Sabandijas del palacio
Cuando se caiga el sentido de la existencia virtual, cuando la tecnología incumpla su promesa de perpetua satisfacción ahí estaremos nosotros para consolarte con el abrazo de la ficción teatral.
Grupos y Compañías de Teatro
Recopilación de Información: Jessica Iñiguez
Querido espectador:
Sé que en los próximos tiempos tendrás miedo de arrebujarte en una butaca de la primera fila y recibir un baño de saliva expelida por Hamlet o Blanche Dubois. Recuerdas haber visto a contraluz, antes de la pandemia, un chorro generoso que brotaba de los belfos de los intérpretes teatrales. Además, tienes muy presente en la memoria aquella tos imparable que atacó al señor que estaba sentado justo detrás de ti.
Por si fuera poco, a tu lado moqueaba conmovida una dama hipersensible que se dejaba estremecer por cada frase de amor no correspondido que la actriz profería con virtuosismo histriónico. Sí, debes sentir que el teatro es campo minado para tu cuerpo, que ha debido confinarse y vivir a través del internet.
Vivir. Quieres vivir y la carne de los otros se ha convertido en portadora potencial de la calamidad. Un metro no basta, prefieres mantener a todos los extraños a una distancia prudente que exceda el alcance de la parábola salival. Dos metros. Tres. Quizás más. Por ahora sacias tus ansias de ficción a través de Netflix, YouTube, Amazon y las infinitas plataformas que abrieron una oferta inextinguible de teatro filmado. Lees a veces algunos libros y te solazas mirando las publicaciones virtuales de tus amigos, a los que les ha dado la manía de cambiarse de sexo para imaginar que tienen una vida paralela.
A todos nos gusta ser quienes no somos, aunque de todos modos nadie sabe quién es en verdad. Trabajas a distancia y dirimes asuntos de la cintura para arriba. Si vives sólo has debido refrenarte de la cintura para abajo. Si vives acompañado, el riesgo de infección se duplica o triplica, y eso te asusta aún más. Temes por ti y por quienes amas. Y así, ante este panorama, parece que la vida puede sobrellevarse sin teatro, que —al fin y al cabo— no es más que una expresión atávica y primitiva de nuestros instintos gregarios, rituales.
Pensarás que te basta el contacto humano de un círculo reducido de asépticos conocidos y te contentarás con la seguridad que te ofrecen las pantallas, que brindan una sensación de cercanía impersonal. Lo que importa es no morir. No morir. Mantener al cuerpo latiendo, respirando, digiriendo, orinando.
Cuidarás el cuerpo porque sin él tu identidad se iría a la mierda, sin él desaparecerías, te extinguirías sin dejar huella. Por eso publicas en las redes sociales, te fabricas un avatar, te fotografías. Para no desaparecer. Pero has empezado a sentir que tu cuerpo es un extraño. Lo necesitas, pero le temes porque se enferma, porque sufre, porque duele, porque tiene una propia lógica que te es desconocida. Vives encerrado en una carcasa fisiológica que puede traicionarte en cualquier momento. Te gusta la promesa de la inteligencia artificial, que te permite refugiar la mente en sucedáneos electrónicos que hacen las veces de cuerpos automatizados.
Cada vez pasas más tiempo conectado a la red. Te es difícil concebir un día sin inmersiones virtuales. Pero el miedo no desaparece. Aumenta. Te estás cuidando, estás obedeciendo las reglas, estás salvando tu vida y la de otros. Pero hay un vacío que no se llena.
Cuando se caiga el sentido de la existencia virtual, cuando la tecnología incumpla su promesa de perpetua satisfacción, cuando el hechizo artificial de las pantallas se diluya, ahí estaremos nosotros para consolarte con el abrazo de la ficción teatral.
Te esperaremos para compartir contigo la ansiedad y el miedo que provoca el vacío. Nos sentaremos todos juntos a contar historias con el cuerpo. Cuerpo a cuerpo reconoceremos que no habitamos en carcasas traicioneras, sino que estamos íntimamente ligados a nuestra carne. Cuando Hamlet o Blanche Dubois hablen, su saliva no te horrorizará, te lo prometemos, porque te convertirás en ellos. Su voz será la tuya y olvidarás que su cuerpo es distinto del que te contiene. Ellos cargarán con tus miedos, con tu dolor, con tu tristeza, para que te sientas más ligero. Y compartirán un poco de la eternidad de la que ellos gozan: Están aquí, pero también en el pasado y en el futuro.
Los personajes teatrales viven, igual que nosotros, pero ellos vencerán al tiempo traicionero y nos conectarán con los seres humanos que los vieron y los verán en tiempos venideros. Regresa al teatro cuando estés listo, cuando tengas miedo de todas las verdades mentirosas con las que quieren controlar lo que dices o piensas, cuando tu cuerpo deje de hablarte porque se fastidió de que le temas, cuando se te hayan acabado las preguntas y tengas demasiadas respuestas, cuando quieras palpar el misterio de lo irrepetible, cuando quieras recuperar la intimidad que te brinda un patio de butacas a oscuras.
Bendita intimidad, bendito silencio. Nadie te preguntará lo que piensas, podrás mirar sin sentir que te miran, podrás dudar sin sentirte idiota, podrás perdonarte por no haber cumplido con las expectativas del mundo porque los personajes te demostrarán que no eres el único que ha perdido el rumbo.
Todos estamos solos como Blanche, todos estamos locos como Hamlet, todos tenemos miedo de morir y por eso nos acompañamos de cerca, porque el día en que se acaben los rituales no quedará nadie que pueda enterrarnos y recordar nuestra historia. Cada vez que contamos la historia de nuestros muertos, hay indicios del teatro; cada vez que nos contagia la risa un extraño, se anuncia el teatro; cada vez que compadecemos a alguien que llora cerca de nosotros, se asoma el teatro.
Y sobre el escenario se compendia el sabor de la experiencia compartida, aquello que nos hace humanos: la colectividad, la ritualidad y el deseo de vencer a la muerte. Querido espectador, nos veremos en ti cuando quieras verte en nosotros de nueva cuenta.
*Miembro de Snca de Fonca