Punto y Seguido

De la idiotez de lo perfecto

La única sensatez consiste en adherirse a la razón victoriosa. Quienes estén de ese lado serán sabios; quienes se coloquen en frente serán los retrógradas que deben ser eliminados.

Del apartado sobre Octavio Paz; del libro de Jesús Silva-Herzog Márquez

-La política llevará siempre las marcas fastidiosas de la fuerza, el azar y el conflicto, tercos aguafiestas de la perfección.

-La gran falla de la izquierda, su tragedia, es que una y otra vez ha olvidado su vocación original, su marca de nacimiento: la crítica. Ha vendido su herencia por el plato de lentejas de un sistema cerrado, por una ideología.

-La energía democratizadora no se deposita en algún sujeto históricamente privilegiado. No es la oposición la portadora exclusiva de la bandera democrática; no es la Sociedad Civil la madre elegida de la democracia. El problema es la ausencia de demócratas.

-La trampa mortal en que cae fatalmente el fanático que cree poseer el secreto de la historia, el libreto revelado de la historia que convierte a muchos hombres en material de desecho.

-La única sensatez consiste en adherirse a la razón victoriosa. Quienes estén de ese lado serán sabios; quienes se coloquen en frente serán los retrógradas que deben ser eliminados.

-Cuando se adopta la mecánica de la necesidad histórica, el juicio moral es un absurdo. Atila, Robespierre, Hitler, Stalin son terremotos: fuerzas naturales que tenían que irrumpir en la historia. Censurar sus crímenes es tanto como sermonear a las lechugas.

-Quien cree haber descifrado los secretos del pasado se adhiere pronto a la causa de la tiranía. La historia es “discurso en un cuchillo congelado”.

-Tan mala como la impunidad es la intolerancia. Lo que necesitamos para asegurar nuestro futuro es moderación; es decir, prudencia, la más alta de las virtudes políticas según los filósofos de la Antigüedad.

-Hay creen que mientras más descalificaciones lancen al adversario, más fuertes se hacen. Se ilusionan.

-La crítica es la batalla contra los sueños estancados: sablazo contra la telaraña de las ideologías. Hay que enemistarse con las ideologías y las borracheras que provocan.

-En política -y sus variantes-, luchar contra el mal es luchar contra nosotros mismos.

-El poder siempre es amenaza, nunca puente de redención: deberíamos quemar todas las sillas y tronos. Jamás puede bajarse la guardia frente al demonio cruel o seductor del poder.

-La pasión por la política acostumbra acabar en desdicha. La revolución ha sido la gran Diosa, la Amada eterna y la gran Puta. La política llena de humo el cerebro, envenena los insomnios, mata, abandona cuerpos en cualquier fosa, encierra en manicomios o cárceles, deshonra, pone en ridículo al poderoso o al intelectual, le da demasiado tarde la razón a quien siempre la tuvo.

-La democracia tiene sentido si cultiva realmente una sociedad de hombres autónomos, de hombres capaces de decidir su camino. Un régimen donde todas las preguntas pueden ser planteadas.

-Un conservador sabe que cada reforma tiene precio; duda que la supresión de las tradiciones nos hará más felices y desconfía de las utopías. Abomina, sobre todo, a quienes pretenden usar la maquinaria estatal para encaminarnos al paraíso. Un liberal exige que el Estado garantice nuestra libertad, no que asegure felicidad. Finalmente, un socialista rechaza enérgicamente que la desigualdad sea una condena irremediable.

-El alma, recuerden a Aristóteles, nunca piensa sin fantasmas. Hoy son fantasmas agotados. De ahí el vacío de sentido, la imaginación seca, el conformismo jactancioso. La democracia no es el ritual de las elecciones sino la viva civilización de las interrogantes, casa de puertas abiertas.

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