podemos identificar con facilidad: la indígena comunitaria (representada en México por el EZLN), la nacional popular (Morena, AMLO y el discurso nacionalista), la izquierda clásica o tradicional (usualmente presente bajo el sistema de un partido político, PC, PSUM) y la “nueva” narrativa autonomista, en este caso, justo lo que representa #YoSoy132.

Este tipo de movimiento se caracteriza por instalarse en el marco de la “memoria corta” –no olvidemos que los impulsos iniciales de este movimiento surgieron bajo la crítica a EPN por la represión en Atenco– y además es construida como un “relato identitario”, funcional bajo asambleas, autonomía, democracia por consenso y horizontalidad.

Svampa además se adentraría en señalar que ésta es construida por una narrativa que “se nutre del fracaso general de las izquierdas tradicionales.” Este elemento es clave para entender el ethos del militante #YoSoy132.

Max Weber en La política como vocación (1919), señalará que hay dos formas de hacer de la política una profesión. Se puede vivir de la política o se puede vivir para la política. La diferencia sustancial radica en que unos hacen de la política una forma de obtener ingresos, sus expectativas son a largo plazo y sus cálculos y negociaciones estarán marcados por estas intenciones personales. Por el otro lado los que pretenden vivir para la política, deben tener un ingreso alternativo y una estabilidad financiera que no los obligue a construir sobre formas preestablecidas porque la necesidad se impone.

132 está formado por estudiantes con pretensiones políticas. Algunas de éstas son para la obtención de cargos públicos, otros para hacerse notar como periodistas o analistas políticos destacados y muchos otros simplemente por ser tomados en cuenta al momento de elaborar política pública que los afectará a ellos y a su familia a corto, mediano o largo plazo.

El movimiento tenía una fecha de caducidad y no volverá a recuperar su época de oro, tras el reajuste electoral, y siendo ciudadanos de una república federal, presidencialista y con una democracia representativa –en declive, pero aún vigente– los jóvenes tendrán que madurar, políticamente hablando y percatarse de la importancia de entrar a jugar bajo las reglas marcadas del tablero. Y con ello no me refiero a los clásicos actuares políticos reprobables que proliferan en nuestro país (corrupción, clientelismo electoral, nepotismo, deshonestidad), sino el de los partidos políticos y los movimientos institucionales que acceden al poder mediante el voto popular.

¿Es perfecto nuestro sistema democrático? ¿Se deben abandonar las luchas callejeras y movimientos políticos? No, sólo que hay que comprender que mientras el sistema electoral sea vigente, las modificaciones al mismo tienen que venir de la mano de un actuar legislativo que corrija o reconstruya –según el punto de vista– las alternativas vigentes. El movimiento social tiene que venir acompañado de una propuesta, de una camada de jóvenes que se instruyeron, ideológicamente hablando, bajo un esquema popular y de reivindicación social.

Al país le faltan políticos jóvenes que arrastren sobre sí una narrativa comunitaria, nacional popular, de izquierda clásica y de nueva narrativa, el relevo generacional –hacia unos años– parecía que quedaba en manos exclusivamente de las juventudes partidistas cuyas mayores virtudes eran el alineamiento incondicional, irracional y rastrero hacia su partido y los ocupantes de los cargos.

¿Y Attolini? No, él ha decidido tomar un camino acorde a su formación, ojalá siga dando batalla dentro de la televisora, y si no, va a ser claramente desenmascarable. La credibilidad es lo único que puede tener un periodista, y Antonio está empezando con el pie incorrecto. Veremos hasta dónde le dura.

Sin embargo, es momento de agradecer a #YoSoy132 por forjar, en el momento en que el país lo requirió, a tantos jóvenes que se encontraban desinteresados en la política y que ahora ven las cosas de manera diferente. Es hora de ver cómo se marchita esa hermosa flor y que sus semillas prendan raíz sobre nuestras viejas y desoladas instituciones. Es momento de que la juventud se acerque a los esquemas partidistas y germine ahí adentro, siempre recordando todo el bagaje que adquirió en las calles en este 2012 agitado. Es tiempo de que esta nueva juventud nos represente con dignidad y honestidad en los recintos que nuestra imperfecta democracia demanda.

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