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Agonía y educación

La agonía se presenta también en esos seres que sufren metamorfosis y se transforman en algo muy distinto a lo que eran.

La palabra “agonía” (del griego) significa lucha o combate, y designa el tránsito de la vida a la muerte. Se dice que los moribundos, antes de expirar “se debaten”, no quieren morir; no se entienden como “desechables” y —a la vez— sí; quieren dejar de existir para acabar con el sufrimiento, pero hay algo en su ser que no lo permite. La pulsión de vida es poderosa y terca y no se deja vencer.

Una lucha similar se da en el parto. Madre e hijo/a experimentan diversas formas de agonía; más complejas en ella, pues el agudo dolor se mezcla con incertidumbre, deseo, esperanza y gozo, y a la vez, con temor (o a veces incluso, con frustración o rechazo).

La agonía se presenta también en esos seres que sufren metamorfosis y se transforman en algo muy distinto a lo que eran.

La agonía aparece —en fin— en las múltiples crisis de la existencia: cuando las/os menores aprenden a decir “no” para autoafirmarse o buscar la libertad; cuando las/os mayores pugnan por sobrevivir por lograr mejores condiciones de vida, por no perder posiciones, privilegios o placeres, por la paz, por la justicia, por impedir que el invasor destruya su territorio y esclavice a su comunidad, por resolver un problema vital, desentrañar un enigma en el campo de las ciencias o crear una obra de arte, por hacer realidad sus sueños…

La reflexión sobre el peligro de muerte (no sólo por COVID, sino por la precariedad y devastación, a que nos ha conducido el régimen), se entreteje con las metáforas del parto y la metamorfosis.

Algunos interpretan los graves dramas de hoy como ‘tránsito’ de una época o modo de producción (el capitalismo) a formas inexploradas de organización económica, política, social… Otros señalan que no estamos ante el fin del régimen, sino ante su mutación en otro monstruo aún más poderoso y más difícil de evadir, pues sabe adecuarse a las nuevas condiciones para perpetrarse, mostrando “un rostro humano”, “más amable” y hasta “cuidadoso del medio ambiente”.

La actual metamorfosis global se presenta como cataclismo, que arrasa con todo y provoca en individuos y grupos, fuertes reacciones defensivas: negación, rabia, miedo, ansiedad, impaciencia, desesperación, impotencia, intolerancia, enojo culpabilizador, frustración, decepción, apatía, evasión, insolencia, agresión…

En este contexto bélico de todos contra todos y ánimo de “sálvese quien pueda”, parecen “impertinentes” las demandas de escucha, respeto, comprensión, diálogo, cuidado de la salud, de las demás personas y del medio ambiente.

¿Qué estamos haciendo las-os educadores (a adultos-as, docentes, madres y padres de familia) ante esta situación?, ¿qué hacen las escuelas de todos los niveles, en especial a las universidades e instituciones de nivel superior?

Aquí algunas respuestas:

-Enrique Dussel: “Nos toca luchar por la descolonización del pensamiento”.

-Ramón Grosfoguel: “Transformar la universidad en pluriversidad y germinar otros mundos posibles”.

-los pueblos originarios de Nuestramérica y Boaventura de Souza Santos: “Mirar hacia el Sur, para reconocer que hay muchos modos de comprensión, de vida, de relación humana y con la Naturaleza, más inteligentes, sanos, alegres, pacíficos, solidarios, que la ‘única opción’ que impone el sistema dominante”.

-Ana Cecilia Dinerstein: “Organizar la esperanza”.

-las ecofeministas latinoamericanas: “¡Armar la revolución!”.

-Marisol Nicoletti y su equipo editorial: “Recuperar la alegría de vivir y la risa como arma de futuro”.

Nos toca AGRADECER el esfuerzo de todas aquellas personas, visibles e invisibles, que en vez de amilanarse por el enojo de los-as demás, nos abren puertas y animan a cruzarlas, en su lucha por un mundo mejor.

*Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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