¿Regresó la Resistencia Albiazul? Gobierno del Estado dice que aún no

El Corregidora volvió a latir entre cantos, goles y una tarde que no fue cualquiera. El estadio no sólo vivió un partido más del calendario; fue escenario de reencuentro que muchos esperaban. Desde mucho antes del silbatazo inicial, el ambiente era distinto, había expectativa, pero también algo más profundo; la sensación de que esa tarde el futbol se iba a vivir con voz propia.
No era un duelo cualquiera. Querétaro y León protagonizaron una edición más de un enfrentamiento que, aunque no siempre es reconocido oficialmente, para la afición ya tiene nombre propio: el Clásico del Bajío. La cercanía entre ambas ciudades y la rivalidad que se ha construido con los años le dieron un peso especial a la tarde, tanto en la cancha como en las gradas.
Querétaro salió decidido, presionando desde los primeros minutos y mostrando una intensidad que rápidamente se reflejó en el marcador, al minuto 21, Jhojan Julio encontró un espacio fuera del área y sacó un disparo potente que terminó en el fondo de la red. El gol abrió el partido, pero también desató algo en las tribunas.
Desde la zona norte del estadio, en la parte alta, la experiencia se vivió de manera particular. Justo arriba, dominando la tribuna, la Resistencia Albiazul marcó el ritmo del encuentro, los cantos bajaban con fuerza y hacían vibrar el Corregidora. No fue un apoyo aislado: fue firme y constante durante todo el partido, cada jugada, cada recuperación y cada avance estuvieron acompañados por una voz colectiva que no se apagó.
La coordinación entre la afición fue evidente; globos azules y negros comenzaron a aparecer entre los asistentes, elevándose al compás de los cánticos y reforzando la identidad en la tribuna. Llamó especialmente la atención que el sonido local no buscara imponerse: no hubo música ni locución encima del aliento. El estadio se dejó llevar por su gente y permitió que el ambiente naciera desde la grada, de forma natural y auténtica.
León intentó reaccionar antes del descanso, pero se encontró con un Querétaro ordenado, sólido en defensa y con un arquero atento el primer tiempo se consumió con la sensación de que el partido seguía abierto, aunque el equipo local parecía tener claro el control anímico del enfrentamiento.
En la segunda mitad, los Gallos mantuvieron la intensidad. Al minuto 56, nuevamente Jhojan Julio apareció para firmar su doblete y poner el 2-0. El Corregidora explotó; los cantos crecieron, se hicieron más fuertes, y la tarde terminó por pintarse de azul y negro, añadiendo que poco después, la expulsión de un jugador de León complicó cualquier intento de reacción visitante.
En medio del festejo, una bengala logró encenderse brevemente entre la multitud, un instante que reflejó la emoción desbordada de una afición que volvió a hacerse sentir. El resplandor se mezcló con los colores de la tribuna y confirmó que no se trataba de una tarde común.
Con el marcador a favor, Querétaro supo manejar el cierre del partido, mientras desde las gradas el aliento se mantuvo vivo hasta el final. Desde abajo, la sensación era clara, el Corregidora retumbaba. No solo por los goles, sino por una afición que regresó a ocupar su lugar y a recordarle al equipo que, cuando la grada canta, el futbol se juega acompañado.
Al final, el silbatazo señaló más que un resultado. Fue la culminación de una tarde buena, un triunfo en la cancha, el regreso de una afición que recuperó su voz y un estadio que volvió a latir; una tarde que quedará marcada como el día en que el sonido de la Resistencia regresó al Corregidora.
Al cierre de esta edición, el secretario de Gobierno, Eric Gudiño, afirmó que aún no existe un regresó formal de la barra al estadio: “la restricción a la porra sigue vigente por parte de la Federación Mexicana de Futbol. Hasta hoy la FMF no ha informado ni al estado de Querétaro ni a la directiva que este veto haya sido levantado”, enfatizó.



